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14-Hablar en lenguas muertas sólo para ver la cara que se le queda a la gente.

Hermione estaba leyendo cuando Harry entró en la sala común.

Al principio, sólo alzó algo la vista y sonrió. Luego, empezó a preocuparle el silencio de Harry cuando éste tomó asiento a su lado.  Le observó unos segundos, extrañada por la fijeza con la que Harry miraba las llamas de la chimenea. Parecía abducido, en otro mundo. Y furioso.

-¿Harry?-Su amigo dio un bote pequeño en el sillón y fue como si un poco de luz volviese a sus ojos, como si Harry volviese a ser Harry. Y le miró y durante un momento pareció tan desconcertado, tan perdido y horrorizado, que no supo qué más decirle.

-¿Qué pasa, Hermione?-El silencio duró, pesado como una roca, hasta que Ron bajó las escaleras de los dormitorios y vio a Harry. Su sonrisa se extinguió al percatarse de la mirada de éste.

-¿Estás bien, Harry? ¿Te duele la cicatriz o algo?-Harry negó lentamente con la cabeza y rió. Ron y Hermione intercambiaron una mirada entre preocupada y asustada mientras Harry negaba con la cabeza como si no pudiese creerse algo.

-Estoy bien, Ron, estoy bien…-Ni Ron ni Hermione se lo creyeron. Desde que Harry fue a vigilar, o eso les dijo él, a Malfoy en esa ausencia repentina y extraña sospechaban que algo pasaba. De hecho, lo sospechaban desde mucho antes pero entonces empezaron a pensar que era verdaderamente grave y catastrófico.

De pronto, Harry se llevó las manos a la cara con tanta fuerza que sonó como un estrepitoso doble bofetón y empezó a negar con la cabeza. Ninguno de los dos sabía qué hacer porque tampoco sabían qué le pasaba a Harry.

Por su parte, Harry apenas era consciente de la preocupación de Ron y Hermione. Su mente sólo insistía en un desconcertante “Has besado a Malfoy”. Y lo peor de todo, lo que le desquiciaba hasta el punto de casi enloquecerle, era que no le había disgustado.

***

Draco estaba sentado en la mesa de Slytherin el día siguiente a la hora del desayuno.

En ese momento todo parecía normal, todo era como tenía que ser. El ardor en sus labios había desaparecido, el hormigueo y la rabia habían descendido. Lo único que quedaba y que crecía era el desconcierto.

No tenía una razón lógica, plausible, por la que… eso… pudo ocurrir. Nada de lo que pensaba le convencía, todo le resultaba absurdo o demasiado rebuscado.

Así que, mordisqueando sin ganas una tostada, llegó a la más obvia conclusión.

Lo hizo porque le apetecía.

¿Por qué le apetecía? Eso sí que no lo sabía. Tal vez fue culpa del tango o de la canción, podría ser que fuese culpa de un lado sadomasoquista oculto. A ese respecto no quería insistir. Ni pensar en ello.

Un silencio enfermizo se extendió sobre el gran comedor cuando tres pares de pasos resonaron en el espacio. No necesitó alzar la mirada para saber de quién se trataba, pero el silencio empezaba a resultarle extraño. Incluso para Harry-soy-imbécil-Potter, el libro andante y la comadreja ese respeto era demasiado.

Oía cuchichear, hablar a la gente en voz baja. Captó un par de palabras y entonces lo comprendió.

Chang se había asegurada de que todo Hogwarts estuviese enterado de su adquisición.

Y una rabia irracional bulló en su pecho.

La tostada cayó con un ruido suave sobre el plato. Creyó que el rechinar de sus dientes sonaba más fuerte que todas las voces de todas esas personas. No eran celos, de eso estaba seguro. Y no, no era un inútil autoconvencimiento. Lo que le hacía apretar la mandíbula hasta hacerse daño era la actitud de Chang.

Chang usaba a Potter como si fuese un bolso. Mirad lo que tengo, chicos. Eso era lo que Chang quería decir, lo que Chang hacía. No sabía para cuándo había enseñado a Potter a moverse más o menos decentemente, pero esperaba que Chang se llevase los pisotones que se merecía.

Concentrado en su odio y desdeñosa actitud, el toque en su hombro le espantó tanto en ese estado de alerta tensa que casi saltó. Cualquier otro lo habría hecho, pero él no. Sólo giró la cabeza de forma sutil, apenas lo suficiente para dilucidar un escudo de la casa Gryffindor por encima de su cabeza.

-Malfoy…

-¿Sí, Potter?-Al principio fue como si Potter no supiese cómo hablarle, como si de pronto se hubiese vuelto muy tímido.

-Lo de Cho es esta noche…

-¿Et?

-¿Cómo?-Enarcó las cejas, pero no dijo nada al respecto-Lo que sea… el caso es que yo no tengo nada decente que ponerme y que no sea de Dudley y…

-Más despacio, Potter. ¿Pretendes que te preste ropa? ¿Te has vuelto loco?

-Púes… sí, esperaba que lo hicieras-Estuvo tentado de reír y lo hizo, dejó escapar unas cuantas risas calmadas e incrédulas y negó con la cabeza.

-¿Y qué saco yo de vestirte, Potter? Casi prefiero que desilusiones a Chang con tu cuestionable gusto para vestir-Potter se tomó la libertad de sentarse a su lado. No había rastro de la comadreja y el libro andante en su campo de visión. Volvió a morder la tostada, sólo un poco.

-Yo qué sé, Malfoy. Tómatelo como si hubiese empezado una pelea contigo y pide-Le pareció un trato justo y asintió sin nada más que decir, dándole otro mordisco pequeño a la tostada que no estaba ni a la mitad y dejándola de nuevo sobre el plato con un movimiento suave-Entonces… ¿cuándo?…

-Agradece que no tengamos clase y que pueda ocuparme del asunto ya, Potter-Y se levantó, dejando a Potter a medio responder en la mesa. Sabía que le seguía, claro, y por eso no aminoró la marcha hacia su sala común.

Muchos alumnos miraron con extrañeza al prefecto de Slytherin seguido por Harry Potter, nada más y nada menos que su enemigo jurado, a la sala común y después a la habitación reservada al primero. Pero, dadas las excentricidades de las que de tanto en tanto era cometedor Malfoy, simplemente pensaron que sería una de tantas.

Para Draco sin embargo no era si no una obra de caridad de esas que tenía que hacer de cuando en cuando. Además, ya que Chang quería presumir… que presumiera con razón al menos.

Se sentó en su cama y cruzó las piernas, dejándose caer algo hacia atrás para apoyarse en los antebrazos.

-Sírvete, Potter-Hizo un gesto con la cabeza hacia su baúl y dejó que Potter trasteara dentro, planeando desinfectar el contenido inmediatamente después.

Lo primero que Potter sacó fue una carísima blusa de seda negra. Negó vehemente con la cabeza. Ni loco dejaría que Potter se pusiese esa blusa en concreto. Valía más que su vida.

Después de eso, hizo demasiadas combinaciones imposibles y horrendas hasta que finalmente recibió su aprobación. Al menos no había desordenado demasiado, eso era de agradecer.

-¿Dónde…?

-Allí-Señaló también con un gesto de cabeza la puerta que daba a su cuarto de baño y cuando Potter desapareció a través de ella se dejó caer de espaldas en el colchón. Alcanzó su varita con un brazo perezoso y murmuró ese hechizo, mousike, dejando que la sala se llenase de esa música que tan adictiva le resultaba.

Era muggle, pero era ese tipo de música que él oiría aunque estuviese compuesta por un perro.

Cerró los ojos y movió los labios sin emitir ningún sonido, sólo dejando que el aire se contagiase de esa pasión por la buena música con palabras no pronunciadas. Apenas y abrió un ojo cuando oyó abrirse la puerta del baño.

-¿Qué tal?-Se incorporó a medias y evaluó a Potter en conjunto.

Una blusa de color esmeralda, no se explicaba como el verde podía ir tan bien con un Gryffindor, y unos pantalones negros. Elegantemente sencillo, no era necesario nada más.

-Kalós.

-¿Qué?

-Olvídalo, Potter. Eres demasiado estúpido para conocer griego antiguo. Quería decir que no está mal-Terminó de sentarse y descruzó las piernas, pasándose una mano por el pelo.

-Lo que no tengo son zapatos…-Miró los pies de Potter. Llevaba unas zapatillas de deporte bastante normales. Creía haber oído a unos alumnos de Hufflepuff algo sobre esa marca muggle. ¿Cómo se llamaba? Convis o algo así. El caso es que daban un toque desenfadado al conjunto que no hacía parecer a Potter uno de esos siesos recargados.

-No, están bien… podría mejorarse, pero yo no puedo hacer milagros-Se percató también del desastre capilar que era Potter y arrugó la nariz-Neque hacer nada con ese pelo, claro…

-Si no dejas de decir palabras raras, Malfoy, me rasgaré las vestiduras-Se levantó, despacio, y se acercó a Potter hasta parecer lo suficientemente amenazante.

-Haz eso y yo mismo me encargaré de que estés muerto para el martes a más tardar-Potter dio un paso adelante y alzó la barbilla con aire arrogante.

-Mira cómo tiemblo-Enarcó una ceja y sonrió avanzando él también un paso, desafiante.

-Oh… Potter puer improbus est…-El ver esa cara de mordedura de limón que se le quedó a Potter fue uno de esos placeres que nunca olvidaría. Mirad a vuestro héroe ahora, aturdido por una frase de nivel básico de latín.

-No sé lo que has dicho, pero tu madre-Se rió, tal vez con más ganas de lo que debería, y le dio la espalda a Potter negando con la cabeza. Volvió a sentarse en su cama. Casi había olvidado la música.

-¿Cuándo has quedado con Chang?

-Después de la comida-El colchón se hundió a su lado y miró a Potter con distracción. Asintió, se dejó caer sobre el colchón y cerró los ojos.

A sort of Rigor Mortis was comin’ over me.

Sonrió un poco ante el chiste, sutil pese a todo. Tan enmascarado el mensaje, tan… elegantemente obsceno. Suspiró como los tontos enamorados, siendo él mismo un tonto enamorado de esa música, e hipnotizado no oyó a Potter preguntar hasta que se llevó un golpe en el brazo.

Abrió los ojos y frunció el ceño.

-¿Qué quieres ahora? ¿Que te haga unas trenzas?

-Decía que qué opinas tú de Cho-Se incorporó de golpe. Por fortuna, esa vez no hubo ningún tipo de mareo.

-¿Tengo que ser sincero, Potter?

-Estaría bien.

-Opino de ella cualquier cosa excepto algo bueno. Así que me encanta la idea de que vayas a salir con ella-Con la repentina urgencia de moverse, se levantó y se apoyó en su escritorio mirando a Potter arrugando su ropa.

Morally, I’m destitute.

-Ya…-Creyó que Potter iba a añadir algo más, pero se estuvo callado. Ahí tirado en su cama no parecía tan… grandilocuente. Era un adolescente nervioso, que no sabía cómo actuar frente a una chica y que estaba aterrado por la posibilidad del rechazo. Cuando empezó a enternecerse, a ablandarse ante la idea, Draco quiso pegarse.

Cortó la música con la varita. O eso creyó. Lo único que hizo fue cambiarla. Bueno, como fuese. No iba a preocuparse por eso en ese momento de debilidad mental.

-No sabía que tú escuchases música. No música muggle, al menos.

-En realidad, sólo a este cantante muggle-Agradeció el poder distraerse de esas sensaciones, de esa solidaridad que empezaba a nacer en su pecho. Él no quería sentir nada que no fuese odio por Potter. No era cuestión de aceras, era cuestión de orgullo. Ni siquiera quería sentir amistad.

La amistad, al fin y al cabo, era hipocresía.

-Es… raro…-Se encogió de hombros y, muy inquieto, retornó a la cama. Potter se levantó y volvió a repasarle para asegurarse de que no había ni un hilo suelto.

En realidad es bastante guapo ¿verdad, Draco? No es un sex simbol, pero sí que es… atractivo.

Negó con la cabeza. Su cerebro era imbécil.

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Evil Onigiri

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