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19-Tener un duelo de miradas con la gárgola frente al despacho de Dumbledore.

A Potter se le había ido definitivamente la cabeza. Eso o tenía una preocupante fijación por humillarle en público. Lo último que se la había ocurrido por ese poco elegante desplante suyo había sido que tuviese un duelo de miradas con esa gárgola que había cerca de la bruja tuerta. Delante de todo el mundo y preferiblemente con expresión de profunda concentración, claro.

Así que ahí estaba, en lo que podría considerarse una hora punta estudiantil, mirando con fijeza los ojos pétreos como si verdaderamente pudiese ganarle en un duelo de miradas a un objeto inanimado que ni siquiera podía parpadear. Su fama estaba decayendo en el colegio y estaba convencido de que eso no ayudaría precisamente a que la gente pensase mejor de él… pero por nada en el mundo le daría el gusto a Potter de rendirse y dejarle como vencedor. Jamás. Nunca. Se negaba.

Había terminado por aprenderse, tras aproximadamente cinco minutos manteniendo la mirada de la gárgola con los ojos secos e irritados, todos los poros e imperfecciones de los cincelados ojos vacíos. Potter estaba allí, apoyado en la pared y fingiendo hablar con Ron y Hermione. Cuchicheando sobre él, tal vez.

¿Veis al pirado de Malfoy? Alguien tan tonto no puede llegar a mortífago.

Apretó los dientes y de sus labios surgió una palabrota muy poco acorde a su aspecto fino y elegante. Entonces ocurrió lo impensable.

La gárgola sacudió la cabeza y se frotó los ojos con irritación. Draco se quedó mirando al trozo de piedra moverse con expresión incrédula. La boca bien cerrada, claro, él no llegaría a ESE nivel de sorpresa nunca, pero bastante extrañado.

-¿Por qué haces eso? ¿Te parece divertido?-La gárgola bufó y él aprovechó para cerrar los ojos unos minutos antes de darse la vuelta sin añadir nada. Draco Malfoy nunca se metía en una pelea que sabía que iba a perder. Al fin y al cabo, sus huesos no podrían hacer mucho contra la firme roca.

Dirigió una mirada heladora de puro odio a Potter. Granger le miraba con incredulidad y Weasley parecía escéptico ante el delicado asunto de su cordura. Luna Lovegood tuvo el detalle de detenerle de sorpresiva forma apareciendo a su paso mientras se dedicaba a odiar a Potter con la mirada.

-Oh… lo siento, Malfoy-Ella le sonrió. Él no dijo nada. Lovegood… era una buena chica. No tenía nada en contra de ella y le resultaba agradable. Además, era rubia como él.

-No es nada, Lovegood. Sólo intenta mirar por dónde demonios andas-Luna asintió y se hizo a un lado para dejarle pasar. De mala gana, con el fin de semana definitivamente destruido y con unas impresionantes ganas de sacar la varita y torturar a algún alumno de primero, Draco se detuvo a unos pasos del aula de Defensa contra las Artes Oscuras. La puerta estaba cerrada a cal y canto y resultaba imponente. La observó durante largo tiempo, inmerso en una espiral de pensamientos que no le llevaban a ningún sitio.

Saltaban de Potter a la gárgola, de la gárgola a Lovegood, de Lovegood a sí mismo y de sí mismo a Potter en un ciclo interminable.

-Malfoy-Su cuerpo se sobresaltó pero tuvo cuidado de controlarse antes de dar un ridículo saltito de sorpresa. Mucho menos iba a hacerlo sintiéndose ya de por sí lo suficientemente humillado y sabiendo perfectamente quién le había llamado-Eres definitivamente la única persona en el mundo capaz de ganar a una gárgola en un duelo de mirada.

Eso le sorprendió incluso más que el hecho de que la gárgola empezase a moverse de pronto y sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa algo cínica. Repitió en su cerebro la frase una y otra vez hasta que no pudo más y tuvo que dejar salir las risas que se agolpaban en su garganta luchando por la libertad. Estaba siendo un estallido de puro optimismo, casi de felicidad. Por primera vez en mucho tiempo se sentía verdaderamente feliz, no de esa forma artificial y sosa, si no feliz. No tenía ni idea del por qué de esa felicidad, tal vez Potter le había pegado eso de la enajenación mental, pero estaba feliz. El júbilo le calaba hasta los huesos y llegó a tener que doblarse abrazándose la barriga por las carcajadas incesantes.

Se giró despacio, aún riéndose demasiado como para hacer movimientos concretos y fluidos, y cuando las risas pasaron miró a Potter y carraspeó.

-Al fin y al cabo, Potter, soy Draco Malfoy-Potter le estudió unos segundos con mirada perpleja y terminó sonriendo. Harold, en su bolsillo e inanimado todo ese tiempo, le pesó bastante de pronto y descubrió con desagradable acidez que había mostrado humanidad y que la había mostrado demasiado.

Él no era un ser asequible. Él era el príncipe de hielo, un ser tan sádico y cruel que era imposible que en su interior hubiese algo humano. Pero resultaba que sí que lo había y que Potter tendía a hacerlo salir demasiado a menudo. Eso le irritaba, le hacía subir un desagradable sabor a la boca.

-Teniendo en cuenta eso y el hecho de que seguramente esa gárgola es más humana que tú púes… como que no es tan impresionante-Se apoyó contra la pared mirando el techo en un intento de controlar su creciente irritación. Odiaba esos estúpidos cambios de humor y en cierto modo le molestaba ser tan irascible. De todas formas, todo su amor propio opacaba eso lo suficiente como para no notarlo demasiado.

-No podemos permitir que sigan así, Albus, destrozarán el colegio. Y bastante tenemos con los conflictos normales y todo lo demás…-Una voz femenina salía desde el interior del aula. Antes de que pudiese siquiera parpadear, Potter le agarró fuertemente del brazo y tiró de él hacia una esquina cercana a la puerta tapándole la boca con la mano libre. Oyó la puerta abrirse y se resignó a dejarse agarrar por Potter como si tuviese ganas de escaparse y correr hacia los profesores.

-Ese Potter va a acabar con él, señor. Creo que sospecha que esté unido al quién-usted-sabe e intente eliminarlo de… forma peculiar.

-Minerva, Severus, tranquilizaos-Esa era la voz jovial del director. Sonaba como si intentase ser tranquilizador-El señor Potter no quiere hacerle daño al señor Malfoy. Es sólo un juego. Ya sabéis cómo son los chicos de hoy en día…

Mordió un dedo de Potter desesperado por poder respirar como una persona y a la vez que Potter agitaba la mano mordiéndose el labio para no soltar un grito de frustración o dolor pudo oír un gruñido de su padrino.

-Pero Albus… Malfoy lanzó a Harry a las mazmorras, estuvo a punto de herirle de seriedad y no es ningún secreto su afinidad por quién-tu-sabes…-Creyó oír otro gruñido de Snape y una alegre risilla de Dumbledore. Sus pasos parecían alejarse y Potter y él se asomaron con cuidado apenas unos segundos para comprobar que efectivamente así era.

Esperaron sin respirar apenas hasta que los pasos sonaron lo suficientemente lejos. Potter suspiró con alivio pero no hizo ademán de soltarle. Tampoco él intentó hacerlo, apoyando la espalda en Potter y bendiciendo a Narcissa por permitirle ser unos centímetros más alto que el héroe de pacotilla.

-Estamos siendo la comidilla del colegio.

-Y no saben ni la mitad…-Se frotó los ojos con el índice y el pulgar de una mano, dando énfasis a su afirmación y quedándose petrificado ante una de las únicas sentencias con sentido que oiría a Potter jamás.

-En realidad, nosotros tampoco.

La respiración de Potter, apoyada su barbilla en su hombro, le rozaba el cuello. Por una parte le enervaba pero por otra… le daba una irreal sensación de placidez. Así distraía Draco a su cerebro para que éste no se fuese al tema que había insinuado Potter.

¿Sabían acaso ellos qué pasaba? ¿Conocían el por qué de esa atracción, de esa necesidad de estar juntos aunque se estén mordiendo y gruñendo?

No, no tenían ni idea.

-¿Me odias, Potter?-Sus ojos se desviaron de nuevo al techo, teniendo él un divertido pensamiento momentáneo de que éste también fuese a rehuir su mirada, y en él se anclaron con fervor, esperando.

-No tienes ni idea de cuánto, Malfoy-Cerró los ojos su  pelo le hizo cosquillas en los párpados.

Él también odiaba a Potter. El problema era la forma en la que le odiaba. Era un odio dependiente, necesitado, rabioso, furioso, agresivo y cruel. Era un odio que no le permitía odiarle. Era un odio paradójico.

-Y a la vez no te odio-Eso fue lo que Draco necesitó para desesperarse y querer gritar de desconcierto y pavor.

Porque si eso significaba algo era que había algo más que odio y sadismo…

Y Draco no estaba preparado para afrontarlo.

Comments

anateresa
Nov. 10th, 2008 12:12 am (UTC)
gracias por responder y dar la direccion asi podre seguir leyendo tu fic bueno bye cuidate nos leemos luego

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evil_onigiri
Evil Onigiri

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