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Tortura anterior | Próxima tortura

13-Cantar una canción muggle.

13-Cantar una canción muggle.

Al despertar Draco agradeció el estar solo. No soportaría otra divertida sesión de remordimientos y recuerdos desbloqueados con Harry-compasivo-Potter. Sería demasiado para su integridad mental.

No estaba demasiado recuperado y hasta tres días después, el sábado, no estuvo del todo en condiciones de salir de su sala común. No mientras fuese de color gris.

Así que el sábado, por fin, Draco salió al mundo.

Muchos le miraron como si no pudiesen creerlo, otros parecían decepcionados y una minoría se mostró feliz. Entre esa minoría feliz se encontraban prácticamente solos Luna Lovegood y Harry-de-dónde-sale-ese-cuatro-Potter.

Éste último también estaba bastante interesado en seguirle por los pasillos mientras se dirigía a los terrenos para que le diera, aunque sólo fuese un poco, la luz del sol. Intentaba ignorarlo, lo intentó en serio hasta que Potter se sentó justo a su lado como si fuese un perro esperando un hueso.

-¿Qué demonios quieres, Potter?-Y Potter sonrió como elfo doméstico que ha recibido un cumplido y luego carraspeó.

-Que me hagas un favor.

-¿Y por qué tendría que hacerlo?-Gruñó, muy acorde con su naturaleza altiva.

Bravo, Draco, estamos en plena forma.

-Porque yo te hice uno a ti-Primero se sorprendió y miró a Potter con disimulada sorpresa. Luego casi sonrió. Con que Potter tampoco hacía nada gratis… eso era algo francamente interesante y digno de analizar con detenimiento.

-¿Y de qué se trata, Potter?-Cedió llevado por la curiosidad y por una cantidad alarmante de tiempo libre. Además, sería una gran oportunidad para demostrar que era mejor que Potter en algo más.

De pronto, Potter enrojeció hasta la punta de las orejas y se puso nervioso. Seguramente sería algo relacionado con alguna chica.

-P… púes… Cho… este… quiere que bailemos en no sé qué fiesta…

Bingo.

-En ese caso o quieres que te enseñe a bailar o quieres que enseñe a bailar a Chang. Y me niego en redondo a lo segundo, Potter-Se sacudió la túnica y esperó que Harry dijese algo más, pacientemente. Se había hecho a la idea de que hablar con Potter era como hablar con un niño pequeño.

-Quiero que me enseñes a bailar-Se lo pensó. Bastante.

Por un lado, mostrar su superioridad ante Potter era algo bueno. Por otra, tendría que tocar a Potter…

Su orgullo pudo más que su escrupulosidad.

-De acuerdo.

***

Miró a Potter con las cejas enarcadas mientras éste paseaba por el pasillo del séptimo piso.

-Ríndete, Potter. No va a aparecer-Potter le miró, frunció el ceño y luego siguió dando vueltas como tonto que era. Si fuese alguien normal, habría bostezado. Su pie golpeaba el suelo de forma rítmica, más rápido por cada vuelta de Potter.

-Ya vale, Potter. Silenciaré mi habitación o vaciaré tu estúpida sala común…

-¡No! ¡Te digo que aparecerá!-Y mientras él enarcaba las cejas y Potter farfullaba con desespero, una puerta surgió en la pared.

Eso sí que no se lo esperaba. La Sala de los Menesteres apareciendo sólo porque un idiota con dos pies izquierdos quería aprender a coordinarse siguiendo un ritmo determinado…

Suspiró, se encogió de hombros y entró.

La sala les había proporcionado un  montón de espacio bien iluminado que prometía tener una acústica perfecta. Sonrió sin quererlo y ordenó a Potter que se acercase con un gesto.

-¿Qué tipo de baile, Potter?-A un lado había una silla y hacía ella se dirigió, sentándose a esperar.

-No sé…¿tango?-Asintió y se puso de pie, frente al inútil de Potter.

-Muéstrame cómo lo haces. Y no, ni se te ocurra tocarme. Tu pareja será imaginaria-Sacó la varita y apuntó al techo de la sala mientras que Potter sólo parecía cada vez más y más nervioso-Mousike.

Un violín rompió el silencio y Potter dio un respingo. La música fluyó por la sala. Llegado el momento, Potter empezó a dar vueltas con un estilo entre borrachera y caminar sinuoso. Se mordió el labio para no estallar en poco elegantes carcajadas y cortó la música con un movimiento de varita.

-Así acabarás haciendo que se maree, Potter-Harry-soy-un-pato-Potter volvía a estar rojo hasta las orejas. Sin duda era un caso especial, delicado. Tendría que esforzarse. Porque, al fin y al cabo, tenía un cierto sentido del honor.

Por lo que Draco por primera vez hizo un sacrificio por alguien y le indicó a Potter que se acercara.

-¿Qué?

-Presta atención. Memoriza cada paso ¿entendido? Ahora tu papel será el femenino para que puedas ver cómo se hace-Al principio Potter pareció reticente pero tal vez la imagen de una desilusionada Chang le animó a dejarse agarrar dócilmente. Con otro golpe de varita, la canción volvió a sonar.

Él mismo estaba concentrado en los pasos. Aunque sabía que el tango no era eso. La técnica no importaba si faltaba el sentimiento, el fervor del tango. Visto de ese modo, Potter y él estaban bailando de forma pésima.

Ya le mostraría eso con teoría.

Pero su cerebro estaba cada vez más lleno de música, más lleno de letras y de movimientos y para cuando la melodía se extinguió estaba empezando a vivir el baile, a ser el verdadero maestro.

-Bien, lo de ser mujer lo tienes dominado. Ahora a ver qué tal la parte que te toca-No pudo ocultar cierta repugnancia en su expresión al ser cogido por Potter y con una nueva floritura de varita la música empezó a sonar.

Esa vez aconsejaba y corregía a Potter mientras bailaban, teniendo que gritar o hablarle al oído. Se llevó un par de pisotones antes de decidir que era hora de decirle a Potter lo último que necesitaba saber haciendo que la canción se repitiera en bucle.

Se miraron, desafiantes. Chispas de odio y aversión cargando el ambiente y volviéndolo tenso. Apenas era un poco más alto que Potter. La introducción de violín etérea a su alrededor.

-Nunca olvides, Potter, que el tango no es técnica. El tango es sensualidad, Potter. No le restriegues el cebollino. Aunque dudo seriamente que sepas cómo, tienes que ser sensual…¿lo pillas?-Potter asintió-Tienes que sentir el tango, cada nota y cada cambio de ritmo tiene que correr por tus venas-Potter volvió a asentir y empezó a guiarle algo vacilante-Y recuerda que un tango es un romance de tres minutos, transmítelo. Siéntelo.

Un último asentimiento por parte de Potter antes de que su cerebro realizase el segundo viaje de la semana. La música se filtró en su cuerpo y la sintió, la sintió como no había sentido nada que no fuese odio. Le hormigueó por todo el cuerpo y sus labios empezaron a formar las palabras de la canción de forma inconsciente.

Entonces miró a Potter y en la ausencia de su cerebro sintió también que le cantaba a él. Al fin y al cabo…

“I'm the fly in your soup, I'm the pebble in your shoe, I'm the pea beneath your bed, I'm a bump on every head, I'm the peel on which you slip, I'm a pin in every hip, I'm the thorn in your side, makes you wriggle and writhe. And it's so easy when you're evil, this is the life, you see… the Devil tips his hat to me. I do it all because I'm evil… and I do it all for free. Your tears are all the pay I'll ever need”

Eran verdades. Verdades como puños. Y su cuerpo se movía con esa furia, con ese odio apasionado que nunca había negado sentir, y los ojos de Potter se estrecharon y se centraron en los suyos.

Ya he vuelto Draco… oh, ahora si estás ocupado… mejor me voy y te dejo con mi amigo Sentimiento Crudo.

Se pasó la lengua por los labios, secos, y sus brazos le acercaron más a Potter. O los brazos de Potter. Demasiados brazos para saberlo.

Cada movimiento se le clavaba en el pecho y ardía. Draco se dio cuenta de que estaba siendo incitante sin proponérselo, que estaba viviendo el tango y lo estaba haciendo nada más y nada menos que con Potter. También se dio cuenta de que Potter hacía lo mismo.

Y supo que su tango se guiaba por el odio… por el odio y… ¿por algo más? ¿Pero qué algo?

Jadeó al ser sostenido con fuerza contra Potter, demasiado cerca. El automático “Qué asco” de cuando Potter le tocaba no apareció. Desde tan cerca pudo ver que Potter se había sonrojado, tal vez por el esfuerzo. No podría asegurarlo.

El mundo giró cuando él giró y descubrió con desagrado que no podía dejar de mirar los ojos tras las espantosas gafas. Tampoco podía dejar de moverse. Y no era porque Potter bailase bien, cosa imposible siendo un principiante.

Era por todo lo que transmitía.

Te quiero cerca, ahora lejos, ahora a mis pies, ahora inclinado. Luego te odio, te trato mal, te daño. Y vuelvo a quererte cerca y vuelvo a odiarte y vuelvo a alejarte e inclinarte. Y entonces te vuelvo a querer y… y nada más.

A menos de un palmo, respirando por la boca porque les era imposible hacerlo por la nariz, la música siguió allí dándole a la situación algo de irreal. Sentía su cintura apresada con fuerza por un brazo de Potter y su nuca corriendo la misma suerte a merced de una mano enredada entre mechones de pelo rubio.

“I'm the fear that keeps you awake, I'm the shadows on the wall, I'm the monsters they become, I'm the nightmare in your skull, I'm a dagger in your back, an extra turn on the rack, I'm the quivering of your heart, a stabbing pain, a sudden start.”

Murmuró, casi recitó, mirando fijamente a Potter mientras éste le devolvía la mirada con intensidad. Pudo oír el sonido de la saliva de Potter al ser tragada con urgencia y tensión.

-Lo sé-No supo por qué Potter había respondido, no supo por qué estaba TAN cerca. Sus labios prácticamente se rozaban. El ambiente era tenso, pero era un tensión distinta a la del principio.

¿Draco? Ahora sí que vuelvo. No hay plazas en el ho… oh… vaaaya…

Su cerebro llegó unos segundos demasiado tarde. Justo en el momento en que sus labios chocaron con furia contra los de Potter y la mano sobre su nuca presionaba para acercarle más. Entre beso y beso, murmuraba con rabia “Te odio” una y otra vez, “te odios” a los que Potter respondía de la misma manera, con desenfreno y locura casi etílica.

A su lengua llegó el sabor metálico y algo dulce de la sangre, Potter le tiraba dolorosamente del pelo y una de sus manos apretaba el hombro ajeno como una garra.

Sólo se oían las respiraciones fuertes, las palabras de odio, los gruñidos.

Y la música, imperturbable, como en un sueño. La música, recorriéndoles el cuerpo en forma de corrientes eléctricas. Hasta que consideró que era suficiente y paró. Y ellos lo hicieron a la vez.

Se miraron, con los ojos desorbitados.

Con pánico.

-¿Qué has hecho Potter?

-¿Yo?-Recuperó el ritmo normal de respiración y se pasó la lengua por los labios. Más sangre. Habían dejado claro que se odiaban, él odiaba definitivamente a Potter… ¿qué había pasado entonces? ¿La magia del tango? ¿Se les había contagiado el ardor del baile?

Su orgullo no aceptaba otra respuesta.

Con la cabeza bien alta enarcó las cejas y se alejó de Potter con pasos taimados, dirigiéndose a la puerta.

-Haz lo mismo con Chang, Potter. Al menos así no se dará cuenta de tu falta de técnica.

La puerta se cerró con un golpe suave a su espalda.

Harry se quedó mirando como si fuese tonto esa puerta. ¿Qué había pasado?

Sacudió la cabeza.

No estaba seguro de querer saberlo.

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