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21-Quemar la túnica más cara de su baúl.

21-Quemar la túnica más cara de su baúl.

No sabía qué hacía allí ni por qué estaba aguantando las miradas de rencor y desconfianza de la comadreja y el libro andante. Sólo sabía que el Lord le había hecho un hechizo legeremante sin siquiera abrir la boca y había visto todo lo que había en su mente y eso le producía una sensación de malestar difícil de aplacar.

Podían pasarle muchas cosas si se revelaba esa información; desde que su imagen fría y distante cayese de golpe hasta que Lucius le cruciase por esa osadía y falta de respeto a la familia. Podía también darse la casualidad de que el Lord no hiciese nada con lo descubierto y sólo le matase como iba a hacer con todo aquel que no quisiese seguirle. Porque Draco había decidido que no le seguiría… de ninguna manera. Él podía ser, en cierto modo, una mala persona… pero no era un asesino y no quería destruir nada. Vale, eso de que los muggles dominasen el mundo que los magos tuviesen que esconderse no lo asimilaba para nada bien pero seguía sin querer convertirse en una marioneta a manos de un psicópata.

-¿Cómo ha podido entrar?-El libro andante daba vueltas por la dependencia central de la sala común de Gryffindor moviendo la cabeza y las manos, hablando consigo misma en busca de alguna respuesta a esa pregunta autoformulada mientras que la comadreja preguntaba sin cesar a Potter sobre el aspecto del Lord, el poder que pudiese tener o si iba solo. Potter parecía tan abrumado por las preguntas como él por la situación y lo que menos entendía era cómo se le había ocurrido recurrir a sus estúpidos amiguitos.

-¿Y tú qué hacías ahí, Draco?-Apenas miró a la comadreja alzando la barbilla en clara representación de su superior status.

-Me encontré con Potter haciendo la ronda y le seguí-Esa era toda la información que la comadreja recibiría. Weasley le miró con desconfianza unos minutos en los que se mantuvo firme e inamovible aguantando su mirada con una incisiva y cruel.

-Ron, Draco…

-¡No me llames Draco!-Se hizo el silencio. El libro andante y la comadreja miraban con algo indescriptible en los ojos a Potter. Potter evadió el tema rápidamente levantándose y empezando a andar de un lado para otro igual que el libro andante.

-El caso es que Voldemort está aquí-Señaló con excesiva efusividad un ventanal de la sala y miró a la comadreja y al libro andante con intensidad.

Él, pasado el trauma y sopesadas las consecuencias; sólo quería levantarse, aplaudir y concederle a Potter el premio al mejor cambio de tema del año.

-Harry… dijiste que estaba con alguien más. ¿Sabes quién podía ser?

-Ni idea. Pero no era Pettigrew, eso seguro. Era más delgado-En ese momento él era el único que quedaba sentado mientras que el alegre trío heroico daba vueltas y más vueltas en círculos. No entendía por qué no hacían lo de simple y corrían a contarle a Dumbledore lo que habían visto. Él se mantenía al margen de sus discusiones de amigos y compañeros de batalla y sólo respondía a lo que le preguntaban con secos monosílabos o cortas descripciones. No le apetecía nada estar allí, perdiendo el tiempo ante algo inevitable, en lugar de estar aprovechando lo que le quedaba de vida antes de que el Lord se hiciese con el poder.

-Harry, se me ha ocurrido algo-El libro andante detuvo su caminar por la sala y miró a Potter con un entrañable toque esperanzado.

Precioso.

-¿Qué es, Herm?-Granger desapareció por las escaleras del torreón femenino y apareció escasos minutos después con un libro más grande que su horrible gato. La chica se sentó a su lado y dejó el libro sobre la mesa central, abriéndolo y buscando en las páginas a un ritmo febril sin romperlas.

-¡Aquí está!-La comadreja y Potter acudieron al segundo y se sentaron a sendos lados de Granger, apartándose él discretamente, para comprobar la información.
 
Pese a la maraña de pelo negro y la nuca que tenía en la cara, se las ingenió para ver por encima lo que tan exaltada tenía a Granger.

-¿Aparición, Granger? Te creía más espabilada. No es ningún secreto el que Hogwarts esté protegido contra eso-Granger negó con la cabeza y señaló frenéticamente un párrafo con una alegría inusual dadas las circunstancias.

-Es otro tipo de aparición. Es una aparición de gran nivel desarrollada por magos oscuros hace siglos. Lo malo de este tipo de aparición es que deja al que realiza el hechizo muy débil. ¡Puedes atacarle, Harry!

-No puedo, Herm…

-¡Pero Harry! Además, eso explicaría el que se retirase sólo con la luz de tu varita…

-Gracias por recalcar lo obvio, Granger-Dos pares de ojos le atravesaron y él suspiró negando con la cabeza.

¿Qué estaba haciendo ahí?

-Herm, no puedo vencer a Voldemort así. Él está aquí y aun estando débil y pese a las clases de oclumancia con Snape pudo entrar en mi mente. Puede que yo no estuviese todo lo concentrado que debía, pero pudo hacerlo. No podemos confiarnos…-Por mucho que Potter le soltase a sus amigos, él era consciente de que no aguantaría demasiado sin hacerse el héroe y que en cuanto Granger y Weasley se diesen la vuelta irá al Bosque Prohibido solo para atrapar al Lord.

Si moría, viéndolo por el lado positivo, no tendría que volver a oír esa absurda riña sobre su responsabilidad y su vida… o algo así, no lo había oído todo porque le echaron de la habitación.

-Sabéis que Potter hará lo que le dé la gana ¿no?-Más miradas de rencor, odio y desconfianza le llovieron. Incluso la de Potter en ese caso-No intentéis engañaros. Potter es el héroe y tiene que mantener su posición. Vosotros sois sus amiguitos y no os llevará a la boca del lobo.

Potter tenía cara de querer decir algo, querer decirlo con necesidad y con urgencia, pero su boca se mantuvo cerrada.

-Nosotros confiamos en Harry-Miró a la comadreja con altanería y una sonrisa escéptica y burlona, sintiéndose muy Malfoy por primera vez esa noche que ya empezaba a clarear.

-Púes buena suerte, Weasley.

-Vale. Apartaos. Voy a volarle la cabeza a base de bombardas.

-¡Ron! ¡Draco!-Se mordió la lengua para no gritarle que no le llamase Draco. Total, visto lo visto no iba a hacerle ningún caso-Dejadlo ya. Esto es serio. Y sí, puede que fuese a ir solo, pero es porque no quiero que os pase nada…

Qué conmovedor…

-Chicos, dejadlo ya. He encontrado algo más. Después de aparecerse son inmunes durante bastante tiempo al fuego. Podemos aprovecharnos de eso para atacar rápido y debilitarle aún más-Tenía que admitir que el planteamiento de Granger tenía una cierta y retorcida lógica.

Draco se desconectó de la conversación cuando Potter, Granger y Weasley empezaron a maquinar descabellados planes que no incluían avisar a Dumbledore del peligro y se replegó en sí mismo mientras la claridad empezaba a bañar la sala y algún que otro alumno madrugador pasaba por aquí. ¿Estaba convirtiéndose en uno de los fieles amiguitos de Potter? ¿Era él un amiguito de Potter? ¿Qué narices era él de Potter? La cabeza ya le dolía por el inesperado ataque del Lord, pero tanto dar vueltas a un tema inútil y que no le aportaba nada estaba empezando a hacer que se marease.

-¡Draco!-Parpadeó con rapidez antes de conseguir enfocar la mirada y girar la cabeza en titánico esfuerzo para reconocer a quién le llamaba.

-¿Sí, Potter?-Potter frunció el ceño. No había rastro de la comadreja o el libro andante-¿Dónde se han metido tus amiguitos?

-Han bajado a desayunar. Llevas perdido casi una hora-Iba a decir algo más pero pareció pensárselo. Lo decía, no, sí, no, sí, no, no, no… sí-Y deja de llamarme Potter ¿quieres?

-La verdad es que no, pero si me lo pides con tanta dulzura creo que no podré negarme…

Se levantó y se dispuso a salir de tan Gryffindor lugar con una mueca de desagrado. Potter le seguía cuan alegre lechuza remilgosa.

Libre del agobiante ambiente dorado y carmesí, tomó una profunda bocanada de aire y miró a Potter con una ceja alzada.

-Ten cuidado-Draco tuvo entonces una curiosa reacción. Quiso pegarle, abrazarle, patearle, gritarle que se fuese a la mierda, decirle que no se preocupase y empujarle y correr.

Así que optó por hacerlo todo a la vez, exceptuando esas acciones que requerían actividad de sus cuerdas vocales, y tras abrazarle con una patada y un golpe en la espalda y gritarle que se fuese a la mierda en el proceso… le empujó y salió corriendo hacia el hall para entrar en el gran comedor.

Al llegar se quedó de piedra.

Crabbe y Goyle estaban sentados en la mesa de Slytherin, hablando con Pansy y Blaise, y olisqueando una de sus túnicas. La más cara de todas ellas, para ser concreto.

-¿Qué hacéis?-Arrebató la prenda de sus manos y la colgó de su propio brazo con brusquedad, mirándolos de la forma más fría y despectiva que conocía-No volváis a tocar mis cosas. Se dio así que tal y como entró, salió del gran comedor cargando con su túnica.

Las mazmorras eran un lugar frío y oscuro, desagradable. Conociéndolas, nada te parecía extraño y ni el más siniestro ruido llegaba a hacerte saltar. Pero esa vez fue diferente para Draco. Cuidaba cada paso, vigilaba las paredes, miraba con sospecha hasta a su propia sombra.

Cabía la posibilidad de que su preocupación fuese una tontería, de que sólo estuviese poniéndose paranoico. Pero lo único que actuaba en esos momentos era su sentido de la autoconservación.

Draco se despistó unos segundos, segundos en los que muchas cosas pasaron a la vez. Una sombra se alargó y se volvió corpórea al mismo tiempo que sus pies eran envueltos por cuerdas y su cuerpo caía hacia delante con estrépito con una voz siseante y profunda soltando fuertes risotadas justo delante de él. Su primer impulso fue gritar, el segundo correr y el tercero rendirse ante la muerte.

Su cuerpo se rebeló ante todos y cada uno de los impulsos, dando razones lógicas para el primero -no había nadie para oírle- y el segundo -tenía los pies atados- pero no para el tercero. Lo único que le impedía rendirse era pensar en el estúpido Potter y darse cuenta de que tenía que hacer algo para conservarse y… bueno… tener cuidado.

Sí, tener cuidado.

-Esto puede ser muy corto o muy largo, Draco. Todo se resume en si te unirás a mí o no-La voz del Lord apenas era un eco en sus oídos mientras movía su cuerpo de forma que no se notase demasiado para coger su varita a la vez que pensaba en cosas banales y sin importancia.

-No me uniré a ti.

-Vaya… tu padre nos garantizó servicio fiel por parte de los Malfoy…¿piensas manchar el honor de tu apellido?-Ya casi… podía tocar el mango…-Responde.

- No… no… yo…-Ahí la tenía. Ahora sólo necesitaba un objetivo. Lo único que tenía a mano era esa túnica, la más cara y la más querida para él. Siempre le dolería menos eso que un crucio. Pensó en las palabras de Granger, en el que el Lord fuese débil ante el fuego en esos momentos, y con toda la fuerza que pudo darse con los pies atados; se alzó con los brazos, lanzó su túnica al aire y apuntó con la varita.

-¡Incendio!-La túnica en llamas cayó sobre la figura que, frente a él, dejó de sonreír con triunfo. El Lord se retorció bajo el fuego, gritó y se resistió. Pocos minutos después de que el fuego empezase a consumir su propia túnica, el Lord desapareció dejando en su lugar humo y chispas. Su barbilla chocó con fuerza contra el suelo pero no le importó.

El crepitar de las llamas nunca le resultó tan reconfortante como cuando, entre las brumas de la consciencia, su cuerpo se relajaba sobre el suelo y su mente quedaba en blanco con unas escuetas y poco esclarecedoras palabras de despedida.

“Harry, eres imbécil.”

***

-¿Pasa algo, Harry?-Harry tuvo un impulso. El impulso de correr hacia las mazmorras. No supo por qué, sólo lo tuvo.

-Creo… que pasa algo en las mazmorras…-Antes de que terminase de hablar, ya intuyó el dolor y cuando éste le atravesó la cicatriz con un intenso palpitar se levantó de golpe del lugar que ocupaba en el gran comedor. Corrió, seguido por Ron y Hermione, hacia las mazmorras apartando gente a empujones y gritando que le dejasen pasar con esa rara intuición latiéndole en las sienes.

Empezó a oler a quemado y se asustó, acelerando hasta que a lo lejos pudo ver algo en el suelo. Desde su posición no parecía nada, pero tenía un muy mal presentimiento.

-¿Qué es eso?

-Voy a ver-Hermione le agarró por un brazo y le miró con preocupación. Él le sonrió intentando que se tranquilizase y avanzó hacia la mancha negra y gris. Acercándose, descubrió que no sólo era negra y gris si no que también había algo de verde. Al llegar, su cuerpo se desconectó un segundo y cayó al suelo de rodillas.

Hermione y Ron ya estaban detrás de él, les oyó cuchichear mientras comprobaba que ése… era Draco.

-¿Qué le ha podido pasar? Sea lo que sea, se lo merece… pero…-Harry no escuchaba. Estaba preocupado y muy asustado. Draco estaba tan pálido que daba miedo y tenía el labio partido y las piernas atadas. Intentó desatar las cuerdas apretadas con esfuerzo y furia haciéndose daño en los dedos. Hermione apuntó las cuerdas, murmuró un hechizo con voz perpleja y éstas se aflojaron.

-Draco…-Movió el cuerpo inerte y le dio la vuelta. La cabeza cayó con un golpe sordo contra la roca.

¿Por qué cuando las cosas empezaban  a ir bien tenía que pasar eso? Por fin habían admitido tantas cosas, de una forma tan simple… y de pronto…

Draco abrió los ojos que, ciegos, buscaban algo a su alrededor. Cogió una de las manos heladas y las pupilas grises se detuvieron en él.

-¿Harry? ¿Qué demonios haces aquí?-Pocas veces había estado tan aliviado y feliz como en ese momento, tan feliz que olvidó a Ron y Hermione y se abrazó al cuerpo magullado de Malfoy que soltó un quejido y le dio unas débiles palmaditas en la espalda.

Nunca en toda su vida Harry Potter había sido tan consciente de lo que era sufrir. Ni siquiera cuando se enteró de la verdad sobre sus padres o cuando Cedric Diggory murió frente a él. Ese desasosiego era diferente, era desesperante. Y todo porque Harry nunca había querido así, nunca había querido y odiado a la vez con una intensidad enfermiza.

Por eso, las maldiciones de dolor de Malfoy le arrancaron la sonrisa más demencial y alegre de su corta vida.

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