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Tortura anterior | Próxima tortura

18-Decir que Gryffindor es mejor que Slytherin.

No sabía si era porque Malfoy aún tenía algún vestigio de ese resfriado exagerado o si fue simplemente porque empezaba a hacer frío, pero Harry se sentía algo enfermo. Le dolía la cabeza y apenas podía levantarse de la cama. Agradeció a Merlín, a Godric e incluso a Salazar por que fuese sábado y no tuviese ningún tipo de obligación escolar por la que levantarse de la cama.

Ahí tumbado, toda esa semana con Malfoy se le había pasado demasiado rápido. Malfoy cada vez era más… humano. Sí, esa era la palabra. Había dejado de ser un gigantesco témpano de hielo parlante para convertirse en un ser humano con sentimientos y una snitch lisiada por mascota. Si alguien le preguntase por su orientación sexual en ese momento no sabría exactamente qué responder y le resultaba bastante extraño el no haberse dado cuenta antes de lo atrayente que Malfoy podía llegar a ser.

Dio una vuelta en la cama, quedándose de cara a la de Ron. Su amigo dormía a pierna suelta, no le extrañaba mucho, y no sabía absolutamente nada de su rara amistad con Malfoy. Frunció el ceño, sintiéndose de pronto algo mal además de enfermo por estar ocultándoles cosas a sus mejores amigos. Pero es que no podía, no podía plantarse delante de ellos y soltarles que estaba con Malfoy y que lo prefería a Cho. A Ron le daría un paro cardiaco y a Hermione… bueno, Hermione se sacaría algún hechizo de manipulación de la manga y le echaría la culpa.

Pasaron largos minutos en los que sólo se dedicaba a observar a Ron, casi temiendo que se despertase y viese la culpa en sus ojos. Tenía un miedo incontrolable a eso, a que descubriesen su traición y le dejasen solo. Al fin y al cabo, Harry no era nada sin sus amigos.

Draco daba vueltas por la sala común como si el suelo ardiese y no pudiese dejar los pies más de dos segundos en el mismo sitio. De un lado a otro, con porte erguido y orgulloso, sin cesar. Era temprano y apenas había gente. Nadie había intentado sabotearle así que supuso que la semana anterior los dos imbéciles de su habitación habían desistido de hacerle cualquier cosas. Eilisia Samantha aleteaba con calma entre sus dedos y de vez en cuando se la pasaba de una mano a otra para gran regocijo de la pelota que creía poder volver a volar.

Pansy hizo su aparición en la sala común y se quedó mirando su cuerpo con expresión vacía. No tenía demasiado claras sus inclinaciones después de ese asunto con Potter y sentía un desorbitado pánico ante la perspectiva de acabar no sólo con Potter si no con cualquier tío.

-¡Pansy! Ven, quiero comprobar algo-La chica le miró, asintió y se acercó a él. La media melena geométrica de profundo negro no le causó nada, ni un triste vestigio de atracción. Con el ceño fruncido, cogió a Pansy de la mano y la arrastró hasta su habitación.

-¿Qué haces, Draco?-No respondió, dejando a su snitch sobre su escritorio.

Con gran seriedad y ceremonialidad, las manos de Draco se alzaron y apresaron en un ridículo y poco afanoso agarre el pecho de Pansy. Ella ni se inmutó, enarcando tan sólo las cejas con expresión ácida.

-Nada…-Dejó caer los brazos a los costados con abatimiento. Nada, ni un simple “si están blanditas”. Nada de nada. Nothing de nothing. Echó a Pansy de su habitación de mala manera y se dejó caer de espaldas sobre su colchón con violencia. Sacó su varita y apuntó al inerte Harold reanimándolo y haciéndole volver a la vida. Observó a la pluma revolotear jovialmente a su alrededor con distracción. Pero, de hecho, no le entretenía demasiado. Estaba absorto, atontado. Quería ver a Potter. Sólo para comprobar si verdaderamente había cruzado la calle.

Harry y Draco se levantaron a la vez, el primero con más problemas que el segundo, y al mismo tiempo se encaminaron ambos hacia las mazmorras y las almenas respectivamente. A Draco le acompañaba Harold, flotando dócilmente a su lado, y Harre iba solo con sus pensamientos. Tarde o temprano, estaba claro que acabarían encontrándose. El punto del camino en el que lo hiciesen era incierto, pero definitivamente se encontrarían. Sus pasos resonaban huecos en la piedra y cuando Draco subía y Harry bajaba una escalera que empezó a moverse en el momento en que sus pies tocaron al mismo tiempo los escalones se vieron y Harold dio unas alegres piruetas revoloteando hacia Harry.

Se aproximaron el uno al otro casi con cautela y se miraron en un tenso desafiar en el que no se podía adivinar si no una especie de atracción parecida a la de los imanes.

-Potter…

-Malfoy…-La escalera se detuvo y se tambalearon, a punto de caer rodando por los escalones. Bajaron no sabían exactamente dónde, parecía que era el piso que llevaba al gran comedor, y deambularon en silencio hasta dar con un corredor más o menos vacío que aparentemente terminaba en una puerta hacia los terrenos.

Harold voló peligrosamente cerca de la espalda baja de Potter y él siguió su vuelo con la mirada. Frunció el ceño, pensativo. Esa podría ser la prueba definitiva. Alzó la mirada al corredor y miró hacia todos lados, confirmando que no hubiese absolutamente nadie. Comprobado lo desierto del interminable y estrecho pasillo, Draco tomó la decisión de experimentar y apostar el todo por el todo.

Su brazo se movió hacia atrás tomando impulso, la palma de su mano se curvó y el brazo antes atrás se disparó hacia delante haciendo a su mano colisionar con un chasquido que hizo saltar a Potter del susto. Se mordió el labio de forma inconsciente al tocar, durante unos segundos, el Gryffindoresco trasero de Potter y dejó de contener la respiración cuando algo parecido a la emoción cruzó como un rayo todo su cuerpo, de la cabeza a los pies.

Recordó lo de Pansy y lo comparó con lo sentido en esos segundos. De la nada absoluta a una especie de cosquilleo en la palma de la mano y una divertida sensación de desahogo. No estaba mal. Podría probar con algún otro que no fuese Potter, pero no le apetecía…

Y así llegó a la conclusión.

No era ni hetero ni homo, ni siquiera bi. Era algo así como Potterfílico. Eso le daba miedo y cierto asco, mucho asco de hecho, pero era la única solución que se le ocurría.

También llegó a la conclusión de que a lo mejor era un muy muy raro fetiche Gryffindor.

-Definitivamente Gryffindor es mejor que Slytherin-Lo masculló, en voz baja, dando a Pansy el nombre de Slytherin y a Potter el de Gryffindor. Demasiado tarde se dio cuenta de lo que había hecho y dicho y recuperó su cordura, justo cuando acababan de salir a los terrenos a través de ese corredor y Potter se detuvo frente a él mirándole con curiosidad.

-¿A qué ha venido eso?

-Lo que queramos cuando queramos-Se encogió de hombros y alzó el rostro hacia el sol, necesitado y anhelado sol.

-Tu filosofía me inquieta.

-Menudo palurdo…-Bufó. Harold, al que había olvidado momentáneamente, se dejó caer plácidamente sobre la hierba y eso mismo hizo él sentándose con las piernas cruzadas.

-No me llames así, Malfoy.

-¿Prefieres idiota? ¿Oligofrénico?-Potter se dejó caer muy poco elegantemente a su lado.

-Eso te va a costar caro.

-Merece la pena-Giró el cuerpo, no conscientemente, hacia Potter descruzando las piernas y estirándolas sobre la hierba. Sin la enorme y gruesa túnica tenía un frío que no era normal pero estaba mucho más cómodo y no le pesaban los hombros.

Harry se quedó mirando a Malfoy como idiotizado. El sol y la luna, había descubierto eso hacía poco, le daban un brillo extraño. La luna le hacía frío hasta dar una mágica sensación de eteriedad. El sol, sin embargo, le daba algo de humanidad. Iluminaba su piel pálida de forma que pareciese verdaderamente humana y suavizaba sus rasgos crueles y sádicos. Sus ojos vacíos o llenos de rencor se colmaban de esa luz anaranjada. Además, no estaba contando con la postura. Incitante…

-Eres un imbécil, Malfoy. Provocador, un imbécil provocador-Harold se irguió y se fue volando unos metros, dando vueltas en el aire y joviales piruetas. Creyó ver una sonrisa formarse en los labios de Malfoy a la vez que sus cejas se enarcaban con distinguida incredulidad.

Toda precaución era poca y, antes de rodar hacia un lado y pasar un brazo sobre la cadera de Malfoy, escudriñó el horizonte en busca de gente. Nadie que se fijase especialmente en ellos. De hecho, apenas había un par de personas y estaban muy lejos. Así que se soltó. Enfermo, preocupado, traicionero, con sentimiento de culpa… qué más daba todo eso cuando la persona a la que más odiaba tiraba de su corbata con esos dedos largos y le besaba. Sólo le besaba, no le tocaba. Malfoy nunca le tocaba, por lo que esa palmada inesperada en el culo había sido una gran sorpresa. Pero sólo eso, sólo sus besos, eran suficientes.

Lo incómodo de la posición le pasó factura a su espalda unos minutos después y no muy convencido mordió el labio inferior de Malfoy antes de separarse definitivamente y estirar la espalda dejándose caer tumbado en la hierba. Harold voló hasta él y se posó sobre su pecho.

Draco tomó aire profundamente e imitó a Potter. No había sentido nada tocándole a Pansy el turgente pecho, pero el corazón le latía en los oídos sólo por haber estado besando a Harry-imbécil-Potter.

Empezaba a pensar que tenía un problema, un problema muy serio. Su problema se volvió aún más serio cuando Potter le tocó el pelo sin venir a cuento y un escalofrío le recorrió la espalda de forma inesperada y traicionera.

Gruñó y miró a Harold volar a contraluz, tapándole el sol.

Por un lado, le gustaba sentir. Era cálido, era… bonito…

Pero seguía siendo Draco Lucius Malfoy y eso era algo difícil de cambiar.

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