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16-Tener una snitch como mascota.

El odio era un sentimiento delicado, una forma de percibir a algo o a alguien que podía cambiar con el más suave soplo de cualquier otro sentimiento independiente a él. Definitivamente no era algo inamovible e invariable y todo el que tuviese dos dedos de frente podría deducir que todo lo contrario al odio no era si no la indiferencia.

Podría ser que dada esa reflexión Draco no sintiera sorpresa sólo por ella. Había vuelto a su cuarto solo, haciendo jurar a Potter que le devolvería su ropa al día siguiente, y miraba el techo como si fuese el de la Capilla Sixtina. No conseguía dormirse por muy cansado que estuviera.

Se había dado cuenta de que toda la tarde había estado buscando a Potter y eso no le gustaba.

Poco a poco, hundiéndose en el silencio, Draco fue quedándose dormido.

Fuera, en los terrenos, la luna mordida parecía sonreír.

Harry entró en su sala común evitando a Ron y Hermione. No quería hablar con ellos y tener que mentirles. Cuanto más pospusiese el momento, mejor. Al fin y al cabo, estaba seguro de que no iban a entenderlo demasiado bien y de que le echarían la culpa a algún malintencionado hechizo de Malfoy para llevarlo al lado oscuro.

Apenas se dejó caer sobre la cama se quedó dormido, con la ropa de Malfoy puesta y una posible frase que decirle a Cho entre los dientes.

***

Cho se miraba las manos con detenimiento. ¿Por qué no había vuelto Harry? ¿Se había equivocado otra vez?

Suspiró, algo triste y desanimada, al descubrir que esa vez tampoco había funcionado. Ella no sabía el por qué no conseguía a nadie. Admitía que era algo interesada y superficial, pero le ponía triste que todos pensasen lo mismo de ella.

Miró a través de la ventana y le vio. Harry estaba en los terrenos. Desde esa distancia era apenas una mancha resaltando bajo la luz tenue. Cerca de él había otra mancha. Inclinada en la ventana, con los ojos entornados, distinguió el pelo rubio y sólo fue capaz de atribuirlo a una persona.

Cho Chang observó la escena entre sorprendida y algo furiosa. Aunque el enfado no le duró. Nunca fue capaz de eso, no era tan fuerte como para enfadarse de verdad.

Con que eso era… esa era la razón por la que Harry parecía tan ausente.

Cho negó con la cabeza y sonrió. Al final todo era como tenía que ser.

El lunes Draco despertó muy cansado y se metió la ropa de Potter, tirada en su cuarto de baño, en la mochila para devolvérsela. Esperó no tener que explicarle a nadie el por qué llevaba esa ropa y simplemente se dirigió a la primera clase del día dispuesto a aguantar lo que fuese que dijese el profesor de turno hasta que tocase clase con Gryffindor y pudiese hacer la transacción.

Casi al final de la jornada lectiva, en la hora de herbología, los leones se acercaban al invernadero a las vez que los Slytherin. Con disimulo, abrió su mochila y le hizo un gesto a Potter para que se acercara. Durante la transacción no dijeron nada. Adiós ropa de Potter, hola ropa de Malfoy. Nada más.

No era como si no se conociesen o como si les diese vergüenza hablar, era sólo que no había nada que decir. Y cuando no había nada que decir, lo más inteligente era permanecer en silencio. Fue durante la hora de herbología, mientras aproximaba con un hechizo una lombriz a una extraña planta con forma de pez, que Potter se le acercó con su propia planta.

-¿Has pensado una petición?-Hizo revolotear la lombriz antes de dejar que la planta se la comiera, medio aburrido.

-Sí. Quiero que me caces una snitch-Miró a Potter y descubrió que estaba en un ciclo de tonos pálidos que terminaron en una especie de marrón enfermizo.

No sabía por qué quería una snitch, pero seguía queriendo una. Le llamaban la atención y ya que Potter era el mejor cazador de la historia de Hogwarts… púes que se ganase su respeto de esa forma.

Levitó otra lombriz hasta la boca de la planta y se entretuvo jugando a acercar y alejar el alimento de la ansiosa planta que, cansada de su juego, casi le mordió un dedo. Frunció el ceño y decidió castigar a la planta, dejándola sin lombrices un rato.

-Vale. Esta noche la tendrás. ¿A las diez en las mazmorras?

-Allí estaré-Potter se alejó, de vuelta con sus amiguitos, y él se cansó de hacer sufrir a la planta y le levitó otra lombriz . Iba a ser interesante. Sí, definitivamente muy interesante.

¿Cómo haría Potter para que la snitch obedeciera? Le gustaría a él ver eso…

Con un suave oscilar, una nueva lombriz hizo unos cuantos tirabuzones y fue engullida.

***

Estaba pensando en cómo cazar una snitch delante justo del campo de quidditch. Las pelotas no las guardaba él, tendría que pedirle a McGonagall o usar las de entrenamiento…

Suspiró. ¿No podía habérsele ocurrido cualquier otra cosa a Malfoy? La verdad era que se esperaba cualquier petición.

Cualquiera excepto esa.

Con paso decidido, acabó en los vestuarios de Gryffindor con el baúl de las pelotas de entrenamiento frente a él. Lo abrió y las bludgers se sacudieron con furia. La snitch, pequeña y dorada, tenía un ala lesionada y tal vez iban a tener que cambiarla por otra.

La cogió con suavidad y cuidado, de forma casi delicada, y estiró el ala dañada despacio. La pelota tembló, pero no intentó escapar. Con ese ala, iba a ser difícil que pudiera hacerlo…

Al final, había resultado mucho más sencillo de lo que había imaginado atrapar una snitch para Malfoy. Apenas había tenido que agacharse, abrir el baúl y cogerla. No había sido un reto para él, ni siquiera había supuesto un gran esfuerzo.

Eran las ocho, tenía tiempo de sobra, pero con una de esas corazonadas que él nunca ignoraba se dirigió a las mazmorras.

Draco estaba apoyado contra la pared de las mazmorras, al lado de la entrada de su sala común, porque dentro había una pequeña celebración cuyas razones él desconocía que había terminado agobiándole. Nunca había sido demasiado sociable y ese tipo de cosas le sacaban de quicio. Sobretodo por la hipocresía más que visible de los que intentaban hablar con él. ¿Qué se creían?

Un destello dorado le hizo reaccionar de forma automática y sus brazos se alzaron hasta atrapar una pelotita brillante y temblorosa que se quedó entre sus dedos sin moverse. Alzó la mirada tras haber identificado la snitch y miró a Potter con indescifrable expresión.

Inspeccionó la pelota, descubriendo su lesión en el ala, y la lanzó al aire sólo consiguiendo que ésta volviera a su mano. Sonrió, con acidez y sin un mero ápice de alegría, y siguió analizando la bolita dorada con curiosidad.

-¿Una snitch lisiada? No me extraña que acabases tan pronto-Potter se situó a su lado y le arrebató la pelota.

-Es Eilisia Samantha. Al menos, así es como llamaban los otros jugadores a esta pelota en los entrenamientos…-Asintió y extendió las manos para que su posesión le fuese devuelta. La pelota fue dejada sobre sus manos.

-¿Cómo es posible que sepan que es de género femenino?

-No creo que tú digas el snitch, Malfoy…-Se encogió de hombros y se despegó de la pared bien erguido, mirando a Potter de arriba a abajo con aire suficiente. Iba a darse la vuelta para murmurar su contraseña, pero Potter le detuvo antes con un toque a su hombro.

De mala gana, cansado y con demasiadas cosas en las que pensar, se giró.

-¿Qué demonios quieres? Si es un agradecimiento lo que esperas, te deseo suerte.

-Tenemos que hablar, Malfoy-Cómo no… En cierto modo, se lo esperaba. Que Potter pidiese explicaciones, aclaraciones. Blanco y en botella, como solía decirse. Si no se le daba información concreta, el chaval se bloqueaba. Así que, Draco sabía que tarde o temprano tendría que dar explicaciones.

-Te odio, Potter. Tú me odias a mí. Disfrutemos de nuestro odio mientras podamos.

-Normalmente las personas que se odian no corren al encuentro la una de la otra-Con una sonrisa de superioridad, se pasó una mano por el pelo y luego recorrió la esférica superficie de Eilisia Samantha con un dedo.

-Entonces tendré que suponer que no me odias.

-Cállate, Malfoy… lo que quiero decir es que…-Hizo un gesto con la mano, deteniendo las palabras de Potter.

No necesitaba ningún discursito. Esa snitch le había aclarado un poco el cerebro con un suave batir de su ala sana.

-Nada, Potter. Hagamos lo que queramos cuando queramos y punto-Potter le miró y él miró a Potter, cada uno de esa forma que les hacía únicos. De sus ojos apenas y salía algo de odio con un poco de desprecio y una frialdad heladora, lejana. De los de Potter, odio en estado puro pero una comprensión difícil de entender.

-Lo que queramos cuando queramos.

-Y punto.

-Y punto…

-¿Puedes dejar de repetir lo que digo? No, de hecho, deja de repetir lo que digo-Eilisia Samantha batió un poco su ala y Potter se le acercó hasta que la pared era lo único hacia lo que podía huir.

-Lo que queramos cuando queramos…-A Potter se le había rallado el disco…

-Exacto-Y antes de que pudiese decir nada más, Potter le había besado de forma fugaz y casi imperceptible.

Sí, bien pensado… podría acostumbrarse a eso…

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