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Resumen y disclaimer:

Muchas veces se pregunta cómo empezó todo.

Si su padre no se hubiese empeñado en que tuviese esa cita...si a esa cita no hubiesen obligado a ir a Harry Potter...si no se le hubiese ocurrido esa extraña idea...

También se pregunta cómo habría sido su vida si Harry Potter no hubiese visto su lista...

De todas formas, es demasiado tarde para preguntar cuando, por tonterías, has acabado teniendo una snitch lisiada llamada Eilisia Samantha.

Los personajes y contextos utilizados en este proyecto pertenecen a Joanne-voy-a-masacrar-a-medio-mundo-y-a-escribir-el-peor-epílogo-de-la-historia-Rowling.
12-Usar la expresión “¡No veas cómo mola!” en una conversación normal.

Se  había resignado.

Aguantaba la cháchara inconsistente e ininterrumpida de Potter con un aplomo difícil de igualar, desistiendo de echarle y sin llegar a pensar en su varita como solución. Si apenas era capaz de dar dos pasos, mucho menos se arriesgaría a lanzar un hechizo que podría volverse contra él.

Así que miraba con expresión vacía el techo mientras Potter seguía hablando… y hablando… y hablando…

¿Sobre qué? Ni idea. Había captado algo sobre la comadreja y el libro andante y un retazo de monólogo sobre las mil razones por las que Cho era la chica más increíble de Hogwarts. Pensó en contraatacar con una lista de las mil razones por las que Cho era la chica más rodada de Hogwarts, pero su cerebro no tenía ganas de poner el empeño suficiente.    

Su hastío no hacía si no aumentar mientras Potter saltaba de un tema a otro y su puerta no se abría dejando pasar a Pansy o a Blaise, que echarían a Potter y acabarían con su tortura.

Y su hastío dejó paso al delirio, y así lo supuso porque en un estado consciente pleno no habría pensado nunca algo así, cuando la sensación de soledad que tenía instaurada en el estómago se transformó en unas suaves nauseas que dejaron paso a la tranquilidad. Durante el proceso, Potter seguía hablando.

Que si la señora Weasley eso, que si Lupin aquello, que si Snape lo de más allá…

-Muy interesante Potter. ¿Podrías darme esa poción de ahí? Cabe la posibilidad de que me deje K.O y no tenga que escucharte más-Potter abrió la boca para replicar, pero la cerró y obedeció dejándole ligeramente sorprendido.

Se incorporó con cuidado y lentitud en la cama, apoyando la espalda contra el reposacabezas que daba con la pared, y miró el frasquito de poción con desafío antes de beberse su contenido de golpe tapándose la nariz.

La ligera esperanza de que el sabor no fuese parecido al olor se esfumó en cuanto destapó su nariz. Creyó no poder llegar a aguantar las nauseas en esa segunda y estelar aparición y al levantarse de golpe para correr al baño en caso de emergencia en su mundo brillaron lucecitas y notó como si su cerebro abandonase su cuerpo.

Adiós, Draco. Fue un placer el haberte ocupado durante dieciséis años pero es hora de hacer las maletas y partir.

Agitó los brazos casi con desesperación mientras en su estado de coma encefalográmico caía hacia atrás. El suelo… cerca… y aunque su cerebro hubiese abandonado el barco y dejado los mandos al copiloto borracho, tenía la certeza del dolor lacerante y casi que un anticipo recorriéndole la columna en forma de escalofrío.

Pero el impacto no llegó. No al menos como lo esperó.

El golpe no fue contra algo duro y sólo fue ligeramente doloroso. Casi podía jurar que había caído en blando y, de hecho, llegó a intuir que no había caído.

¡Eh, Draco! ¿Dije que me iba? Han retrasado mi vuelo. Jaja, qué cosas… fíjate…¿llego en mal momento? ¿Os dejo solos?

Su cerebro volvió y su orgullo también. Y aunque no podía moverse por el riesgo de volver a caer, no de forma demasiado brusca según había comprobado, clavó el codo en el estómago de Potter para que le soltase.

Potter le soltó despacio, dejándole en pie y en precario equilibrio y alejándose un par de pasos. Sintió cómo le observaba mientras se echaba el pelo hacía atrás y respiraba hondo intentando superar el mal trago de haber estado cerca de Potter. Cerca de Potter…

Qué asco.

-¿Estás bien?

-Claro que sí, Potter. Lo de los desmayos es algo de a diario. Cosas mías, ya sabes-Con pasos vacilantes cruzó la habitación hasta el espejo, a un lado de su cama, y se miró con una mueca de irreconocimiento.

Estaba de un color enfermizo, casi gris. El pelo le caía desordenado y apelmazado por el sudor. Tenía los labios cortados por la fiebre y los ojos rojos por la irritación. Gruñó, con esa voz ronca que le había quedado, y le vino un acceso de tos imposible de frenar.

Apenas unos segundos después de empezar a toser como un anciano enfermo, Potter ya estaba revoloteando a su alrededor con expresión preocupada. Le hizo un gesto con la mano para que se acercara y le tosió encima. Al menos con eso consiguió alejarlo y hacer un intento de guerra biológica.

Sus toses se aplacaron y terminaron con un sonoro estornudo que casi le tumbó. Sin quererlo él un gemidito hastiado escapó de su garganta.

-Malfoy… ¿eso también es parte de tu vida cotidiana?-La poción se le subía poco a poco a la cabeza, dándole sueño y la sensación de ser etéreo y ligero. La garganta le escocía de forma insoportable, dolía.

-Sí… y no veas cómo mola, Potter…-Él mismo se arrancó a reír de forma ligeramente demencial al procesar lo que había dicho después de haberlo hecho. Era tan absurdo… una expresión tan asquerosa…

Demasiado mareado a causa de la poción extendió un brazo en dirección Potter de mala gana. No aceptaba su ayuda por gusto, si no por necesidad. Ni siquiera era capaz de ver lo que tenía delante y la poción empezaba a hacerle desvariar, llevar su línea de pensamiento por lugares que no debería tocar.

Pasos vacilantes agarrándose del brazo de Potter. Lucius y su forma casi cruel de educarle.

Una rodilla sobre el colchón, luego la otra y el brazo de Potter ayudándole a tumbarse. Narcissa y su pasividad ante Lucius.

Su cabeza tocando la almohada, Potter apartándole el pelo de la frente como si fuese su madre. Soledad, odio, rechazo, interés, orgullo, altivez, arrogancia, narcisismo, odio…

Sus ojos cerrándose, una de sus manos alzándose trémula hacia Potter para no quedarse solo. Vacío.

Y de pronto, se sentía como si volviese a ser un niño pequeño.

No estaba preparado para ver eso, para ver la necesidad de Malfoy. Harry no estaba preparado para verlo tan débil, tan necesitado, tan… cansado. Era como si la enfermedad de Malfoy fuese fruto del hastío en lugar de las bacterias o los virus. Malfoy se retorcía, gemía de dolor, tosía, estornudaba, pataleaba y llamaba a Narcissa. Y a veces lo hacía todo a la vez.

Los profesores le amonestarían. A Malfoy no. Malfoy estaba enfermo. Pero él estaba ahí, mirándole como una madre mira a su hijo cuando tiene la gripe, y ni siquiera sabía por qué. Porque era noble, porque no soportaba el dolor de la gente, porque incluso Malfoy era importante.

Por nada, en realidad.

Se había colado esa mañana cuando salían unos cuantos niños de primero, llevando encima su inseparable capa de invisibilidad. Nadie le había visto ni sospechado de su entrada y una vez dentro de la habitación a la que Malfoy ya le enseñó cómo llegar cuando tuvo que cumplir ese reto había dejado la capa sobre el escritorio de Malfoy.

Si parloteaba sin parar era para entretenerlo, hacer que se centrase en cualquier cosa que no fuese el estar enfermo.

Y en ese momento no había nada que pudiese hacer, nada con lo que ayudar a Malfoy y que dejase de lamentarse en sueños.

Suspiró. Ron y Hermione estarían buscándole. Pensó en salir a buscarles y dejar que Malfoy se curase solito pero esa parte suya que no podía dejar a nadie en peligro le hizo quedarse pegado a la silla. No sabía qué hora era y en las mazmorras no había forma de saber si era de noche o era de día.

Estaba algo cansado. Cansado y preocupado.

Cuando iba a levantarse para dejar de mirar a Malfoy… sufriendo… éste dejó de moverse. Alzó un brazo, no de forma trémula como después de ayudarle a llegar a la cama, si no con fuerza. Una mano se cerró en torno a su brazo y los ojos de Malfoy se entreabrieron. Brillaban, como si quisiese llorar pero no pudiera.

-No voy a darte las gracias, Potter-Al principio, creyó que Potter se había asustado. Él mismo tenía miedo. Había recordado muchas cosas, episodios en los que hacía años que no pensaba. Y esa sensación de dolorosa soledad le sacudió tan fuerte que le desesperó.

No dejaría de ser Draco Lucius Malfoy por eso, claro. Su carácter era así… NACIÓ así. Altivo, orgulloso, arrogante, narcisista, ególatra, incisivo, cruel… pero en el fondo, muy en el fondo, debajo de todo eso se ocultaba una inseguridad que en su estado de enfermedad y delirio rugía.

-Como si las estuviese esperando.

Cerró los ojos casi con dolor. Le escocían. La garganta también. Y la cabeza le latía, como si le diesen martillazos rítmicos.

Tuxtax, tuxtax, tuxtax…

Sin cesar.

-Puedes largarte. Estoy mejor.

-No estás mejor.

-Como sea, Potter. No quiero tu compasión-Soltó a Potter, no recordaba haberle agarrado, y se hundió contra la almohada con un nuevo suspiro de resignación.

Había vuelto al principio.

A la resignación.

-No es compasión, me preocupas. No sé por qué, tú sabes lo mucho que te odio, pero me preocupas.

-Muy amable por tu parte tanta sinceridad…-Tosió, con menos intensidad, y abrió los ojos mirando a Potter entre una extraña niebla acuosa.

En toda su vida, dieciséis años de vivir bien y a gusto y de hacer lo que quería, nadie nunca se había preocupado hasta ese punto por él.

Qué conmovedor…

-Como sea, Potter, como sea…-Repitió, aunque Potter no había dicho nada, y se dejó llevar por un sueño inquieto pero más tranquilo que el anterior.

11-Tatuarse a Hagrid.

11-Tatuarse a Hagrid.

Despertó tarde, demasiado tarde, y la cabeza le daba vueltas con la pesadez del sueño no acostumbrado. Los ojos le escocían y tenía la sensación de que alguien se había sentado sobre él y le aplastaba contra el colchón.

Draco se sentía definitivamente enfermo, en un estado que distaba mucho de ser el óptimo para acudir a clase pero con el tozudo convencimiento de no arrastrarse hasta la enfermería y quedarse ahí intentando dormir hasta encontrarse mejor.

Las horas pasaban y él se mantenía en un nervioso duermevela, medio afiebrado y medio mareado, revolviéndose y peleándose con las sábanas. Irritado y molesto acabó por sentarse, ganándose un fuerte mareo que le devolvió de golpe al colchón.

-Por Salazar… menudo año…-Suspiró con cansancio y se aplastó contra el colchón con algo parecido a la resignación, pensando en esa luna que le acompañó en su reflexión la noche anterior. Pensando en el imbécil de Potter con su manía de interrumpirlo todo.

Y cómo odiaba a Potter… ni en esos momentos de precaria semi-amistad dejaba de odiarle. Era irritante, noble a la infinita potencia, pesado, demasiado solidario, molesto, generoso… y escalofriantemente Slytherin, todo a la vez. Exceptuando ese último factor, odiaba a Potter con todas sus fuerzas.

La puerta se abrió y por ella entró una preocupada Pansy, mirándole como si tuviese miedo de que fuese a desaparecer.

-¿Estás bien, Draco?

-Claro que sí, Pansy. Si no estoy bailando es sólo por mi falta de habilidad…-Su voz le sonó algo ronca, enfermiza. Seguramente no tendría muy buen color de cara…

-Eres un amor, Draco-La chica chasqueó la lengua y dejó de mala manera y con un golpe seco un montón de pergamino sobre su escritorio para desaparecer después, volviendo segundos más tarde asomando apenas la cabeza por la puerta-Potter me ha preguntado por ti ¿sabes? Creo que se le está esponjificando el cerebro.

Rió sin la más mínima pizca de humor y la garganta le escoció. Se abstuvo de toser manteniendo una expresión ligeramente parecida a la de un mero que Pansy se tomó como un “Lárgate si no quieres morir”.

De nuevo solo, se tomó la libertad de intentar volverse a levantar. Despacio, para no volverse a marear, puso un pie en el suelo y luego otro. Se puso en pie y con pasos cortos avanzó hasta el espejo y apoyó un brazo en la pared.

-Por Merlín…-Se inspeccionó cuidadosamente y no le gustó lo que vio. Tenía un aspecto alarmantemente enfermizo. Empezaba a plantearse el hacer una visita a la enfermería. A planteárselo seriamente.

Con lentitud y casi cayéndose más de una vez, consiguió vestirse y adecentarse medianamente. Se sentía demasiado enfermo como para preocuparse por su aspecto físico. Eso era muy raro en él, tan raro que volvió sobre sus pasos cuando llegó a la puerta y se adecentó frente al espejo.

Intentó andar con su paso elegante y altivo, con la barbilla bien alta y actitud desafiante… pero no funcionaba demasiado bien. Más que Draco Malfoy parecía un pato intentando desfilar.

Llegó a la enfermería y creyó que Madame Pomfrey iba a echarle. La enfermera le miró con asco en todo momento, condicionada por la opinión que tenía sobre él. Francamente, no le culpaba.

Pese a su hostilidad, le recomendó guardar cama y le entregó una poción de no muy agradable aspecto que tenía toda la pinta de tener un sabor entre pescado podrido y cadáver en avanzado estado de descomposición.

Por supuesto, la mujer le negó el derecho a usar las camas de la enfermería alegando que alumnos más enfermos que él las necesitaban.

Así que, sin nada más que hacer allí, salió de la enfermería y se dirigió a las mazmorras.

Negociando con el guardián de la puerta de la sala común se encontraba el siempre irritante Harry Potter.

Decidió empujarle, de una forma tan débil que resultó incluso patética, y susurró la contraseña con voz trémula. Potter no se tomó demasiado bien que le ignorara y tiró de la manga de su túnica casi haciéndole caer.

-¿Estás bien, Malfoy?

-Ya ves que sí-Una tos se le escapó y la mueca preocupada de Potter le irritó moderadamente más-Vamos, Potter, sólo estoy resfriado. Ahora, ahórrame la humillación de que me veas moquear y déjame entrar a descansar.

Pero Potter no se movió. Debía de ser o muy imbécil o muy cabezón para no moverse de ahí cuando las nubes amenazaban con estornudos acompañados de desagradable mucosidad.

-¿Esperas que me tatúe a Hagrid para irte o algo así?-Estaba demasiado cansado y su mente estaba demasiado nublada como para pensar con claridad. Sacó la varita con torpeza, se remangó la túnica y se apuntó al brazo-Marka-Una imagen de Hagrid sonriente se formó en su brazo.

-Malfoy…

-¿Me dejas ya en paz o me tatúo a McGonagall también?-Potter abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir y se apartó sin decir nada-Bravo, Harry-soy-mentalmente-divergente-Potter ha comprendido una orden sencilla…

Refunfuñando y con la cabeza latiendo exterminó la sonriente efigie de Hagrid con un débil “eliminare” y cruzó la sala sin pararse a saludar o insultar. Su habitación nunca le pareció tan lejana y el llegar a ella le resultó una pequeña victoria personal.

No se cambió, sólo se dejó caer sobre el colchón y se arrebujó con las mantas teniendo de golpe mucho frío.

***

Estaba shockeado. Además de preocupado e inquieto. Ese chico era sólo parte del arrogante Malfoy que él conocía, apenas una pequeña porción que sobrevivía a la enfermedad.

Sintió la urgente necesidad de entrar en la sala común y observarle hasta que estuviese algo mejor. Odiaba su nobleza. Muchas veces le hacía ser más irracional de lo normal.

No se durmió hasta muchas horas después. Habiendo dado muchas vueltas y habiendo mordido mucho la almohada para contener accesos de tos. No se percató de cuándo ocurrió, pero al volver a abrir los ojos ya era otro día.

Tampoco pretendía levantarse ese día.

-Malfoy-Ignoró la voz, achacando su presencia a la fiebre-Malfoy-También achacó a la fiebre el zarandeo-¡Malfoy!

Gimió, como un niño que se niega a levantarse temprano, y se subió la manta hasta la cabeza.

-Maldita sea, Malfoy, me he infiltrado para devolverte el favor de pociones y no eres capaz ni de mirarme.

Volvió a cometer la imprudente acción de erguirse de golpe y antes del destello de luz precedente al mareo que le tumbó distinguió unas gafas gigantescas, unos ojos verdes y un montón de pelo negro.

-Maldita sea…

Estaba claro.

Si algo iba mal, siempre podía ir peor.

10-Usar la magia para ayudar a alguien.

10-Usar la magia para ayudar a alguien.

A Harry esa mirada decidida pero mortalmente fría no se le fue de la cabeza en toda la semana. Era como si Malfoy hubiese tenido una gran revelación y en cierto modo se sentía importante de ser, al menos, una infinitesimal parte de ella.

No podía concentrarse en la poción. Snape le lanzaba peligrosas miradas de odio que le desconcentraban aún más y Hermione no dejaba de darle instrucciones que no entendía.

Estaba tan sumamente aturdido que no se percató del peligro en el que se estaba convirtiendo su caldero.

Un olor desagradable, demasiado desagradable, le llegó a las fosas nasales y oteó el aula en busca del origen. Sus ojos grises pararon en cada caldero humeante, observaron con interés cada alumno y se fijaron en los detalles de cada burbujear hasta que dieron con  algo que se salía de lo normal.

El caldero de Potter estaba a punto de explotar. Se hubiese mofado si pareciese ir a ser una explosión pequeña o si no hubiese entrado en ese estúpido juego con Potter, pero lo que había removiéndose en ese caldero parecía muy peligroso.

Y entonces todo pasó muy rápido. La sustancia empezó a corroer el metal y a avanzar hacia Potter en una especie de geiser improvisado a la vez que su varita llegó a su mano y apuntó el caldero.

-¡Fregotego!- El peligroso material corrosivo desapareció y la clase se quedó en un silencio tenso. Potter le miró con los ojos cómicamente abiertos y balbuceando algo que desde su posición en la clase no podía oír.

-Señor Malfoy, cincuenta puntos para Slytherin por su rápida reacción. Señor Potter, veinte puntos menos para Gryffindor por su intento de suicidio en público. Sigamos con la clase.

Miró su propia mano, con la varita aún en ella, con horror. ¿Había salvado a Potter? ¿Él? ¿Draco Lucius Malfoy?

Su piel pálida palideció aún más y en su rostro se formó una mueca de desconcierto que duró apenas unos segundos, justo hasta que recuperó su expresión altiva. Había sido instinto, supuso. Su cuerpo reaccionó de forma automática al ver a Potter en peligro.

Lo que no entendía era por qué si lo que a él más le divertía era precisamente ver a Potter en peligro.

Las clases de ese día las pasó en una intensa reflexión. Apenas oía lo que decían los profesores. Y no comió, preocupado por su salud mental. Era algo demasiado raro el haber sentido esa urgencia ante el peligro ajeno.

No estaba acostumbrado a preocuparse por nadie que no fuera él, esa era otra de las muchas razones por las que le extrañaba el haber salvado a Potter de esa poción mal hecha. Molesto, demasiado molesto, se levantó y en su huida hacia los terrenos acabó chocando muy poco elegantemente contra algo o alguien.

Iba a pasar de largo, sin molestarse en disculparse, cuando la voz de ese alguien llamándole le detuvo.

-Eh, Malfoy, gracias por lo de pociones-Se giró lentamente hasta encarar a Potter y meditó su respuesta unos segundos. Algunos alumnos, testigos de su acto de bondad, pasaban a su lado mirándole con curiosidad.

-No fue nada-Se mordió la lengua para no empezar con las hostilidades.

-Supongo que no querías que esa poción hiciese tu trabajo-Sonrió con acidez, de forma casi cruel.

-Supones bien, Potter-Sin saber por qué, un escalofrío recorrió su columna ante la sonrisa de Malfoy y la asoció a esa mirada, esa tan decidida y atípica en un chico con las características del increíble hurón botador.

-¡Harry!-Miró sobre el hombro de Potter, distinguiendo una brillante y danzarina cabellera oscura y unos rasgos orientales y dulces. Con que la señorita Chang estaba de visita…

-Chang-La chica le dedicó una clara mirada de asco y le dio la espalda, ignorándole. Odiaba que le ignoraran-Tu educación deja bastante que desear, Chang.

Se negó a moverse de ahí mientras Chang intentaba quién sabía qué con un Potter rojo cuan tomate y balbuceante. Se habría reído de no ser por el hecho de que Chang no podía oírle reír. No era una de las privilegiadas.

-Claro, Cho. Esta tarde. Nos vemos-Chang se alejó con una brillante sonrisa y ahí se quedó él, mirando al atontado Potter.

-Hola, Potter. Soy tu cerebro. Siento haberme ido sin avisar, pero podrías dejarme volver a entrar.

-Muy gracioso, Malfoy.

-Sí-Se cruzó de brazos, desafiante. Pero Potter no inició el conflicto y simplemente se dio la vuelta y se fue.

Al cabo de unos segundos, él hizo lo mismo.

***

Mirando la luna, la luna rolliza y amable, la luna… el único rostro capaz de sonreírle, la luna, esa luna brillante y enorme sobre esa ínfima porción frente al lago que él ocupaba.

La luna… y él.

Tan lleno de tantas cosas que nadie podía ver, tan retorcido, tan cruel, tan egocéntrico, tan orgulloso, tan egoísta… tan crudamente humano y vulnerable pese a todo.

Hacía tiempo que estaba violando el toque de queda pero le daba bastante igual.

Sólo quería estar solo, mirando esa luna que a cambio de su silenciosa admiración le hacía brillar con algo siniestro y fantasmal, refulgiendo los mechones rubios y destellando los ojos grises bajo ella.

-Hola-Miró a un lado y a otro, pero no vio nada-Soy Harry. Llevo la capa.

-Encantado de conversar con su intangible majestad-Masculló, molesto por la interrupción pero a la vez agradablemente sorprendido de que alguien se le acercase porque sí.

Notó calor a un lado de su cuerpo y miró en esa dirección, suponiendo que Potter se había sentado.

-¿Qué haces aquí, Malfoy?

-Podría preguntarte lo mismo-Retornó a su silencioso y perplejo admirar de la luna, reflexivo.

Empezaba a tener sueño y su mente no daba para más. Había demasiado cansancio acumulado, demasiada tensión, así que se puso en pie no demasiado seguro de si Potter seguiría ahí y se adentró en el castillo, avanzando con sigilo a través de los oscuros pasillos del Hogwarts nocturno.

Harry seguía ahí sentado, mirando la luna con tanta fijeza como la de Malfoy segundos antes.

Su compañía amistosa y moderadamente pacífica empezaba a resultarle buena. Casi consideraba a Malfoy como un amigo.

Eso era inmensamente raro pero no podía evitar pensar que Malfoy y él no eran tan diferentes.

Harry James Potter sonrió a la luna.

Esa luna rolliza y amable, esa luna brillante y enorme sobre esa ínfima porción frente al lago que él ocupaba.

Ahí estaban, la luna y él… él y la luna…

Y la hierba sobre la que antes estaba Malfoy aún emitiendo un arrullante calor.
9-Decirle a Dumbledore que la túnica le hace el culo gordo.

Tal y como habían previsto, al día siguiente no había ni rastro de sus coloridos problemas. Su pelo estaba perfecto, con el color y el aspecto de siempre. Pero sí que se planteó el tema de la gomina… y al final había decidido abandonarla cuan amante desagradecida en un rincón.

En lo que respectaba el resto de cosas que le preocupaban, presidía la lista el nuevo castigo de Potter. Decirle a Dumbledore que su túnica le hacía el culo gordo era algo ciertamente delicado. Tal vez tendría que explicarle el por qué se lo había dicho y entonces… San Potter sería enaltecido como héroe indiscutible y él apaleado por intentar atentar contra su integridad.

Demasiado complicado para estar pensándolo en el desayuno con un montón de lechuzas volando a su alrededor y armando jaleo. Tal vez… sí, podría ampararse en ese jaleo…

-¡A DUMBLEDORE ESA TÚNICA LE HACE EL CULO GORDO!-Cientos de cabezas giraron en su dirección justo en el momento en que las lechuzas salieron del gran comedor, éste quedó en silencio y él gritó. Todo a la vez.

Se mantuvo estoico y arrogante, con la cabeza alta y ni rastro de rubor en las mejillas, sólo mirando algo de reojo a Potter. Juró que le rompería la cara en cuanto tuviera oportunidad. O mejor, le humillaría de la peor forma en cuanto su pie se moviera por las rocas.

-Señor Malfoy ¿querría subir a mi despacho después del desayuno?

-Por supuesto, director-Ni una palabra más. Había metido la pata hasta el fondo y la sacaría costase lo que costase.

El desayuno se le pasó más rápido de lo conveniente y una vez dentro del despacho del director, tras pronunciar la contraseña recitada por McGonagall de mala manera en su oído, se quedó mirándolo todo con fascinación. Llegó a pensar en esos momentos ociosos que la profesora le mordería.

-Tome asiento. ¿Un caramelo de limón?-Se sentó con elegante dejadez y miró al director fijamente pero de forma vacía, sin expresión.

-No, gracias.

-Señor Malfoy… por un enfado se empieza una pelea y por orgullo no se termina. ¿Me sigue?

-No exactamente-Frunció el ceño con cierto recelo, preguntándose si Dumbledore ya estaba empezando a chochear. Se removió en el asiento algo incómodo.

-Oh, señor Malfoy… no es tan difícil ver lo que hacen el señor Potter y usted. Y no quiero decir que no lo hagan, no me malinterprete… sólo quiero que se plantee por qué sigue con ese juego.

-Porque Potter no puede hacerme ceder-El anciano le miró con sus intensos ojos azules ocultos tras los cristales de media luna de forma perspicaz y astuta y luego sonrió como si no le diera importancia y se levantó.

-Entiendo… puede irse, señor Malfoy.

-¿No va a castigarme?

-Bastante castigo tendrá aguantando a sus compañeros, señor Malfoy. Váyase-Sumiso, se levantó y salió del despacho del director con la extraña sensación de que ese hombre podía ver a través de la gente, leer la mente o algo por el estilo.

Lo que menos esperaba al bajar era encontrarse con Potter apoyado en la pared como si estuviese esperándole.

-¿Cómo ha ido?

-Como si te importara, Potter…-Iba a pasar de largo cuando le oyó reír y su enfado pudo con sus ganas de llegar a clases y olvidarse de que esa mañana las lechuzas habían confabulado en su contra-¿Qué es tan gracioso? Y qué haces fuera de clase, si se puede saber…

-Lo gracioso es que me dirijas la palabra después de lo de esta mañana… y estoy fuera porque Snape me ha pillado preguntándole algo a Hermione y me ha echado. Así que, con una hora entera libre, no tenía muchos sitios a los que ir…

-Para tu desgracia y mi regocijo, Dumbledore no me ha castigado-Interrumpió, apoyándose también en la pared con pose desenfadada pero calculada al milímetro por si alguien pasaba por allí y tuviese el honor, el gran honor, de poder verlo.

-Yo tampoco elegí ser lo que soy, Malfoy-Miró a Potter con una ceja enarcada.

-Tus cambios de tema me pueden, Potter. Además, yo no te he preguntado por tus estúpidas ambiciones-Y Potter hizo oídos sordos y siguió con su melodramático soliloquio.

-Era un niño más bien odiado, marginado y estúpido y de pronto… soy el gran Harry Potter, el niño que vivió, y tengo que vencer a Voldemort…-Rindiéndose en su idea de que desistiese de contarle su vida, miró al frente y asintió.

-De cero a héroe ¿no, Potter?-Suspiró y dejó resbalar la espalda por la pared hasta que quedó sentado y su cabeza tocó la fría roca. Potter le imitó segundos después.

-Y luego apareciste tú para hacerme la vida aún más imposible…

-Un momento, Potter…-Bufó, molesto por tener que ser siempre el malo de la película. Si bien se divertía molestando a Harry-soy-un-santo-Potter, tampoco es que lo hiciese enteramente por hobby. Lucius no quería obstáculos en su vida y Potter era uno-Que yo recuerde, Potter, tú rechazaste mi amistad por no sé qué tontería de la comadreja.

-Si te metes con mis amigos, Malfoy, estás muerto-El tono amablemente frío le erizó el vello de la nuca y decidió dejar el tema de la comadreja y el libro andante para otro momento. Por mucho que intentase acostumbrarse, le resultaba muy raro hablar de forma relajada con Potter. El no estar a la defensiva le hacía sentirse más incómodo que estarlo.

Unas voces entonando “Harry” a coro se dejaron oír desde una esquina y al poco tiempo aparecieron la comadreja, Granger, la minicomadreja y Lovegood. La última le sonrió y saludó con la mano mientras que los demás sólo le ignoraron.

-Ya va a empezar la próxima clase-Hermione tiró de él y le obligó a ponerse de pie y a seguir al séquito. Miró de reojo a Malfoy antes de doblar la esquina. Se sentía un poco culpable por dejarle ahí solo después de haber insistido en hablar sobre sí mismo. Al fin y al cabo, no era muy dado a preocuparse más por él que por el resto…

-¿Pasa algo, Harry?-Miro a Ron y sonrió, negando con la cabeza.

-No, no es nada-Por dentro, Harry aún se sentía culpable.

***

Cuando se quedó solo se levantó y se fue intentando alejar de su cabeza el hecho de que empezaba llevarse bien con Potter. La mera idea le causaba escalofríos. San Potter y él sin gritarse, sin amenazarse, sin pelearse… era algo que era incapaz de ver con positividad. Más bien todo lo contrario.

Para él, llevarse bien con Potter, era una catástrofe. Quería decir que todo iba mal en el mundo mágico y que iban a salir volando por los aires en cualquier momento.

Tuvo la suerte de pasar desapercibido ese día y las burlas fueron escasas. El que fueran pocas no quitaba que cada vez que alguien hacía algún comentario se sintiese con menos fuerza.

Para la hora de la cena, cuando entró al gran comedor, tenía una asfixiante sensación de desamparo. Necesitaba a alguien para desahogarse y no pensaba en Pansy o Blaise como solución. Aún menos en Crabbe o Goyle. Según él, eran todo interés y no le escucharían de verdad.

En cuanto pisó el gran comedor se empezaron a oír cuchicheos y risillas y cuando se sentó oyó incluso algún que otro “A ti si que te hace gordo el culo” y un par de “Al menos Dumbledore no es un traidor”.

No sabía exactamente cómo actuar. Nunca se había visto en esa situación pero se apoyó en su orgullo y en su ego para que sus hombros no cayeran y su barbilla no bajase.

Una pelotita de papel le golpeó la cabeza y estuvo a punto de vociferar como un poseso antes de conseguir retomar su autocontrol y conformarse con mirar el papel con odio profundo y visceral. Entonces vio que había algo escrito y lo abrió para leerlo.

“¿Estás bien? Está pálido. Más de lo normal. Es decir, pareces primo de Nick casi Decapitado. Podría reírme todo lo que quisiera, Malfoy, pero me siento como un monstruo.

HP”


HP no podía que ser otro que Harry Potter, así que alzó la cabeza hacia la mesa de Gryffindor, le buscó con la mirada, esperó a que le mirase y se encogió de hombros en respuesta a esa nota indiscreta que había volado hasta él -con un wingardium leviossa, supuso- y le golpeó la testa con alevosía y maldad.

Potter no parecía demasiado convencido.

Arrugó la nota, la dejó en la mesa y se levantó como tenía por costumbre esos últimos días, yéndose directo a las mazmorras con la intención de entrar en su sala común.

Una mano sobre su brazo le retuvo y unos ojos verdes le acosaron detrás de unas gafas horribles con una mirada llena de pena y compasión.

-¡Por Merlín, Potter, no necesito que te preocupes por mí! ¿No te enseñaron eso tus padres? Oh, olvidé que no tuvieron ocasión-A Potter pareció dolerle, pero aguantó el golpe.

-Achacaré eso a tu estado y no lo tendré en cuenta, pero de verdad que me preocupas, Malfoy.

-¿¡Qué estado!? ¡¿De qué demonios hablas, Potter?! ¡POR SALAZAR! No soy ninguna doncella en apuros que necesite la ayuda de un héroe montado en un corcel, déjame en paz-Estaba perdiendo el control, levantando la voz y temblando de ira mal contenida. Draco Lucius Malfoy no era una víctima. Las víctimas eran de Draco Lucius Malfoy.

En ningún momento consiguió zafarse de la mano de Potter apretando su brazo, su muñeca en concreto, ni librarse de la profunda mirada compasiva. Eso le enfurecía, le agobiaba y le hacía sentirse acorralado.

-Está en mi naturaleza preocuparme por la gente, Malfoy. ¿Quieres dejar el juego? Lo dejaremos. Ya eres horrible de por sí, de color gris eres mucho peor.

-Perdona Potter, pero horrible lo serás tú con tus estúpidas gafas de culo de vaso y tu estúpido pelo de mendigo.

-Estoy hablando en serio, Malfoy-Cerró la boca y afiló la mirada. Potter iba en serio… púes él también.

-No lo dejaré por muy mal que esté. Mi orgullo está en juego-Potter suspiró como si eso fuese algo más que obvio y él cada vez estaba más y más abajo. ¿No podía dejarle? Necesitaba estar solo consigo mismo y a la vez lamentarse de su soledad. No soportaba que Potter le tuviese lástima, que se preocupase por él. Implicaba sentimientos humanos referentes a otra persona y él no tenía nociones sobre eso. Al menos, no sabía de nada que no implicase odio o interés.

Harry no podía dejar de lado ese instinto suyo de ayudar a cualquier persona en cualquier situación. Aunque fuese Draco Malfoy. No le gustaba ver a la gente de su entorno sufriendo y era más que obvio que Malfoy lo estaba haciendo… y esos días al parecer estaban incluso hablando como seres humanos con lo que había pasado a formar parte de su entorno.

Además, la angustia tras la pose orgullosa y la ira era más que visible a través del plateado. Esas cosas no se le podían ocultar.

-Malfoy…¿es todo por tu reputación y todas esas tonterías clasistas?-Y el orgullo hecho persona, la altivez encarnada, pareció ceder y con cautela soltó su brazo y esperó a que dijera algo.

Estuvo bastante tiempo en silencio, pensando. ¿Por qué se preocupaba de lo que pensasen los demás? Por Lucius. ¿Qué había sido hasta entonces? Un Lucius pequeñito. ¿Qué quería ser?…

Y en ese momento fue en el que Draco llegó a la conclusión de que no quería ser Lucius.

Llegó a la conclusión de que Draco Lucius Malfoy quería ser Draco Lucius Malfoy.

Así que sonrió y miró a Potter con arrogante desplante y desafío.

-Francamente, Potter… me importa una mierda mi reputación.

8-Llevar mechas rosas.

8-Llevar mechas rosas.

Su organismo se despertó bastante antes que él y se vistió en un estado semi-zombie en el que todo se veía entre una agradable pero paradójicamente molesta neblina. En su consciencia inconsciente, Draco no se fijaba demasiado en nada hasta que se paró frente al espejo y la imagen que la reflectante superficie le devolviese terminase de despertarle con un efecto de shock profundo.

Al principio, no reaccionaba. Llegó a reírse pensando que seguía dormido y que eso no era más que un sueño pero los trazos rosáceos seguían estando ahí, mancillando su perfección.

En su pelo, aún despeinado, se adivinaban una cantidad respetable de mechas de color intensamente rosa.

Decidiendo que no era el día idóneo para preocuparse por la gomina y su estado capilar, salió de su cuarto dando un portazo e irrumpió en el gran comedor buscando de inmediato a Potter con la mirada.

Localizado justo en el centro derecho de la mesa de Gryffindor, se aproximó con paso furibundo y descontrolado y le tiró de la túnica para obligarle a levantarse.

-¡ARREGLA ESTO SI NO QUIERES QUE TE MATE AQUÍ MISMO!-Los ojos de Potter se abrieron al máximo y su mandíbula colgó con sorpresa.

-¿De qué hablas, Malfoy?

-De lo divertido que debe resultarte estropear mi pelo, Potter-Fue entonces cuando Potter le miró el pelo y pudo ser testigo de su esfuerzo por no empezar a reír como un hombre demente. Todas las reacciones de Potter le indicaban que no tenía ni idea de lo que había pasado, pero él se resistía a creer que había sido algo accidental.

-Debió ser una de las pociones de anoche. Mira-Potter se soltó del agarre y alzó las manos, completamente azules-¿Ves?

Observó sus propias manos, del color habitual, y decidió recordar todo lo hecho la noche anterior. Se paró en el momento en que se pasó las manos por la cabeza y en el momento en que se lavó las manos antes de acostarse.

-Es posible que tengas razón…-Aceptó, con cierto recelo y sospechando aún de Potter, aliviado de no ser el único con alguna anomalía cromática ese día. De hecho, empezando a asimilarlo todo, las manos azules de Potter le resultaban peores que sus mechas rosas.

-Al menos no llevas ese estúpido armazón de gomina tuyo…

-Un respeto, Potter. No eres ningún referente estético… mucho menos en lo que al pelo se refiere…-La comadreja y el libro andante empezaban a lanzarle miradas amenazantes y él no sería menos. Con un orgullo del tamaño de Nueva York, era difícil hacerle desistir.

Potter parecía ponerse más tenso cuanto más se afilaba su mirada mientras desafiaba a sus estúpidos amigos con ella. Eso hasta que la comadreja y el libro andante empezaron a reírse e hicieron trizas su estoica mirada de odio.

-Un placer hablar con vosotros…-Masculló, dándose la vuelta y dirigiéndose a su mesa fingiendo que era un día normal y que su pelo no era rosa. Verdaderamente lo intentaba, actuar como si no pasase nada y que el resto simplemente le ignorase o le odiase o le idolatrase o lo que quisiera que hiciesen.

No funcionó demasiado bien y a cada paso suyo se oían risas y más risas, incluso desde su mesa. No fue capaz de soportarlo más, su ego se hundía y hundía con cada carcajada y disimuladamente huyó a los terrenos y se escondió en las cercanías del Bosque Prohibido.

Con las rodillas pegadas al pecho, observaba sus pies como si fuesen de gran interés sintiendo por primera vez lo que las víctimas de sus burlas debían sentir. Esa humillación, ese desasosiego, ese nudo en la garganta, esa sensación de malestar… incluso una ligera angustia. Cada día se sentía más cansado mentalmente y el curso no había hecho más que empezar.

Hasta la fecha, había sido el peor curso de todos los vividos en Hogwarts.

-¿Mueves tu asqueroso culo de serpiente unos centímetros a la izquierda?-No necesitó levantar la mirada para saber que era Potter, precisamente la persona que más ganas tenía de ver…

-¿Por qué tendría que hacerlo?

-Porque tengo las manos azules y las reacciones de la gente no han sido muy distintas de las que han tenido contigo.

-Yo creía que siendo el pequeño héroe te respetarían.

-Púes no lo han hecho-Suspiró y se hizo a un lado con desgana, sin mirar a Potter y evitando recordar que parte de su pelo era de color rosa chillón. El silencio era la única conversación necesaria cuando odiabas a tu interlocutor y por fortuna Potter también lo sabía y no decía nada.

El que le amonestasen por no asistir a clase era una de esas cosas que no le importaban demasiado. Al fin y al cabo, era hijo de Lucius Malfoy y todos los profesores, por mucho que dijeran, tenían su precio.

-Ron y Hermione están paranoicos-Alzó un poco la mirada, sin llegar a mirar a Potter del todo.

-¿Crees que me importa? De todas formas se veía venir… ¿tú y yo sin matarnos? Acéptalo, Potter, es muy raro.

-Creo que ese juego podría considerarse una forma aún más cruel de pelearnos…-Se encogió de hombros y estiró las piernas, apoyando la espalda en la pared de la pequeña gruta con un suspiro.

-Estoy cansado Potter. No quiero ser como Lucius dice-Ni siquiera él mismo supo por qué confiaba en Potter, pero se veía demasiado noble como para traicionar a alguien, incluso a él. Y verdaderamente necesitaba desahogarse de alguna manera, dejar de guardarse eso.

-Púes no lo seas.

-Como si fuera tan sencillo-Se revolvió el rosáceo y no demasiado peinado pelo platinado y miró el cielo claro. Definitivamente Potter nunca entendería nada por muy noble que fuera. Estaba programado para ser como Lucius quería, no tenía ningún otro objetivo en la vida. No había llegado siquiera a plantearse elegir una profesión dado el que tuviese asegurado el dinero de por vida.

Pero, al pensarlo entonces, la idea de ser inefable le resultó demasiado tentadora.

Observaba a Malfoy preguntándose qué podía pasar por ese cerebro cruel e irascible. En cierto modo, le daba miedo lo que ese chico pudiese pensar. Siempre había sido demasiado Slytherin como para pensar algo bueno…

Se asustó bastante cuando Malfoy sonrió de forma cómplice como para sí mismo. Tal vez había terminado por volverse loco con todo eso de los castigos y las humillaciones… y lo del pelo había sido la gota que había colmado el vaso.

Aunque el susto se pasó cuando la ira se calmó un poco dentro del fulgente gris. Era posible que empezase a pensar en Malfoy como un ser humano propiamente dicho y no como un simple enemigo. Podía ser que su idea hubiese sido verdaderamente buena… y eso era bastante excepcional.

-Sabes que la has liado con tu número del gran comedor.

-Sí, lo sé-Bufó. ¿No podía callarse Potter en esos momentos de reflexión?-¿Qué será ahora?

-Pensaba en hacerle algún tipo de comentario a Dumbledore sobre el efecto de su túnica en su trasero…-Negó con la cabeza.

-Ni se te ocurra. ¿Estás loco? Sabes que no lo dejaré, pero tampoco quiero que me expulsen.

-En ese caso…-No aguantó ni diez segundos.

-¡Está bien! Lo haré. Pero no hoy. Hoy tengo bastante con mi pelo rosa.

-La verdad es que parece un chicle…-Gruñó, casi empezando a tirarse de los pelos por las tonterías que podía soltar Potter por minuto.

-¿Y Weasley y Granger? ¿No te estarán buscando como locos?

-Supongo que sí… pero su paranoia me empieza a cansar y yo también tengo derecho a evadirme un poco…-Se limitó a asentir con la cabeza y revolverse, algo incómodo por estar manteniendo una conversación con Potter. Siendo que habían estado odiándose casi seis años, y seguían haciéndolo, el hablar de forma tan pacífica le resultaba desconcertante.

-¿Siguen azules tus manos?

-Un poco menos. Supongo que para mañana ya no seremos de colores-Asintió y dejó caer la cabeza hacia atrás para destensarse y descansar aunque sólo fuese un poco. Cerró los ojos y así se quedó, simplemente con la mente en blanco y el cuerpo relajado contra esa pared llena de salientes.

***

Harry no apareció ese día por clases. Ron y Hermione le buscaron por todo el castillo, sin éxito, y cuando desistieron y volvieron a la sala común lo hicieron en total silencio. Tenían la sensación de que Harry se estaba alejando de ellos y eso no les gustaba.

-Herm…

-Ya sé que te preocupa Harry, Ron… pero debemos dejarle respirar. Además, con lo que le hizo ayer a Malfoy debe estar huyendo de él.

-¿Lo que Harry le hizo al hurón?

-Sí, dijo que vuestro duelo era por mi amor o algo así-La chica se encogió de hombros mientras que el muchacho pasaba por todas las tonalidades de rojo hasta que las pecas dejaron de distinguirse de la piel.

Ginny entró en ese momento junto a Luna, riendo. Ron se levantó de un salto, seguido por una más tranquila Hermione, y llamó a su hermana con la mano.

-Ginny… ¿has visto a Harry?-Ginny negó con la cabeza y sonrió a su hermano, encogiéndose de hombros.

-No, hoy no le he visto en todo el día. Pero creo que estaba en los terrenos… o eso dice Luna-Lovegood asintió y habló con su vocecilla calma pero aguda.

-Estaba con Draco Malfoy, hablando. Es curioso que se hayan hecho tan amigos.

-Sí… yo antes veía a Malfoy de muy mala manera pero después de ver que tampoco le hacía nada a Harry…-Ron interrumpió a su hermana con un chillido agónico y miró a Hermione con el rostro desencajado. Hermione, algo menos paranoica que esos días anteriores, suspiró y le puso una mano en el hombro.

-Vamos, Ron… tampoco es para tanto. Es mejor que tenga un enemigo menos-Ron ni asintió ni negó, sólo se quedó como meditando lo dicho por su amiga.

Sí, era posible que Harry necesitase quitarse enemigos de encima…
7-Tener un duelo con Ron por el amor de Hermione.

No tenía demasiada hambre. Si estaba ahí sentado con Pansy, Blaise, Crabbe y Goyle era sólo para no hacer que Potter creyera que tenía miedo de sus estúpidas propuestas.

Removía el contenido de su plato con expresión casi asqueada, prácticamente sin soportar un segundo más el estar en tensión esperando su tortura. Hacía rato que Potter y sus amiguitos habían entrado y no queriendo mirarlos siquiera decidió largarse de allí y hacer tiempo hasta que el héroe imbécil apareciese por las mazmorras.

Se levantó y en su caminar se topó con la minicomadreja. Weasley iba acompañada de Lovegood y mientras que la primera clavó sus pupilas llenas de odio irracional en él, la segunda le sonrió casi con amabilidad.

Sus ganas de tener un nuevo conflicto eran nulas, así que las esquivó y salió del gran comedor como si nada. No iba a tener la suerte de poder irse tranquilo.

A medio camino desde el gran comedor hasta las mazmorras, en uno de los rellanos de los pisos del castillo, le sobresaltó una voz a su espalda. Creyendo que sería Potter, se giró para encontrarse ante él con Ronald Bilius Weasley. No parecía demasiado feliz.

-¿¡Qué le has dicho a mi hermana!?

-Nada-La respuesta no satisfizo las ansias de conocimiento de la comadreja y ésta se le quedó mirando con desconfianza-¿Por qué?

-Por lo del gran comedor…

-¿Acaso ella te ha dicho algo?

-No, pero…-Suspiró, cansado, viendo a Potter y Granger llegar y situarse a los lados de la comadreja.

-¿Esto era lo que tenías en mente Potter, tirarme a los perros?

-No, pero no está mal.

-Ya…-Antes de que pudiese reaccionar tenía la varita de Weasley literalmente en las narices. No tenía ni idea de lo que se proponía el idiota pelirrojo, pero sería mejor que no contase con él. Ya había demasiados alumnos curioseando y eso no sería muy bueno para su reputación.

-¿Qué le estás haciendo a Harry?-Sonrió casi con humor, verdaderamente divertido por esa pregunta. Más bien era al revés. Qué le estaba haciendo Harry a él era la pregunta correcta.

Se alejó dispuesto a volver a las mazmorras de una vez, interrumpido entonces por un hechizo bastante flojo que chocó contra su espalda.

Con deje arrogante y una mueca de desprecio desfigurando sus rasgos, se dio la vuelta a la par que sacaba la varita del bolsillo de la túnica y apuntaba a Weasley.

-Expelliarmus-Su suerte, tan contraria a él esos días, siguió en sus trece y Weasley convocó un hechizo con rapidez, escudándose.

Maldito Potter con su maldito proyecto de maldito perfeccionamiento de malditos magos.

-¡Confundus!-Tuvo que tirarse al suelo y rodar para esquivar el nuevo ataque, poniendo todos sus sentidos alerta dentro de un duelo más difícil de lo que a simple vista parecía.

No podía quitarle el ojo de encima a Weasley porque en ese año en el ridículo Ejército de Dumbledore había desarrollado cierta habilidad para los duelos. Tampoco podía darse la vuelta si no quería que su espalda corriera peligro. De hecho, había bastante poco que pudiese hacer.

Harry estaba bastante entretenido. Algunos alumnos cuchicheaban, otros vociferaban improperios contra Malfoy y otros incluso ayudaban a Ron gritándole estrategias que podían resultar muy útiles pero que Malfoy también oía. A todo el que preguntaba, él le respondía que se estaban batiendo en duelo por el amor de Hermione.

Empezó a pensar que la mirada de Malfoy era peligrosa cuando éste clavó los ojos sobre él los segundos suficientes para que pudiera percatarse del brillo homicida en el fondo del gris.

-Se acabó el juego, Weasley…¡Tarantallegra!-Ron no tardó demasiado en ponerse a bailar con desenfreno y el rostro desencajado, Malfoy tenía perfecta y milimétricamente pensada su estrategia por lo que pudo ver desde ese momento-¡Levicorpus!

Se asustó al ver el cuerpo de Ron flotando sobre su cabeza por el tobillo. Su amigo pataleaba, intentando liberarse del hechizo, ante la sádica y peligrosa sonrisa de Malfoy.

-No deberías jugar a los duelos conmigo, Weasley. Al fin y al cabo, puede que sea verdad eso que dicen de que tus padres son primos…-Pocas veces había visto a Ron tan rojo y furioso como en ese momento, lanzando patadas al aire sin ton ni son-¡Liberacorpus!

Ron cayó al suelo con un golpe sordo y casi al instante se levantó para contraatacar. En el preciso instante en que abría la boca apuntando a Malfoy, Snape le cogió con fuerza de la muñeca.

-A mi despacho. Los cuatro-Draco estaba seguro de que Harry diría algo de que había sido su culpa y defendería a sus amiguitos contra viento y marea… pero no hizo nada. Siguió al profesor con él y sus amigos.

Tenía frío en ese lugar siniestro y austero. El profesor les miraba con severidad y cierto odio. Incluso a él.

-No esperaba algo así de usted, señor Malfoy. De Potter, Wesley y Granger es posible… pero de usted no… me veo obligado a castigarlos a todos.

Su expresión no varió en absoluto mientras que Potter, Weasley y Granger parecían a punto de echarse a llorar o de empezar a gritar.

-¿A todos? Quiero decir…

-Cállese, Granger. Gryffindor pierde cien puntos, Slytherin veinte. Malfoy y Potter, vendrán conmigo a limpiar calderos. Wesley y Granger, a la vitrina de trofeos-Los tres muchachitos de oro boquearon tal y como Harry ese día que se le ocurrió la idea del juego. Parecían pececillos de pecera.

Estaba claro que no era un castigo justo, pero a él al menos no le importaba demasiado y se levantó para seguir al profesor a una especie de almacén anexo a la clase lleno de calderos con diversas y variadas pociones en su interior.

-Ya pueden empezar-Potter le tendió un cubo con agua y una esponja que él miró con asco mientras Snape confiscaba sus varitas. No iba a ser una tarea agradable la de dejar límpidos y cristalinos los fondos de esos calderos.

Snape se quedó fuera, en su escritorio, dejando la puerta de la sala anexa abierta para echarles un vistazo ocasional.

Con un caldero en la mano y la esponja mojada en otra, Draco pensó en lo mucho que odiaba que los dedos se le arrugasen a causa del agua y en las tremendas ganas que tenía de matar a Potter y a ese imbécil de Ronald Bilius Weasley.

-Les dije que te estabas batiendo en duelo con Ron por el amor de Hermione. Eso servirá de castigo para lo último que hiciste.

-¿Sabes qué, Potter? No me importa-Dejó a un lado ese caldero, limpio, y tomó otro. Miró el contenido con algo de vacuidad, perdido en sus pensamientos más que en el líquido rosáceo que se veía al fondo.

¿Cómo habría sido su vida de no ser hijo de Lucius y Narcissa? ¿Sería tan orgulloso, arrogante y altivo? ¿Sería un héroe de cuarta como Potter? Suspiró, observando su reflejo distorsionado en el contenido del caldero. Analizó sus ojos afilados y crueles, su nariz de corte aristocrático, sus labios finos, su barbilla de curva suave, su palidez destacando sobre el fondo rosa. Alzó entonces la mirada para compararse con Potter; con sus ojos atontados y nobles, los rasgos más normales de la historia y el pelo más desornado que había visto en su vida exceptuando el de Granger.

Prefería mil veces ser hijo de Lucius y Narcissa sin ninguna duda.

-¿Vas a seguir mirándome como a un experimento o vas a limpiar el caldero?

-Podría considerar eso como una hostilidad, Potter, pero me siento generoso-Fregó el denso líquido rosa y se pasó una mano por el pelo, desordenado y mal colocado tras el esfuerzo de rodar y moverse para esquivar ataques de Weasley.

No sabía qué hora era cuando Snape entró y les ordenó salir de allí y volver a sus salas comunes antes del toque de queda.

Al lado de Potter, caminó con pereza hacia su parte de las mazmorras. No se percató de que Harry-el-estúpido-desorientado-Potter no debía estar allí hasta que tuvo que decir la contraseña.

-¿Te importa, Potter? No me gustaría insultar tu ingenio, pero esta es mi sala común… ¿entiendes? La de Slytherin. La de Gryffindor queda un poco bastante más arriba.

-Lo sé.

-¿Entonces?

-Venía a despedirme-Frunció el ceño y cruzó los brazos, a la defensiva.

-Espero que esto se te quede bien claro porque no lo repetiré. No soy tu amigo, Potter. El que podamos conversar sin matarnos no quiere decir que lo sea y nunca lo seré porque no te soporto. ¿Estamos?-Potter asintió y se encogió de hombros.

-De todas formas, Malfoy, soy una persona educada.

-Por chimpancés…-Masculló, en voz baja pero no lo suficiente como para que Harry no le oyera y le cogiese de la manga antes de que volviese a intentar acercarse a la entrada y esperar a que Potter se largara y poder decir la contraseña.

-Malfoy… en serio…¿no prefieres esto a los duelos?

-Mis huesos lo prefieren, no yo. Y si te hace ilusión te diré que adiós y buenas noches-Potter sonrió, satisfecho, y por fin desapareció por el corredor de las mazmorras dejándole libertad suficiente para entrar en su sala común, ir a su cuarto y descansar.

Sólo se preguntaba el por qué no se las había apañado para que no le oyera decir la contraseña esa vez tal y como lo hizo el día del uniforme.

***

-¡RONALD BILIUS WEASLEY!-Una cabeza en tonos zanahoria asomó entre las mantas de una de las camas de la sala común de Gryffindor. Más de un cojín voló hacia él al haber gritado de esa manera a esas horas.

-¿Qué pasa, Harry?

-Ahora mismo vas a decirme por qué empezaste ese duelo con Malfoy y por qué no lo paraste cuando pudiste. Y espero que tu explicación sea buena.

Ron tragó saliva antes de abrir la boca.

-No me convenció tu explicación, Harry… y a Herm tampoco. Te duele la cicatriz continuamente y nos preocupa que sea por su culpa-Harry suspiró con hastío, entendiendo que sus amigos se preocupasen por él pero algo harto de ese sobre proteccionismo. Era consciente de ser un chico fácil de enfadar cuando de sus amigos se trataba, tal vez inseguro también, pero también sabía que si había algo que le caracterizaba era su fuerte sentido de la nobleza.

Harry James Potter no traicionaría a nadie, ni siquiera a Draco Lucius Malfoy. Mucho menos a Ron y Hermione.

Y eso, a sus amigos, no parecía entrarles en la cabeza.

6-Pedir que le transformen en hurón.

6-Pedir que le transformen en hurón.

Había obligado a Potter a bajar a las mazmorras, entrar en la sala común de Slytherin y aventurarse en ese espacio habilitado para el prefecto que él ocupaba.

Por la cara que llevaba Potter, no le hacía ni pizca de gracia el estar allí sin saber su castigo ni si iba a sobrevivir.

Abrió su baúl y rebuscó en el interior su otro uniforme, cogiendo también la bufanda que con el tiempo veraniego pese al frío no era demasiado necesaria, y se lo tendió a Potter que le miró extrañado.

Se irguió y cruzó los brazos midiendo a Potter rápidamente con la mirada y sonriendo al comprobar que físicamente eran lo suficientemente parecidos como para poder usar la misma ropa.

-¿Qué pretendes, Malfoy?-Sonrió, satisfecho con su idea y el terror en los ojos de Potter.

-Que te pongas ese uniforme y lo luzcas con orgullo.

-¿¡Estás loco!? Primero, no pienso ponerme tu ropa y segundo, mucho menos pienso pasearme con ella. Seguro que apesta a opulencia-Se sentó en el borde de su cama y dedicó a Potter un gesto de desdén.

-Tú apestas a heroicidad y te he dejado entrar en mi cuarto, así que menos quejarse-Potter soltó un suspiro resignado, tal vez comprendiendo que él no iba a dar su brazo a torcer, y extendió la túnica.

-¿Te vas a quedar a mirar?

-Eso no entra entre mis aficiones…-Se levantó, puso una mano sobre el hombro de Potter y sonrió-Volveré en un cuarto de hora, Potter. Espero que estés listo para entonces-Le dio unas palmaditas casi amistosas y salió de la habitación para sentarse en uno de los sillones verdes de la sala.

Harry se había quedado solo, con la ropa de Malfoy entre los brazos y una ridícula expresión de incredulidad.

Suspiró, preguntándose si sería esa desazón la que Malfoy sintió cuando él le hizo esas dos humillantes peticiones, y se quitó las gafas para quitarse la parte de arriba del uniforme con parsimonia.

La ropa de Draco se acoplaba perfectamente a su cuerpo y hasta era más confortable que la propia, menos austera y más… como de niño rico. Olisqueó la bufanda de Malfoy al tenerla al cuello, descubriendo un aroma sospechosamente parecido al del detergente que usaba esa vecina de sus tíos que iba de visita los miércoles por la tarde, y casi sonrió al mirarse a un espejo que colgaba de la pared.

Con un golpe seco, Malfoy apareció en la puerta y le miró como si le evaluara, sonriendo después con sadismo.

-¿Qué tal, Potter? Si hasta los ojos los tienes verdes… deberías agradecerme el haberte ayudado a descubrir tu verdadero lugar en Hogwarts-Potter rió sin humor, empujándole para salir corriendo de la sala común.

Le siguió, creyendo haber visto a Potter incluso satisfecho con su aspecto cuando se miró al espejo, y le guió a través del castillo.

Se aseguró de pasar por todos los corredores y rincones, disfrutando con las miradas y comentarios de todos los que veían al héroe Gryffindor ataviado con el uniforme de Slytherin. La cara de descomposición de Potter no era si no un aliciente para su diversión.

Al volver a su habitación, Potter se cambió a una velocidad pasmosa sin siquiera echarle o pedirle que saliera y le tiró la ropa a la cabeza de mala manera. No le importó demasiado. Nada podía arruinar esa enorme felicidad que estaba sintiendo al ver a Potter tan humillado. Era como la primera vez que un mago pisaba el Callejón Diagon, algo único.

-Espero que te hayas divertido, Malfoy.

-No sabes cuánto-Potter le miró y por un momento tuvo la sensación de que se estaba conteniendo para sacarle la lengua. Draco no pudo más.

Empezó a reírse como no lo había hecho en toda su vida, dejando a Potter con la boca abierta y los ojos casi desorbitados. Calmó las risas y carraspeó, retornando a su actitud fría y distante de príncipe de hielo, guiando a Potter hacia la puerta y encerrándose después en su habitación sin despedirse.

Dobló con cuidado su ropa y con algo de reticencia la olisqueó en busca de algún aroma repulsivo Potteriano.

Por suerte, toda seguía oliendo tal y como lo hacía cuando la metió en el baúl. Tal vez un poco menos a ropa que lleva un tiempo en un lugar cerrado, pero más o menos.

Cuando terminó de recoger el desastre que eran las arrugas de sus prendas después de haber sido utilizadas por Potter, todo se quedó en silencio y notó que le faltaba algo. Repasó sus deberes, sus libros, su ropa, todo. Nada de eso era.

Era más bien como una sensación…

Lo pensó unos minutos antes de darse cuenta.

Ya no se sentía tan solo.

Gruñó, molesto simple y llanamente por el hecho de que su soledad hubiese dado un paso atrás por haber estado con Potter esa tarde, y salió de su habitación dando un portazo que asustó a los alumnos que no conocían su carácter irascible.

-¡PANSY!-La chica en cuestión alzó los astutos ojos y le miró interrogante.

-¿Qué pasa, Draco?

-¡TRANSFÓRMAME EN HURÓN PARA NO PENSAR GILIPOLLECES!-Pansy enarcó una ceja y sonrió con algo extraño, como si estuviese resignada y le conociese demasiado como para sorprenderse.

-Vamos, Draco, hay animales con más estilo que los hurones. Tranquilízate y piensa con la cabeza fría-Respiró hondo. Contó, pacientemente.

“Un dos tres, yo me calmaré. Cuatro cinco seis, vosotros lo veréis…”

Suspiró y se relajó lo suficiente para apreciar que o esa sensación había sido un juego sucio de su mente o no había durado lo suficiente como para influir en él. Pansy se hizo a un lado en el sillón y le indicó que se sentase a su lado.

Sin mucho más que hacer, se sentó al lado de la chica y se quedó callado, sólo dejando las horas pasar.

***

Ron y Hermione estaban seguros de que pasaba algo raro. El día anterior habían visto a Harry paseándose con el uniforme de Slytherin junto a Draco Malfoy. Empezaban a pensar que el hurón estaba intentando persuadir a Harry para unirse al Lord y que estaba usando esos juegos sucios suyos.

Estaban solos en la sala común. Era sábado y Harry había salido temprano a hablar con McGonagall sobre el equipo de quidditch ese año.

-¿Qué crees que es, Herm?-Hermione suspiró y caviló, no muy segura de qué responder.

-No lo sé… pero es todo muy extraño…-Ron asintió repantingándose contra el sofá en una pose bastante poco elegante. ¿Y si sólo estaban exagerando? Pero no, eso no era posible. Y ellos eran los mejores amigos de Harry y tenían que preocuparse por él.

Por otra parte, en los terrenos, Draco miraba las aguas calmas del lago con los ojos entrecerrados apoyado contra el tronco de un árbol enorme y viejo.

A lo lejos, en una parte que no entraba en su ángulo de visión, Potter se acercaba junto a McGonagall.

Cada vez más cerca, Draco no tuvo de tiempo de reaccionar cuando al ir a volver a entrar en el castillo Potter le arrolló.

-¡Maldita sea, héroe de tres al cuarto! ¿Cómo vas a ganar una guerra si ni siquiera eres capaz de ver lo que tienes delante?-McGonagall le miró de la peor de las maneras y Harry sonrió.

¿Pero qué era eso? Se caía, le daban la mano para levantarse… y le tiraban otra vez. El destino se estaba riendo de él, alguien en el mundo le daba toquecitos con el dedo a una marioneta de sí mismo.

Si al menos hubiese controlado su mal genio y su orgullo…

-Señor Malfoy, será mejor que no hable así si quiere perder más puntos para su casa.

Potter le sonrió como si estuviese planeando algo verdaderamente horrible que dejase todo lo que había hecho hasta ese momento como un juego de niños. Por mucho pánico que eso le provocase, su expresión gélida y altiva no varió y siguió mirando a Potter con odio incondicional.

-Malfoy, tengo que hablar contigo. ¿Qué tal en las mazmorras después de la comida?-Suspiró, echándose el pelo hacia atrás sin verdaderamente necesitarlo.

-Está bien, Potter, lo que sea…

Con paso furioso, maldiciendo su mala suerte, Malfoy entró al castillo.

***

Cuando volvió de hablar con McGonagall ya casi era la hora de bajar al gran comedor y al entrar en la sala común Ron y Hermione, sentados en el sillón frente a la chimenea, dejaron de hablar de golpe.

-¿Qué pasa?-Hermione, nerviosa, se levantó y le miró como si buscase algo extraño-¿Herm…?

-No es nada, Harry-Su amiga sonrió y volvió a sentarse, llevándole a él del brazo.

-¿Qué confianzas son esas con el hurón, Harry? ¡Puede ser peligroso!

-Vamos, Ron. Malfoy es inofensivo. Todo lo que hace es hablar, nunca ha hecho verdaderamente nada.

-Lo de Hagrid-Harry negó con la cabeza. Malfoy podía ser un ogro horrible, pero era terriblemente divertido verle humillado y por el hecho de que Ron y Hermione no comprendiesen ni llegasen a concebir una pequeña tolerancia no dejaría de divertirse a costa de la humillación ajena.

-¿Por qué hablas tanto con él?-Miró a Hermione y se encogió de hombros. Al fin y al cabo, eran sus mejores amigos y merecían saberlo todo.

-Malfoy y yo… apostamos. Cuando él se mete con nosotros, hace algo que yo le ordene y lo mismo al contrario. Pensé que así no se atrevería a decirnos nada-El silencio en ese momento precedió a unas carcajadas que poco a poco se fueron acallando y dieron paso a un nuevo silencio incrédulo.

Harry suspiró, incómodo de pronto.

-Vamos. Todos estarán ya en el gran comedor…-Se levantó, esperando que sus amigos hiciesen lo mismo, y se animó ante la perspectiva de poder martirizar a Malfoy un poco más.
5-Llevar un pin en el que dijese “I love Harry”.

-Esa lista tuya… había algo que me llamó la atención…-Apretó los dientes hasta hacerse daño para no soltar un improperio. Maldito el día en que se le ocurrió escribir esa lista-¿Nunca llevarías un pin en el que dijese “I love Harry”?

-Está claro que no.

-Yo no lo tengo tan claro-Miró a Potter algo incrédulo. Si había dicho eso quería decir que pensaba hacerle llevar tal pin… y lo vería todo Hogwarts…

-Ni se te ocurra.

-Aún me escuece ese pin que llevaban todos el año pasado por lo del Torneo de los Tres Magos…-Draco negó con la cabeza y se llevó una mano a la frente, resignándose a su suerte. ¿Por qué no dejaba el estúpido juego y punto?

“Por orgullo”

Exacto… orgullo. No sería él quien diese su brazo a torcer. Así que, doliéndole profundamente a su autoestima el aceptar esa propuesta, suspiró y se irguió en la silla.

-Vale, Potter. Pero un pin pequeño y cuando puedas andar.

-Ya puedo andar, Malfoy, pero Madame Pomfrey me ha prohibido salir de aquí hasta mañana-A punto de gritar, apretó los puños con disimulo. Ese Potter con su maldita suerte y sus malditos amigos y su maldito todo. Sin olvidar su maldita maldad latente.

-Lo que sea, Potter. ¿Durante cuánto tiempo?

-Una hora-Asintió con la cabeza y se levantó, dispuesto a salir de allí-¿Ya te vas?

-Para darte conversación ya están el libro andante y la comadreja, Potter-Potter parecía hasta desilusionado con su partida. Como si le importase mucho. La idea de tener que llevar ese pin durante una hora era lo suficientemente desalentadora como para que algo que ya de por sí no le importaba en lo más mínimo le interesase aún menos.

Salió de la enfermería sin molestarse en despedirse y vagó por los corredores hasta que Pansy y Blaise le interceptaron en la puerta del aula de Transformaciones. No estaba demasiado dispuesto a oírlos pero al fin y al cabo eran los únicos a los que podía llamar amigos.

-¿Por qué hiciste eso, Draco? Fue demasiado hasta para ti-Le dedicó a Pansy una mirada vacía, desdeñosa.

-Porque quise hacerlo. ¿Desde cuándo necesito tener razones para hacer las cosas, Pansy?-Intentó esquivarles, con unas repentinas y urgentes ganas de tomar aire fresco y despejarse. También de prepararse de alguna manera para tener que llevar ese pin. Blaise le impidió huir cogiéndole de un brazo con fuerza.

-¿A dónde crees que vas?-No se dio la vuelta ni se movió. Ni siquiera respondió antes de deshacerse de ese agarre y salir corriendo hacia la puerta que daba a los terrenos de Hogwarts.

***

El fatídico día había llegado. Durante el desayuno, dejando a más de uno boquiabierto al verles hablar sin tirarse muslos de pollo a la cabeza, Potter le aclaró que la hora elegida era la de pociones y le dio el pin en cuestión.

En un principio, quiso “perder” el objeto odioso, pequeño y redondo, y decirle a Potter que era una pena el que no apareciese. Sin embargo, supuso que Potter habría pensado en esa posibilidad y renunció a la idea.

Cuanto más se acercaba la hora de pociones, más quería desaparecer. El pin le pesaba en el bolsillo interior de la túnica y pese al peso extra seguía mirando a todo el mundo por encima del hombro y marchando por los pasillos con la espalda recta y paso firme.

En la puerta del aula de pociones, sacó el pin de su bolsillo y lo colocó en algún lugar poco visible de la túnica, casi debajo del hombro, antes de entrar y sentarse como si nada en su lugar habitual junto a Pansy y Blaise.

-Draco…¿por qué llevas eso?

-Es una larga historia, Pansy…-La chica no volvió a preguntar de nuevo. Snape irrumpió en el aula, apuntó una lista de ingredientes y cantidades en la pizarra y dio su explicación. A punto de terminar ésta, la puerta de la sala se abrió de golpe y tres pares de pasos apresurados se dejaron oír en la entrada.

-Potter, Granger, Weasley treinta puntos menos para Gryffindor. Espero que no vuelvan a llegar tarde este año si no quieren lamentar unas cuantas pérdidas más.

El trío dorado cruzó el aula de forma apresurada y se reunió justo detrás del lugar en el que él intentaba olvidarse de ese ridículo pin y concentrarse en la poción. Toda la parte Gryffindor del aula miró a los tres alumnos con extrañeza.

Una mano tocó su hombro y apenas giró la cara para ver quién narices le llamaba.

-¿Qué demonios quieres, Potter?-Miraba de vez en cuando a Snape para comprobar que no les estuviese mirando, maldiciendo en susurros bajos.

-¿Lo llevas puesto?

-Puede que no lo parezca pero soy un hombre de palabra. Ahora, si me permites, tengo una poción que hacer-Justo cuando Snape iba hacia él con claras intenciones de restar puntos a Gryffindor por estar entreteniéndole uno de sus alumnos, volvió a centrarse en la poción.

Muchas miradas se clavaron en él a la salida, cuando a través del estrecho corredor los alumnos no quitaban ojo del círculo que colgaba de su túnica. Si hubiese tenido la capacidad de sonrojarse, estaría totalmente rojo de ira.

Casi arrancó el pin y se situó frente a Potter y sus dos amigos que le vigilaron recelosos.

-Ten tu estúpido pin. Y reza para que no vuelva a tirarte a las mazmorras desde arriba-Harry sonrió, tomó el pin y se lo guardó en el bolsillo del pantalón con fluidez.

-Vamos, Malfoy, tampoco ha sido tan terrible.

-No, claro que no. De hecho, ha sido menos humillante que limpiar los retretes-Ron y Hermione no podían creer lo que estaban viendo sus ojos. ¿El hurón y Harry manteniendo una conversación medianamente civilizada?

Se alejaron un tanto de los dos y se miraron con incredulidad.

-¿Crees que le ha hechizado, Herm?-Hermione negó con la cabeza, nerviosa.

-No, no es como si estuviese hechizado…

-¿Entonces?-La chica frunció el ceño, determinada y tenaz. Ron se quedó mirándole indeciso.

-No sé qué se trae Malfoy entre manos, pero lo descubriremos-Y dada por terminada la pequeña conversación, volvieron a reunirse con Harry y el hurón.

-Bueno, Malfoy, creo que ahora tenemos clase.

-Sí, eso parece Potter. Espero que te estés divirtiendo con mi lista-Potter se rió y negó con la cabeza antes de darse la vuelta y desaparecer con sus amiguitos por el pasillo. Por su parte, no le apetecía para nada dar Historia de la magia.

Con paso lento, avanzó despacio hacia el aula y al entrar las risillas y comentarios en voz baja le hicieron enarcar las cejas. Las noticias corrían alarmantemente rápido en ese colegio.

***

Por la tarde, libre de clases y agradecido de no tener una enorme montaña de deberes sobre el escritorio, bajó al campo de quidditch simplemente a mirar y rememorar todos esos partidos perdidos.

Era como si una fuerza superior hiciese que a Slytherin le fuese todo mal, como si algo sobrenatural empujase siempre a los Gryffindor hacia la victoria.

-¡Quita de en medio, idiota!-Sorprendido, giró el cuerpo y una enorme sonrisa adornó su rostro al ver al emisor de tales palabras.

Potter presentaba un color poco agradable entre el blanco y el verde y la comadreja y el libro andante estaban parados a sus espaldas sin entender el por qué Harry se había detenido de pronto.

-Vaya, vaya, vaya… mira quién ha cometido un error-Llegó hasta Potter y sus amigos con las manos en los bolsillos y una sonrisa radiante y maquiavélica-¿Qué podría imponerte como castigo, Potter?

-Pero…-Potter suspiró-Sí, bueno. Lo que sea.

-Harry… ¿de qué está hablando?-Hermione se agarró al brazo de Harry pareciendo muy preocupada y la comadreja gruñó, mirándole con profundo odio.

-Eso, Harry. ¿De qué está hablando el hurón?

-Cosas nuestras, Herm. Nosotros nos entendemos.

-¡¿Desde cuándo?!-La comadreja parecía estar alterándose. Eso le producía una malsana y placentera diversión. Potter dio un paso adelante, librándose del abrazo de Hermione y la cercanía de Ron, para situarse justo frente a él.

-¿Qué se te ocurre, Malfoy?

-Muchas cosas, Potter. Créeme que muchas-Muchísimas, de hecho. Tantas que su cerebro estaba a punto de colapsar. Sonrió, esa vez con cierta cordialidad mordaz, y tomó una decisión.

No había forma peor de humillar a Potter que esa que había seleccionado.

Absolutamente ninguna.
4-Llevarle flores a la enfermería a Harry Potter.

McGonagall le miraba desde el otro lado de la mesa con una reprobación que bastante poco le importaba. De hecho, cualquier castigo le valdría la pena sabiendo que le había roto más de un hueso a Harry-todos-me-adoran-porque-tengo-la-cara-rajada-Potter.

-Bueno, señor Malfoy… conociéndole, estoy  segura de que no le hará demasiada gracia hacer un pequeño recado para mí.

Draco levantó la mirada de la interesante madera del escritorio para encontrarse delante de él con un enorme ramo de flores.

-¿Está segura de que eso es legal? Me adula que me regale flores, pero…

-No son para usted, señor Malfoy. Son para el señor Potter-No entendía demasiado bien dónde entraba exactamente él en esa ecuación. McGonagall pretendía llevarle flores a Potter… ¿acaso querría que le aplaudiese o le diese unas palmaditas en la espalda para animarle?

-¿Eso qué tiene que ver con mi castigo?-McGonagall sonrió como cuando le envió a su despacho y le tendió el ramo con taimada crueldad profesoril.

-Tú se lo llevarás a Potter. Por pasillos en los que seas visible, Malfoy-Esa maldita vieja aún más vengativa que él…

Draco pasó por varias tonalidades de verde antes de que su cerebro terminase de asimilar que tenía que llevarle eso a Potter.

La vida le odiaba y no hacía otra cosa que ponerle la zancadilla. ¿Cómo era posible que le pasasen tantas cosas catastróficas seguidas? ¿Qué había hecho él para merecer eso?

-¿A qué espera, señor Malfoy?-Con la peor mueca de odio que había lucido en su historia, arrancó el ramo de la mano de la profesora de mala manera y abandonó el despacho casi haciendo temblar el suelo. Su ira iba unos cuantos pasos por delante y le rodeaba como un aura, oscura y siniestra. Todo el que le veía se abstenía de comentar sobre las flores al ver su expresión psicópata.

“Eres un Malfoy. Recupera la compostura”

Respiró hondo y se irguió, caminando con rectitud y paso suave pero firme hacia la enfermería, de la que Madame Pomfrey casi le echó el verle llegar, y buscó la cama en la que estuviese el estúpido Potter con sus estúpidas lesiones.

-De McGonagall. Que te cures pronto y todo eso-Le lanzó las flores a la cara y se sentó en la silla junto a la cama con fingida calma, cruzando los brazos.

-Todo un detalle por tu parte, Malfoy.

-Si fuese mío, Potter, ahora mismo esas flores estarían en tu boca-Miró de reojo su obra maestra, cubierta de alegres florecillas, y sonrió. Potter tenía bastante mala cara y eso era algo genial y muy positivo para su insulsa e insípida vida-¿Te duele, Potter?

-Mucho. Gracias por el interés-No sabía por qué se había quedado. En realidad, sólo estaba siguiendo el instinto de conservación y esperando a McGonagall por si iba a comunicarle el verdadero castigo.

-Ha sido una jugada brillante, admítelo.

-Una jugada brillante que te costará claro.

-Ah, sí. Tú y tu juego…-Suspiró y crujió el cuello, muy cansado. Había llevado a cabo una venganza y ofrecido un ramo de flores a Potter el mismo día. Además, el peso que su familia ejercía sobre él amenazaba con partirle en dos y dejarlo reducido a una masa de propósitos y proyectos de futuro. Las lechuzas que recibía de Lucius eran como manuales. Sólo le decían lo que tenía que hacer o no hacer. No necesitaba muestras de afecto de ningún tipo, pero era angustiante no tener siquiera la libertad suficiente para actuar según su propio criterio.

Se quedó tan pensativo que incluso olvidó dónde estaba y por qué. Estaba repasando su vida, actividad demasiado común esos últimos años, y pese a que le gustaba lo que veía al hacerlo… seguía sintiéndose solo. Horriblemente solo…

-¿Malfoy?-Giró la cabeza hacia Potter como si no hubiese pasado nada, como si no hubiese estado perdido en sus recuerdos durante ese corto lapso de tiempo.

-¿Qué quieres, Potter?

-Nada…-McGonagall entró en la enfermería pareciendo menos irritada que hacía unos minutos, pero bastante enfadada con el mundo.

-Me alegra que se haya quedado aquí, señor Malfoy. Aún tiene que hacer bastantes cosas. Acompáñeme a los aseos.

-Ha sido interesante hablar contigo, Potter, pero tengo una muy divertida tarea que cumplir-Potter le miró como le miraban todos cuando usaba su humor. Como quien mira un alienígena apareciendo en una llanura y corriendo mientras lanza rayos láser de un lado para otro.

Suspiró levantándose con lentitud y pereza para seguir a McGonagall.

Iba a ser un día muy largo…

***

Olía a limón, estaba sudado, su pelo estaba desordenado y mal colocado, su ropa estaba sucia y su rostro desencajado.

Draco no había sentido una humillación y desazón como esas nunca. No se equivocó cuando pensó que ese año iba a ser horrible.

“Al menos cumpliste tu venganza”

Ese pensamiento le hizo sonreír camino de su sala común. Poco le duró la sonrisa al ver aparecer a la comadreja y al libro andante. Ambos parecían muy enfadados, pero él sólo les miró con desdén y los brazos cruzados en pose orgullosa pero defensiva.

-¡MALFOY!-Esquivó con un movimiento de balanceo un puño dirigido a su rostro y esperó a que se calmasen lo suficiente para ser capaces de hablar.

-¿Sí, Granger?

-¡LO QUE LE HAS HECHO A HARRY ES HORRIBLE!

Estuvo tentado de responderle que no pensaría lo mismo si conociese el lado diabólico de su queridísimo Harry-mártir-Potter. Por suerte, era lo suficientemente inteligente como para saber morderse la lengua.

-¿En serio?-No se molestó en esquivar ese nuevo puño que llegó más flojo de lo que parecía y no fue capaz de hacerle demasiado daño. Weasley estaba tan rojo que apostaría a que en unos cuantos minutos explotaría.

-¿¡Cómo te has atrevido a hacerle eso a Harry!?


Estaba tan cansado en todos los sentidos de la palabra que ni siquiera le apetecía picar a los amigos de Potter.

-Si me permitís…-Los esquivó y cuando estuvo seguro de que no le oirían pronunció en un susurro la contraseña y cuando estuvo en su cuarto se tiró sobre la cama sin miramientos con los ojos bien abiertos clavados en el techo de piedra.

No tardó demasiado en quedarse dormido pese a oler a limón, estar sudado, tener el pelo desordenado y mal colocado, la ropa sucia y el rostro desencajado.

***

El niño mimado del colegio no apareció en todo el día por las clases. Sus amigos parecían más preocupados por su salud que por él y sus actos y eso era algo bastante bueno considerando las pocas ganas que tenía de enfrentarlos.

Al menos ya no olía a limón ni nada de eso y estaba tan sumamente perfecto como siempre. Debía admitir que parte de su altivez había caído ese día… pero su orgullo seguía intacto y por lo tanto andaba con porte arrogante y pagado de sí mismo.

Draco estaba agradecido de no saber qué era lo que Potter tendría preparado para él. Ya que estaba dejando ver su lado Slytherin, podía esperarse cualquier cosa y un día más sin saberlo le aliviaba.

Muchos alumnos le pusieron la zancadilla cuando, vencido por una curiosidad que llegó a imperar sobre su afán de protección, se dirigió a la enfermería.

-¿Ron?-Potter no le reconoció hasta que descorrió la cortina que Madame Pomfrey había colocado alrededor de su cama-¿Malfoy?

-Ya veo que te alegras de verme.

Se sentó en la misma silla del día anterior y miró con atención a Madame Pomfrey que a su vez no le quitaba el ojo de encima, vigilándole por si se le ocurría volver a herir a Potter.

-¿Sabes? Lo próximo si tendrás que hacerlo frente a todo el colegio.

-Lo suponía…-Suspiró recostándose contra la silla, desganado. No se fiaba.

-¿Quieres saberlo ya?

-Realmente no… pero ya sabes, la incertidumbre es mucho peor-Miró a Potter, dejando que Madame Pomfrey siguiese sospechando de él como si fuese un delincuente, y echó atrás un pequeño mechón de pelo huido de la casi siempre efectiva prisión de gomina que le reprimía.

Potter le devolvió la mirada sonriendo con algo siniestro y sádico.

Draco tuvo la certeza de que se había equivocado.

Draco Lucius Malfoy siempre ganaba.

Excepto cuando el factor Potter estaba relacionado de algún modo con sus planes.
3-Teñirse de rojo y fingir ser un Weasley.

El mundo había caído con todo su peso sobre los hombros de Draco bajo un árbol frente al lago en los terrenos. Potter se había vuelto loco. Si verdaderamente pretendía que se humillase en público, le deseaba suerte.

-De ninguna manera lo haré delante de todo el colegio, Potter-Estaba más que tentado de darle una patada en la espinilla y mandarle al cuerno… a él y a su estúpido juego, a los dos. Pero un Malfoy no se echaba atrás a no ser que verdaderamente corriese peligro y él no iba a ser menos. Claro que no.

-¿Sólo para Gryffindor?

-No-Tajante y cortante. Podría haber perdido esa vez, pero no iba a dejarse manipular.

-Entonces… sólo lo veré yo-Miró a Potter con las cejas enarcadas, preguntándose si tal vez le habría juzgado mal. Estaba demostrando ser más Slytherin de lo esperado…

Se lo pensó un rato. ¿Qué riesgo corría si sólo lo veía Potter? Su reputación no se convertiría en estiércol de hipogrifo y su vida no acabaría en la basura. Al fin y al cabo, sólo tenía que…

Oh no, no quería pensar en eso…

-Está bien, Potter… está bien…-Haciendo de tripas corazón, siguió a Potter hasta el séptimo piso. No podía ser que Potter estuviese intentando que apareciese esa enorme puerta. A veces ese tipo le parecía de lo más estúpido-¿Piensas hacer que la Sala de los Menesteres aparezca sin más? O estás más loco de lo que creo, o eres muy tonto.

-No. Estoy buscando un pasadizo-Tras dar unas cuantas vueltas alrededor de una armadura, Potter le tiró del brazo y ésta giró sobre sí misma revelando un pasaje estrecho y angosto que llevaba a una sala llena de polvo con antorchas en la pared.

Al entrar en la sala, las antorchas se encendieron de forma automática y la pared se cerró a sus espaldas. Hacía un frío horrible y la humedad le calaba los huesos pero eso seguía siendo mejor a que le viese todo Hogwarts.

Potter se le quedó mirando y él devolvió la mirada con deje orgulloso, esperando.

-¿Y?-Gruñó, sacó la varita y se apuntó maldiciendo entre dientes a Potter antes de pensar en el color rojo y hacer una pequeña floritura

-Tingere…

Y su pelo, rubio y perfecto, se tiñó de un intenso rojo azanoriado. Si algo de su orgullo sobrevivía a eso, juraba patear el trasero de Potter hasta dejárselo plano.

Pero la tortura no acababa ahí, no…

-Soy Draco Weasley. Sobrevivo con menos de un knicle al mes y mi familia es tan numerosa que mi casa está inclinada-Pronunció, con desgana, mirando a Potter con tanta rabia y odio que de haber sido corpóreos le habrían hecho reventar-Por Salazar, Potter, esto es humillante.

Harry hacía rato que parecía no escucharle. Estaba demasiado ocupado encogido sobre sí mismo y riendo a mandíbula batiente como para prestarle algo de atención. En un intento por tranquilizar toda la ira asesina que se expandía por su cuerpo, aferró su varita con fuerza y respiró hondo unas cuantas veces hasta que Potter calmó algo sus risas y le miró entre lágrimas

-Vale, Malfoy. Deshazte de ese color. Te queda como un tiro-Potter retomó sus risas alocadas y él se apuntó farfullando un furioso “finite incantatem”. Suspiró aliviado al inspeccionar, bizqueando, un mechón de pelo frente a sus ojos. Rubio. Rubio platino. Como debía ser.

-¿Ya estás contento, Potter? Espero que no hayas hecho ninguna foto, porque entonces te aseguro que estás muerto.

-Soy un Gryffindor, no hago esas cosas tan propias de ti-Sonrió con acidez. En efecto, si hubiese sido él el torturador habría hecho cualquier cosa para que el mundo se enterase de que Potter había sido humillado de la peor forma posible. Por el momento tenía que confiar en que Potter era un buenazo noble de Gryffindor.

Potter inspeccionó entonces la pared de la sala, empujó unos cuantos ladrillos y el pasillo por el que habían entrado reapareció. Salieron juntos de la sala, apagándose las antorchas a su espalda, y cada uno se fue por su lado sin cruzar una sola palabra más.

Draco estaba humillado, furioso, enfadado, irritado y asqueado de sí mismo. Decidió, de camino a su sala común, que eso no quedaría así y que haría a Potter sufrir. Sufrir de verdad.

Sonrió, satisfecho, pronunciando la contraseña que abriría la puerta de su sala común.

La venganza era algo increíblemente reconfortante.

***

Caminaba por los pasillos como si nada fuese con él, como si no llevase la varita firmemente aferrada bajo un pliegue de la túnica y no vigilase continuamente el ir y venir de la gente en busca de Potter.

Muchas cabelleras negras le alertaron pero al verlas solas, sin la repugnante presencia pelirroja ni la enervante y desordenada melena castaña, seguía buscando.

Hasta que lo encontró. Para su sorpresa, Potter iba solo cargando con un montón de libros y pergamino.

-¡Eh, Potter!-Potter se congeló y todos los que había deambulando se detuvieron y les miraron con curiosidad. En un movimiento rápido, sin darle opción a reaccionar, empujó la tela y mostró la varita con una sonrisa.

-¿Pero qu…

-¡Everte Statum!-La varita se sacudió y Harry, con los ojos completamente abiertos por la sorpresa y el desconcierto, salió despedido hacia atrás girando como una gigantesca peonza. Mucho antes de que los presentes pudiesen detenerle o siquiera asimilar que el que había pasado zumbando a su lado dando vueltas sobre sí mismo y había acabado de culo en el suelo era Potter, apuntó el suelo bajó el chico y con una chispa de ira brillando en sus ojos grises pronunció lenta, muy lentamente, la palabra que haría caer a Potter-¡Deprimo!

Caer de forma literal.

Bajo Potter se abrió un agujero de las dimensiones suficientes para hacerle caer al piso de abajo, las mazmorras.

Horrorizados, algunos alumnos corrieron en busca de los profesores y él se quedó allí plantado sonriendo con satisfacción al ver cumplida su venganza.

Decían que la venganza era dulce, pero lo que él estaba sintiendo era una emoción tan intensa y abrumadora que la llegada de McGonagall al principio le resultó irrelevante.

-¡Señor Malfoy ¿qué ha hecho?! ¡POR MERLÍN!-La mujer se arrodilló al borde del agujero y con un levi corpus subió a Harry de nuevo a ese piso-¿Está bien, señor Potter? ¡Episkeyo!-Las heridas de Potter dejaron de sangrar, pero aún así parecía bastante magullado.

La sonrisa no desaparecía de su rostro y cuando McGonagall se puso de brazos cruzados frente a él sólo atinó a seguir sonriendo y mirarla con aire triunfal.

-¿Va a castigarme, profesora?

-¡Por supuesto que sí, señor Malfoy! ¡Cincuenta puntos menos para Slytherin!-La mujer pareció pensarse seriamente un castigo para él.

“Oh, piensa lo que quieras. Nada habrá peor que tener que teñirme de rojo y hacer de Weasley”

-¿Y qué voy a tener que hacer? ¿Limpiar trofeos o algo así?-Su desdén desapareció en cuanto la profesora sonrió, dejándole helado e incómodo. Esa sonrisa era más sádica incluso que la que él habría tenido vengándose de Potter.

-Oh, no, señor Malfoy. Su castigo será peor. Por ahora, acompáñeme a mi despacho-Sin dejarse amedrentar pese a lo delicado de la perspectiva de ser castigado, siguió a la profesora con la barbilla bien alta y el paso de alguien que ha salido victorioso de una gran afrenta.

Al fin y al cabo, el que iba a pasarse una temporadita en la enfermería era Potter y no él.

Volvió a sonreír a la entrada del despacho de McGnagall.

Draco Lucius Malfoy siempre ganaba.

Siempre.

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