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Resumen y disclaimer:

Muchas veces se pregunta cómo empezó todo.

Si su padre no se hubiese empeñado en que tuviese esa cita...si a esa cita no hubiesen obligado a ir a Harry Potter...si no se le hubiese ocurrido esa extraña idea...

También se pregunta cómo habría sido su vida si Harry Potter no hubiese visto su lista...

De todas formas, es demasiado tarde para preguntar cuando, por tonterías, has acabado teniendo una snitch lisiada llamada Eilisia Samantha.

Los personajes y contextos utilizados en este proyecto pertenecen a Joanne-voy-a-masacrar-a-medio-mundo-y-a-escribir-el-peor-epílogo-de-la-historia-Rowling.
22-Jugar a “Conectar los puntos” en la cara de Ron.

-¿Estás bien, Draco? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué huele a quemado?-La cabeza le iba a estallar por el golpe y el frío del suelo de las mazmorras no ayudaba demasiado a que se encontrase mejor. Potter le abrazaba demasiado fuerte y le dolían las costillas ya de por sí magulladas al haber caído con todo su peso sobre el pecho.

-Me estás haciendo polvo…-Potter pareció entender que si seguía apretándole alguna costilla le perforaría el pulmón y le ayudó a sentarse contra la pared. No vio a Granger y Weasley hasta ese momento. Los dos les miraban con perplejidad y sorpresa, como asustados.

-Apareció. Ya sabéis de quién estoy hablando. Me dijo que me uniese a él. Me negué y recordé lo que Granger dijo sobre el fuego-Suspiró, guardando unos segundos de silencio en honor de su fallecida túnica-Quemé una de mis túnicas.

Hablar le producía un lacerante dolor en el labio partido y el sabor metálico de la sangre le daba nauseas. Sin duda alguna había tenido momentos mejores.

Potter le colocó el pelo tras la oreja como si fuese su madre y le inspeccionó de la cabeza a los pies para corroborar que estuviese entero. Cada toque de Potter desencadenaba un gruñido y una maldición por el enorme dolor, al menos en las partes sobre las que se había caído.

-Harry…-Granger estaba en cuclillas al lado de Potter con una mano temblorosa sobre su hombro. Estaba pálida y seguramente muy asustada y sus ojos estaban rojos y brillaban como si quisiese llorar. Weasley no tardó en unirse, colocándose al otro lado de Potter, con un aspecto bastante parecido al de su mejor amiga-¿Qué vamos a hacer? Está cerca…

Potter le miró. A él y sólo a él. Entre el susto y los golpes no tuvo fuerzas ni para intentar patearle por mirarle tan fijamente.

-Acabaremos con él. Si lo mío con Voldemort ya era personal antes, ahora lo es aún más-¿Por qué el muy imbécil siempre metía la pata? Por mucho que las caras de Weasley y Granger fuesen todo un poema, no era prudente que dijese cosas como esa con tanta ligereza.  Su estúpida e innecesaria nobleza acabaría por meterles en un lío.

-¿A qué te refieres…?-La voz del libro andante sonó insegura, asustada. Él rezó todo lo que sabía a Salazar, a Merlín y a Godric -por si acaso- para que no terminase de meter el pie en el agujero.

-A nada, Herm-Por el momento podía despreocuparse por su vida. Al menos, por la parte de su vida que él le podía arrebatar. El Lord era otro tema mucho más delicado.

Weasley y Potter se levantaron y Granger  se quedó mirándole con la nariz arrugada y el ceño fruncido.

-Voy a curarte…-Los hechizos curativos enviaban agradables sensaciones de tranquilidad por su cuerpo paradójicamente mezcladas con dolores insoportables. Al terminar, la chica le miró como si esperase algo y él no dijo nada. Tras unos minutos tensos de silencio y miradas desafiantes, Granger se levantó con un suspiro y se unió a Potter y la comadreja que hablaban a un lado.

Se levantó apoyándose en la pared y comprobó que todos sus huesos y articulaciones funcionasen antes de andar a pasos cortos hacia el trío. Potter y Granger le hicieron un hueco e intentó seguir el hilo de la conversación.

Fracasó estrepitosamente.

A los pocos segundos ya estaba ocupando el cerebro en unir las pecas de la cara de la comadreja para formar figuras. Por el momento llevaba un dragón, una araña, una moneda y una pluma.

-¿Estás seguro de querer enfrentarte a él? Antes no querías hacerlo…

-Sí, Herm. Estoy seguro-Así lo único que Potter conseguiría sería que le matasen. Una sensación fría le atenazó la nuca causándole un desagradable escalofrío.

-No seas estúpido, Harry. Antes tendrás que planear algo-Las tres cabezas se giraron hacia él como si tuviese todas las respuestas y fuese a decirles exactamente lo que tenían que hacer. La realidad era que no tenía ni la menor idea de qué decirles-Y no he querido decir que yo tenga algún plan.

Potter, la comadreja y el libro andante parecieron deshincharse y las sonrisas que lucían desaparecieron. Los tres miraron fijamente el suelo, y él se preguntó cómo podían ser los héroes de Hogwarts si no eran capaces de trazar un plan con rapidez.

-Tengo una idea-Creía que iba a ser el único, pero Potter y Granger también miraron a la comadreja con incredulidad. La comadreja se sonrojó, ofendida-Podemos aprovechar su vínculo con Harry para saber cuándo está cerca y atacar antes de que se recupere.

Potter asintió sin más. Granger meditó la idea. Su expresión varió mucho hasta que encontró la mueca adecuada y alzó la cabeza con entusiasmo.

-Es una buena idea-El trío asintió. Él no estaba tan seguro de que fuese buena idea. El Lord posiblemente había pensado en eso. Suponía, claro… porque si había conseguido sobrevivir durante tanto tiempo con esos tres incordiando habría aprendido a prever sus movimientos y prepararse para ellos.

-No sois nada retorcidos-Una idea estaba empezando a formarse en su mente poco a poco. Era descabellada y muy arriesgada, pero estaba seguro de que era algo que el Lord nunca llegaría a imaginar que el alegre trío Potter pudiese hacer.

-¿Y cuál es tu idea, Malfoy?

-A eso voy, Weasley. Ten un poco de paciencia-Sopesó los pros y los contras de su idea llegando a la conclusión de que podía llegar a ser buena-Podemos atacar desde dentro. Él me quiere en su ejército de mortífagos. Podría aceptar y minar la desconfianza dentro del grupo para impedir que creciera o que siguiese apoyándole.

Lo primero que oyó en respuesta fue un bufido incrédulo de la comadreja seguido por el frus-frus de una túnica al moverse los pies de alguien.

-Entiende, Malfoy, que no podemos fiarnos de ti y que en todo caso tendría que ser uno de nosotros los infiltrados. Espero que entiendas también que no correremos el riesgo de que todo esto sea una trampa.

-Ese truco es muy viejo, hurón-Por eso prefería no pensar…

Si estaba allí era porque le habían atacado, de todas formas. Lo que no le quedaba tan claro era por qué estaban ellos allí.

-Podéis insultarme más tarde si queréis, después de la comida. Estáis aquí conmigo saltándoos clases porque…

-Porque Harry insistió en correr hacia aquí-Miró a Granger con extrañeza. No era la lógica que esperaba de ella.

-¿Cómo?

-No me mires así, Malfoy. Eso fue lo que pasó-A un lado, Potter y la comadreja parecían discutir. No se percató de cómo Granger le miraba, analizándole. Sólo tuvo la molesta sensación de ser observado.

Todo era muy nuevo para él. Desde sentir cosas por Harry-boca-de-buzón-Potter hasta estar allí con sus dos amiguitos del alma proponiendo formas de detener al Lord. Empezaba a estar desconcertado y hasta cierto punto asustado de que su vida fuese a dar un giro tan brusco justo antes de morir. Pero en ese momento Potter le miró y lo hizo de una forma extraña y totalmente nueva para él. Potter le miró como si fuese valioso.

-Confiaremos en ti, Draco. Pero más te vale no tendernos una trampa.

-Eres imbécil-Y sin despedirse, cansado por todo y de todo, se dio la vuelta y se dirigió hacia el aula de pociones.

***

-Herm… ¿qué opinas?-Estaban en clase de encantamientos y Harry llevaba toda la mañana ausente, como en otro mundo. Suspiró y se encogió de hombros mirando a Ron.

-No lo sé, Ron. Parece que sí que se están haciendo amigos. Mejor para Harry ¿no? Ya dijimos que cuantos menos enemigos tenga…-Ron negó con la cabeza.

-No me refiero a eso. Es por… bueno, que Harry supiera en el momento justo que teníamos que ir a las mazmorras-Hermione había pasado mucho tiempo pensando en eso. Algo le decía que tenía que atar cabos, que había recibido la información necesaria, pero tenía una especia de bloqueo. Al principio, siguió con su idea de que Malfoy había hechizado a Harry y le usaba como protector. El pero a esa teoría llegó cuando vio el pánico en los ojos de Harry al ver a Malfoy. Su segunda hipótesis jugó con que Malfoy y Harry fuesen amigos tal y como le había dicho a Ron. No le cuadraba.

La tercera le asustaba. No era prejuiciosa y respetaba que la gente hiciese lo que quisiese con su vida, pero los sentimientos a veces significaban cosas que no favorecían a nadie. Además, seguía sin fiarse de Malfoy.

-Puede ser cualquier cosa-Bien visto, no estaba mintiendo.

Se mordió el labio y apuntó cosas que no necesitaría aprenderse en su pergamino. Al menos así se le pasaría la pesadez de estómago ante la perspectiva de que Harry fuese a sufrir.

Harry, aparentemente en las nubes, había oído parte de la conversación y empezaba a preguntarse cosas. No le gustaba desconfiar de Malfoy pero…

-Harry-Miró a Hermione y ella le miró a él como diciéndole que lo entendía, que había pensado lo mismo y que en realidad no le importaba-Yo pensé lo mismo. No lo hará.

-¿Qué?-Hermione le sonrió.

-Es un cobarde. Se cubrirá bien las espaldas antes de llevar a cabo su plan y no se atreverá a traicionarnos porque si lo hace le atacarán desde los dos flancos. Mientras esté allí, se ganará a Voldemort y no se arriesgará a que le descubran-El proferos Flitwick carraspeó sin llegar a llamarles la atención explícitamente y a regañadientes se centró en la clase sin dejar de darle vueltas al asunto.

Prefería no saber cómo se dio cuenta Hermione. Debía ser una de esas cosas que las mujeres podían hacer. Lo que giraba en su cabeza sin cesar era el argumento.

Cuando la hora terminó, abrazó a Hermione y salió corriendo hacia el gran comedor.

***

Apenas se había sentado cuando Potter apareció corriendo y le arrastró fuera del gran comedor hasta el séptimo piso.

No entendía nada y Potter no parecía muy dispuesto a explicarle el por qué le había secuestrado. Se dejó guiar hasta la sala común de Gryffindor y Potter ni siquiera tuvo la prudencia de decir la contraseña en voz baja como la noche anterior.

Dentro, esquivó alumnos y alumnas y subió con él al dormitorio de los chicos.

-Hermione lo sabe-No sabía por qué tanto dar vueltas si sólo era eso.

-¿El qué sabe?

-Sabe que…-Potter estaba indeciso. Se veía en la forma de rascarse la nuca y evitar la mirada-…que estamos confraternizando.

-Bonita forma de decirlo-De todas formas, él tampoco habría podido soltar algo como eso con ligereza.

-¿No te importa?-Suspiró y se sentó en una de las camas de colchas escarlata. Paseó una mano por la suave tela y observó su piel blanca contra el rojo intenso. Se había cansado de huir y de gritar, de no afrontar nunca nada. Y ese encuentro con el Lord sólo le hacía querer luchar aún más. No podía pasarse la vida sin rumbo, asustado por todo… mucho menos cuando el Lord iba a acabar con todos ellos.

No era que no confiase en su propio plan, era que algo tan descabellado casi nunca salía bien.

-Dado todo lo demás… no es algo demasiado preocupante…-Potter se sentó a su lado. Los colchones de los Gryffindors eran más blandos y al hundirse el colchón su cuerpo se inclinó hacia el lado en el que estaba Potter.

-¿Tú entiendes algo, Draco?-Miró a Potter y vio algo en sus ojos que le recordó a la forma de mirar de Narcissa. Estaban llenos de un matiz cálido y arrullante que le relajaba y hacía que toda la presión se disipase poco a poco.

-No-De pronto Potter estaba demasiado cerca y, tan cansado de huir como estaba, cayó de lleno en su propia trampa de amor-odio y besó a Potter.

Era algo tan raro que no podía ni pensar en que Potter no era una chica. De todas formas, habría sido demasiado tarde para hacerlo. Mientras que su lengua incitaba a la de Potter, éste tiró de él y le llevó sobre su cuerpo encima del colchón. Incómodo pero enganchado a Potter sin solución, se movió hasta colocarse del todo sobre él y profundizó el beso grabando ese momento de paz entre una guerra que no era suya en su cerebro. Sentía a Potter temblar y unos dedos se enredaron en su pelo tirando y soltando, tirando y soltando… Todo era tan intenso, tan fuerte y abrumador, que no podía oír el latido de su corazón porque su cerebro sólo registraba el sonido de la respiración de Potter mezclada con la suya.

No quería pensar, no podía pensar. Sólo quería vivir esos momentos y recuperar todo el tiempo que había perdido.

Una mano fría contra la piel de su espalda le estremeció y dejó de morder los labios y la lengua de Potter para besar la barbilla y la mandíbula.

-No empieces nada que no estás preparado para terminar-Sólo por ver, por primera vez en esos seis años intentándolo de muchas y diversas maneras, a Potter desarmado y sin nada que decir temblando y sin saber cómo salir del lío en el que se había metido… había valido la pena decidir que no le importaría nada más que vivir tal y como quisiera.

-Qué tenemos aquí…-Se congeló. Literalmente. No podía moverse-Eso está muy mal. Debes ser más discreto,Harry. Bueno, señor Malfoy…¿está listo para dejar las hostilidades y unirse a mí?-El Lord intentó entrar de nuevo en su cerebro y reaccionó lo suficientemente rápido como para ocultar por completo su plan valiéndose de su reciente obsesión con Potter.

-Sí.

-En ese caso…-Su cuerpo volvía a poderse mover pero el brusco cambio hizo que cayera y que Potter lo hiciese sobre él-Mala suerte, Harry. Esta partida la gano yo.

Algo parecido a una garra se clavó en su brazo y antes de que todo se volviese negro lo único que pudo ver fueron los ojos de Potter brillando. Brillando en un mundo que antes de que todo eso empezase era frío y gris.

21-Quemar la túnica más cara de su baúl.

21-Quemar la túnica más cara de su baúl.

No sabía qué hacía allí ni por qué estaba aguantando las miradas de rencor y desconfianza de la comadreja y el libro andante. Sólo sabía que el Lord le había hecho un hechizo legeremante sin siquiera abrir la boca y había visto todo lo que había en su mente y eso le producía una sensación de malestar difícil de aplacar.

Podían pasarle muchas cosas si se revelaba esa información; desde que su imagen fría y distante cayese de golpe hasta que Lucius le cruciase por esa osadía y falta de respeto a la familia. Podía también darse la casualidad de que el Lord no hiciese nada con lo descubierto y sólo le matase como iba a hacer con todo aquel que no quisiese seguirle. Porque Draco había decidido que no le seguiría… de ninguna manera. Él podía ser, en cierto modo, una mala persona… pero no era un asesino y no quería destruir nada. Vale, eso de que los muggles dominasen el mundo que los magos tuviesen que esconderse no lo asimilaba para nada bien pero seguía sin querer convertirse en una marioneta a manos de un psicópata.

-¿Cómo ha podido entrar?-El libro andante daba vueltas por la dependencia central de la sala común de Gryffindor moviendo la cabeza y las manos, hablando consigo misma en busca de alguna respuesta a esa pregunta autoformulada mientras que la comadreja preguntaba sin cesar a Potter sobre el aspecto del Lord, el poder que pudiese tener o si iba solo. Potter parecía tan abrumado por las preguntas como él por la situación y lo que menos entendía era cómo se le había ocurrido recurrir a sus estúpidos amiguitos.

-¿Y tú qué hacías ahí, Draco?-Apenas miró a la comadreja alzando la barbilla en clara representación de su superior status.

-Me encontré con Potter haciendo la ronda y le seguí-Esa era toda la información que la comadreja recibiría. Weasley le miró con desconfianza unos minutos en los que se mantuvo firme e inamovible aguantando su mirada con una incisiva y cruel.

-Ron, Draco…

-¡No me llames Draco!-Se hizo el silencio. El libro andante y la comadreja miraban con algo indescriptible en los ojos a Potter. Potter evadió el tema rápidamente levantándose y empezando a andar de un lado para otro igual que el libro andante.

-El caso es que Voldemort está aquí-Señaló con excesiva efusividad un ventanal de la sala y miró a la comadreja y al libro andante con intensidad.

Él, pasado el trauma y sopesadas las consecuencias; sólo quería levantarse, aplaudir y concederle a Potter el premio al mejor cambio de tema del año.

-Harry… dijiste que estaba con alguien más. ¿Sabes quién podía ser?

-Ni idea. Pero no era Pettigrew, eso seguro. Era más delgado-En ese momento él era el único que quedaba sentado mientras que el alegre trío heroico daba vueltas y más vueltas en círculos. No entendía por qué no hacían lo de simple y corrían a contarle a Dumbledore lo que habían visto. Él se mantenía al margen de sus discusiones de amigos y compañeros de batalla y sólo respondía a lo que le preguntaban con secos monosílabos o cortas descripciones. No le apetecía nada estar allí, perdiendo el tiempo ante algo inevitable, en lugar de estar aprovechando lo que le quedaba de vida antes de que el Lord se hiciese con el poder.

-Harry, se me ha ocurrido algo-El libro andante detuvo su caminar por la sala y miró a Potter con un entrañable toque esperanzado.

Precioso.

-¿Qué es, Herm?-Granger desapareció por las escaleras del torreón femenino y apareció escasos minutos después con un libro más grande que su horrible gato. La chica se sentó a su lado y dejó el libro sobre la mesa central, abriéndolo y buscando en las páginas a un ritmo febril sin romperlas.

-¡Aquí está!-La comadreja y Potter acudieron al segundo y se sentaron a sendos lados de Granger, apartándose él discretamente, para comprobar la información.
 
Pese a la maraña de pelo negro y la nuca que tenía en la cara, se las ingenió para ver por encima lo que tan exaltada tenía a Granger.

-¿Aparición, Granger? Te creía más espabilada. No es ningún secreto el que Hogwarts esté protegido contra eso-Granger negó con la cabeza y señaló frenéticamente un párrafo con una alegría inusual dadas las circunstancias.

-Es otro tipo de aparición. Es una aparición de gran nivel desarrollada por magos oscuros hace siglos. Lo malo de este tipo de aparición es que deja al que realiza el hechizo muy débil. ¡Puedes atacarle, Harry!

-No puedo, Herm…

-¡Pero Harry! Además, eso explicaría el que se retirase sólo con la luz de tu varita…

-Gracias por recalcar lo obvio, Granger-Dos pares de ojos le atravesaron y él suspiró negando con la cabeza.

¿Qué estaba haciendo ahí?

-Herm, no puedo vencer a Voldemort así. Él está aquí y aun estando débil y pese a las clases de oclumancia con Snape pudo entrar en mi mente. Puede que yo no estuviese todo lo concentrado que debía, pero pudo hacerlo. No podemos confiarnos…-Por mucho que Potter le soltase a sus amigos, él era consciente de que no aguantaría demasiado sin hacerse el héroe y que en cuanto Granger y Weasley se diesen la vuelta irá al Bosque Prohibido solo para atrapar al Lord.

Si moría, viéndolo por el lado positivo, no tendría que volver a oír esa absurda riña sobre su responsabilidad y su vida… o algo así, no lo había oído todo porque le echaron de la habitación.

-Sabéis que Potter hará lo que le dé la gana ¿no?-Más miradas de rencor, odio y desconfianza le llovieron. Incluso la de Potter en ese caso-No intentéis engañaros. Potter es el héroe y tiene que mantener su posición. Vosotros sois sus amiguitos y no os llevará a la boca del lobo.

Potter tenía cara de querer decir algo, querer decirlo con necesidad y con urgencia, pero su boca se mantuvo cerrada.

-Nosotros confiamos en Harry-Miró a la comadreja con altanería y una sonrisa escéptica y burlona, sintiéndose muy Malfoy por primera vez esa noche que ya empezaba a clarear.

-Púes buena suerte, Weasley.

-Vale. Apartaos. Voy a volarle la cabeza a base de bombardas.

-¡Ron! ¡Draco!-Se mordió la lengua para no gritarle que no le llamase Draco. Total, visto lo visto no iba a hacerle ningún caso-Dejadlo ya. Esto es serio. Y sí, puede que fuese a ir solo, pero es porque no quiero que os pase nada…

Qué conmovedor…

-Chicos, dejadlo ya. He encontrado algo más. Después de aparecerse son inmunes durante bastante tiempo al fuego. Podemos aprovecharnos de eso para atacar rápido y debilitarle aún más-Tenía que admitir que el planteamiento de Granger tenía una cierta y retorcida lógica.

Draco se desconectó de la conversación cuando Potter, Granger y Weasley empezaron a maquinar descabellados planes que no incluían avisar a Dumbledore del peligro y se replegó en sí mismo mientras la claridad empezaba a bañar la sala y algún que otro alumno madrugador pasaba por aquí. ¿Estaba convirtiéndose en uno de los fieles amiguitos de Potter? ¿Era él un amiguito de Potter? ¿Qué narices era él de Potter? La cabeza ya le dolía por el inesperado ataque del Lord, pero tanto dar vueltas a un tema inútil y que no le aportaba nada estaba empezando a hacer que se marease.

-¡Draco!-Parpadeó con rapidez antes de conseguir enfocar la mirada y girar la cabeza en titánico esfuerzo para reconocer a quién le llamaba.

-¿Sí, Potter?-Potter frunció el ceño. No había rastro de la comadreja o el libro andante-¿Dónde se han metido tus amiguitos?

-Han bajado a desayunar. Llevas perdido casi una hora-Iba a decir algo más pero pareció pensárselo. Lo decía, no, sí, no, sí, no, no, no… sí-Y deja de llamarme Potter ¿quieres?

-La verdad es que no, pero si me lo pides con tanta dulzura creo que no podré negarme…

Se levantó y se dispuso a salir de tan Gryffindor lugar con una mueca de desagrado. Potter le seguía cuan alegre lechuza remilgosa.

Libre del agobiante ambiente dorado y carmesí, tomó una profunda bocanada de aire y miró a Potter con una ceja alzada.

-Ten cuidado-Draco tuvo entonces una curiosa reacción. Quiso pegarle, abrazarle, patearle, gritarle que se fuese a la mierda, decirle que no se preocupase y empujarle y correr.

Así que optó por hacerlo todo a la vez, exceptuando esas acciones que requerían actividad de sus cuerdas vocales, y tras abrazarle con una patada y un golpe en la espalda y gritarle que se fuese a la mierda en el proceso… le empujó y salió corriendo hacia el hall para entrar en el gran comedor.

Al llegar se quedó de piedra.

Crabbe y Goyle estaban sentados en la mesa de Slytherin, hablando con Pansy y Blaise, y olisqueando una de sus túnicas. La más cara de todas ellas, para ser concreto.

-¿Qué hacéis?-Arrebató la prenda de sus manos y la colgó de su propio brazo con brusquedad, mirándolos de la forma más fría y despectiva que conocía-No volváis a tocar mis cosas. Se dio así que tal y como entró, salió del gran comedor cargando con su túnica.

Las mazmorras eran un lugar frío y oscuro, desagradable. Conociéndolas, nada te parecía extraño y ni el más siniestro ruido llegaba a hacerte saltar. Pero esa vez fue diferente para Draco. Cuidaba cada paso, vigilaba las paredes, miraba con sospecha hasta a su propia sombra.

Cabía la posibilidad de que su preocupación fuese una tontería, de que sólo estuviese poniéndose paranoico. Pero lo único que actuaba en esos momentos era su sentido de la autoconservación.

Draco se despistó unos segundos, segundos en los que muchas cosas pasaron a la vez. Una sombra se alargó y se volvió corpórea al mismo tiempo que sus pies eran envueltos por cuerdas y su cuerpo caía hacia delante con estrépito con una voz siseante y profunda soltando fuertes risotadas justo delante de él. Su primer impulso fue gritar, el segundo correr y el tercero rendirse ante la muerte.

Su cuerpo se rebeló ante todos y cada uno de los impulsos, dando razones lógicas para el primero -no había nadie para oírle- y el segundo -tenía los pies atados- pero no para el tercero. Lo único que le impedía rendirse era pensar en el estúpido Potter y darse cuenta de que tenía que hacer algo para conservarse y… bueno… tener cuidado.

Sí, tener cuidado.

-Esto puede ser muy corto o muy largo, Draco. Todo se resume en si te unirás a mí o no-La voz del Lord apenas era un eco en sus oídos mientras movía su cuerpo de forma que no se notase demasiado para coger su varita a la vez que pensaba en cosas banales y sin importancia.

-No me uniré a ti.

-Vaya… tu padre nos garantizó servicio fiel por parte de los Malfoy…¿piensas manchar el honor de tu apellido?-Ya casi… podía tocar el mango…-Responde.

- No… no… yo…-Ahí la tenía. Ahora sólo necesitaba un objetivo. Lo único que tenía a mano era esa túnica, la más cara y la más querida para él. Siempre le dolería menos eso que un crucio. Pensó en las palabras de Granger, en el que el Lord fuese débil ante el fuego en esos momentos, y con toda la fuerza que pudo darse con los pies atados; se alzó con los brazos, lanzó su túnica al aire y apuntó con la varita.

-¡Incendio!-La túnica en llamas cayó sobre la figura que, frente a él, dejó de sonreír con triunfo. El Lord se retorció bajo el fuego, gritó y se resistió. Pocos minutos después de que el fuego empezase a consumir su propia túnica, el Lord desapareció dejando en su lugar humo y chispas. Su barbilla chocó con fuerza contra el suelo pero no le importó.

El crepitar de las llamas nunca le resultó tan reconfortante como cuando, entre las brumas de la consciencia, su cuerpo se relajaba sobre el suelo y su mente quedaba en blanco con unas escuetas y poco esclarecedoras palabras de despedida.

“Harry, eres imbécil.”

***

-¿Pasa algo, Harry?-Harry tuvo un impulso. El impulso de correr hacia las mazmorras. No supo por qué, sólo lo tuvo.

-Creo… que pasa algo en las mazmorras…-Antes de que terminase de hablar, ya intuyó el dolor y cuando éste le atravesó la cicatriz con un intenso palpitar se levantó de golpe del lugar que ocupaba en el gran comedor. Corrió, seguido por Ron y Hermione, hacia las mazmorras apartando gente a empujones y gritando que le dejasen pasar con esa rara intuición latiéndole en las sienes.

Empezó a oler a quemado y se asustó, acelerando hasta que a lo lejos pudo ver algo en el suelo. Desde su posición no parecía nada, pero tenía un muy mal presentimiento.

-¿Qué es eso?

-Voy a ver-Hermione le agarró por un brazo y le miró con preocupación. Él le sonrió intentando que se tranquilizase y avanzó hacia la mancha negra y gris. Acercándose, descubrió que no sólo era negra y gris si no que también había algo de verde. Al llegar, su cuerpo se desconectó un segundo y cayó al suelo de rodillas.

Hermione y Ron ya estaban detrás de él, les oyó cuchichear mientras comprobaba que ése… era Draco.

-¿Qué le ha podido pasar? Sea lo que sea, se lo merece… pero…-Harry no escuchaba. Estaba preocupado y muy asustado. Draco estaba tan pálido que daba miedo y tenía el labio partido y las piernas atadas. Intentó desatar las cuerdas apretadas con esfuerzo y furia haciéndose daño en los dedos. Hermione apuntó las cuerdas, murmuró un hechizo con voz perpleja y éstas se aflojaron.

-Draco…-Movió el cuerpo inerte y le dio la vuelta. La cabeza cayó con un golpe sordo contra la roca.

¿Por qué cuando las cosas empezaban  a ir bien tenía que pasar eso? Por fin habían admitido tantas cosas, de una forma tan simple… y de pronto…

Draco abrió los ojos que, ciegos, buscaban algo a su alrededor. Cogió una de las manos heladas y las pupilas grises se detuvieron en él.

-¿Harry? ¿Qué demonios haces aquí?-Pocas veces había estado tan aliviado y feliz como en ese momento, tan feliz que olvidó a Ron y Hermione y se abrazó al cuerpo magullado de Malfoy que soltó un quejido y le dio unas débiles palmaditas en la espalda.

Nunca en toda su vida Harry Potter había sido tan consciente de lo que era sufrir. Ni siquiera cuando se enteró de la verdad sobre sus padres o cuando Cedric Diggory murió frente a él. Ese desasosiego era diferente, era desesperante. Y todo porque Harry nunca había querido así, nunca había querido y odiado a la vez con una intensidad enfermiza.

Por eso, las maldiciones de dolor de Malfoy le arrancaron la sonrisa más demencial y alegre de su corta vida.

20-Montar en centauro.

20-Montar en centauro.

-¿Está seguro de que…

-¡CÁLLATE!-Los pájaros que ociosos piaban en los árboles del nocturno Bosque Prohibido volaron con tal grito. Sólo el silencio y el agitado respirar de la primera voz se dejaban oír tras la clara imperación. En el aire se olía el peligro y los centauros no asomaron la cabeza por esa zona del bosque. Lo que allí había no era humano. Lo que allí había no debía existir.

-Pero señor… es demasiado arriesgado… y el joven Malfoy podría hacerlo sin ningún problema-Unos ojos rojos cortaron la tensa paz momentánea. No había nada en esos ojos que pudiese hacer pensar que pertenecían a un ser humano. Nada.

-El joven Malfoy ha de ser iniciado más tarde. Primero tenemos que terminar con esto-Una figura menuda y enjuta agachó la cabeza y se retorció las manos con nerviosismo. Era una misión suicida, arriesgada al límite… y lo peor era que si quería seguir viviendo o al menos morir de forma digna tenía que cumplirla.

***

Despertó de golpe con un sudor frío poco halagüeño y agobiante. La cicatriz palpitaba en su frente, de un tono entre verde y rojo que no parecía nada bueno. Todo su cuerpo temblaba y apenas podía respirar. El sueño había sido tan real… tan vívido. Lo sentía dentro, reptando por su estómago. La certeza de que era algo real, de que Voldemort verdaderamente estaba en el colegio y planeaba algo.

La cabeza le dolía con intensidad y estaba seguro de que si no salía de allí no podría estar tranquilo. Tenía que comprobarlo por sí mismo y la única forma de hacerlo era ir al Bosque Prohibido.

A hurtadillas y lo más sigilosamente posible, cogió el Mapa del Merodeador y la capa de invisibilidad no queriendo por absolutamente nada en el mundo que Ron despertara. Jamás pondría a su amigo en peligro si por él era y esa no iba a ser una excepción.

Se envolvió con la capa y abrió el mapa, murmurando con voz queda el ya mítico “Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas” haciendo así que los corredores se dibujasen y las motas con sus respectivos nombres apareciesen. Lo recorrió con la mirada mientras sus pies se movían por instinto a través de los pasillos, escondiéndose aunque no fuese verdaderamente necesario con la capa cada vez que Filch estaba demasiado cerca. Había llegado a la salida de Hogwarts, dispuesto a salir corriendo en cuanto cruzase el umbral de la puerta abierta con un sencillo “alohomora”. Pero se detuvo al ver esa mota a pocos metros de su situación.

El cartel debajo de la mota rezaba “Draco Lucius Malfoy”.

¿Debía hacerle partícipe a él, demostrarle su confianza así? Le dolía demasiado la cabeza como para pensar detenidamente y tenía la boca seca. Se pasó la acartonada lengua por los labios y dejó de prestar atención al mapa el tiempo suficiente para que la mota Malfoy se acercase peligrosamente a él y colisionase.

-¿Qué demonios…?-Se apresuró en envolver a Malfoy con la capa y taparle la boca con la mano, apretándole con fuerza contra él y mirando después el mapa con pánico al descubrir la mota de Filch demasiado cerca. Tiró del cuerpo tenso de Malfoy hacia el exterior del castillo con la esperanza de que la capa les cubriera lo suficiente y cerró la puerta dos minutos antes de que Filch llegase y se quedase mirando a ésta última con cierta sospecha mientras que ellos dos estaban fuera apoyados contra la madera. Él intentaba recuperar la capacidad de respirar tras dos situaciones extremas seguidas y Malfoy, que se había despojado de su agarre y estaba fuera de la protección de la capa, le miraba con los brazos cruzados y las cejas enarcadas.

-Malfoy, por lo que más quieras no digas nada y si quieres seguirme hazlo en silencio. Creo que algo importante está pasando-En contra de lo que cualquiera podría pensar que Malfoy haría, éste asintió y dejó que les envolviera a ambos con la capa de invisibilidad de forma que no se viese nada.

Con determinación, se dirigió al Bosque Prohibido junto a Malfoy.

***

-Señor…

-Ya están llegando.

-Pero…

-Cállate. No estropees esto.

Alrededor del claro, ya se oían pisadas sordas.

***

Se detuvieron cuando vieron la luz verde y sobrenatural proveniente del claro del bosque. A contraluz, se podían ver dos figuras. Una de ellas era pequeña, temblorosa y nerviosa. La otra era alta, delgada, con porte. Unos ojos rojos brillaban en el rostro de la segunda.

Miró a Potter pidiendo una explicación pero éste estaba demasiado ocupado mirando con terror a la figura alta, como si hubiese visto al mismísimo demonio. Imitó a Potter, intentando relacionar a ese siniestro hombre con alguien a quien conociera.

La única opción que se le ocurrió le heló la sangre en las venas.

Sin duda su presencia en el colegio dejaba como preocupaciones banales y estúpidas sus desvaríos con Potter.

Los ojos rojos se detuvieron en ellos como si Él supera exactamente dónde estaban pese a la capa de invisibilidad y un escalofrío le recorrió de la cabeza a los pies. Draco tuvo entonces la certeza de que iba a morir y más que nunca tuvo miedo de hacerlo.

-Vaya, vaya… con que has traído a alguien más ¿eh, Potter?-Sintió la forma en que Potter se tensaba completamente a su lado y al mirarle su mirada llena de determinación hizo que su miedo se diluyera en poca proporción. No esperó, sin embargo, que dejase caer la capa aferrando ese mapa tan raro con fuerza entre los dedos antes de mascullar algo como “travesura realizada” y doblarlo con cuidado. Pero no le dejó a él al descubierto.

-¿De dónde sacas que no haya venido solo?-Potter se situó de forma protectora justo delante de él, interceptando al Lord. Éste parecía más divertido que  amedrentado y sonreía mientras se acercaba con paso taimado.

-Eres muy obvio, Harry… demasiado obvio…-La varita del Lord hizo un movimiento fluido y la túnica cayó de sus hombros. Sus ojos se quedaron helados, clavados sobre ese al que antes no le importaría haber seguido. Estaba aterrado, tembloroso y le era imposible reaccionar. Sus piernas no le respondían y ni siquiera podía gritar.

-Malfoy no tiene nada que ver. Sólo se empeñó en seguirme y…-Potter dejó de hablar tan abruptamente que se asustó e intentó verle el rostro. Lo que vio no le gustó. Parecía asustado… más que asustado, parecía aterrado a un nivel casi imposible de alcanzar y sus ojos estaban acuosos. Sin embargo, sus labios estaban fruncidos como si estuviese intentando luchar contra algo.

-¿Es eso cierto, Draco?-El Lord le miró y no supo qué decir. Tampoco supo de qué demonios estaba hablando. Su confusión se vio interrumpida por un dolor punzante en la sien y la sensación de que le invadían el cerebro y revolvían entre sus recuerdos clasificándolos. Este sí, este no… vaya, qué interesante.

Nunca deseó tanto que su cerebro decidiera irse de vacaciones.

-Malfoy…-Potter le miró y él le devolvió una mirada llena de pánico cuando su mente estuvo libre. El Lord lo sabía. Sabía que había tonteado con Potter. Que Lucius se enterase era lo peor que le podía pasar.

-Mmmm… qué interesante… me pregunto cómo podré sacarle provecho…-El temblor de sus piernas le hizo caer de rodillas al suelo. Seguía sin poder gritar, sin poder reaccionar. Era todo demasiado abstracto, como un sueño. Él no podía estar ahí, con Potter, delante del Lord y ese saco que le hacía compañía y que temblaba incluso más que él.

-No podrás sacárselo, Voldemort-El Lord rió entre dientes.

-¿Estás seguro, Potter?-Se mordió el labio y se tapó los oídos. No quería oír más. Cada palabra hacía crecer más y más el nudo que se había formado en su estómago y en ese momento estaba completamente seguro de que iba a morir. Con dieciséis años y sin conocer nada más que el odio y el miedo… se sintió, inesperadamente, desolado y triste.

-No lo harás…-Todo fue demasiado rápido después aunque él lo viviese en una especie de cámara lenta. Potter sacó la varita y pronunció unas palabras que no entendió. La punta de ésta se iluminó con fuerza y el Lord se cegó el tiempo suficiente para que Potter le cogiera del brazo, recogiera la capa con rapidez y corriese como un loco arrastrándole a través del bosque.

No sabía por qué, pero creía que el Lord no les seguía.

A un lado empezaron a oírse unos ruidos que al principio no supo identificar pero que, tras unos segundos, logró conectar con el golpear de los flancos equinos contra el suelo. Centauros.

Agresivos, territoriales y obstinados bichos mestizos.

Gimió, no sabiendo demasiado bien qué era peor. El Lord, al fin y al cabo, seguía débil. Esos centauros eran toda una amenaza.

-Harry…-En ese momento no le vio importancia alguna a que se le escapase el nombre de Potter mientras pegaba su espalda a la de éste con terror viendo como los centauros les rodeaban.

-Tranquilo, Draco… me deben una…-Un centauro especialmente viejo, de un color blanco perlado que sobrepasó los límites de su miedo y le pareció indudablemente hermoso, se acercó a Potter e hizo una corta inclinación de cabeza-Necesitamos vuestra ayuda… por favor…

El centauro evaluó a Potter con unos ojos claros y astutos que parecían poder ver a través del cuerpo y llegar a lo más profundo del ser humano. Tanta intensidad le revolvió el estómago y al darse la vuelta para quedar frente al centauro casi se mareó.

-Así se salda nuestra deuda-El centauro hizo un gesto de cabeza a un centauro más joven que saltó hacia ellos y se situó de modo que pudieran subirse a su lomo sin problemas. Potter, muy caballeresco y tal vez conocedor del profundo shock en el que estaba inmerso, le ayudó a subir y subió después. Sus brazos se cerraron en torno a la cintura de Potter de forma automática cuando el centauro se irguió.

Los árboles pasaban a toda velocidad y sus brazos eran golpeados continuamente por ramas. Había escondido la cara en la nuca de Potter y al menos así se aseguraba de que ella saliera entera. No quería pensar en el Lord y en que, pese a creer que no lo hacía, podía estar siguiéndoles… y que si no lo estaba haciendo, estaba en el colegio y podía matarles en cualquier momento.

Draco tenía unas incontrolables ganas de llorar por Narcissa y el dolor que ella sentiría al perder a su único hijo.

-Hemos llegado. Nada os persigue y sea lo que sea lo que hay en el bosque… intentaremos acabar con él-Bajaron del lomo del centauro y Potter abrió la boca para decirle algo. Antes de que emitiese cualquier sonido, el centauro había desaparecido.

-Harry… eso era, ese era…¿qué está pasando?-Pasó de un estado de tristeza extrema a la furia. Una furia descontrolada por no conocer la verdad, por no saber algo. Potter le miró, suspiró y le tendió los brazos.

-Draco…

-¡NO ME LLAMES DRACO! Él lo sabe… LO SABE… ¿¡TIENES IDEA DE LO QUE ESO IMPLICA!?-Se revolvió el pelo con nerviosismo y agresividad y Potter le cogió con fuerza por las muñecas. Sus ojos se negaron a enfrentarse a la verde sinceridad de los de Potter. No podía. Sabía que sería demasiado para él enfrentarse a ella.

-Draco, mírame-Volvió a derrumbarse. Todo a su alrededor cayó como una fila de piezas de dominó y miró a Potter con vacuidad, sin siquiera regañarle por llamarle Draco… demasiado perdido para hacerlo-Él no puede hacer nada. No te hará nada a ti. No si puedo evitarlo.

-¿Puedes evitarlo?-Y ese fue uno de los momentos más intensos en la vida de Draco Lucius Malfoy porque fue entonces, tras burlar a la muerte y cabalgar en centauro, que Draco empezó a sentir de verdad algo más que ese odio, algo más que la pena agresiva que le había embargado al pensar en Narcissa. Draco empezó a sentir eso que implicaba el ser capaz de dar la vida por alguien que no fuese él mismo.

Potter soltó sus muñecas y cogió sus manos, las alzó y besó los dedos uno a uno con una devoción exagerada. Todo su cuerpo reaccionó con un cosquilleo.

-Puedo aguantarte Draco, estoy preparado para hacer cualquier cosa-Se inclinó y su frente chocó con la de Potter apenas unos centímetros más baja. Podría estar asustado, sorprendido u horrorizado por el hecho de aceptar que quería a Potter. Podría pensar que estaba muy enfermo y simplemente deliraba… pero después de esa experiencia, de ver lo cerca que podía estar la muerte, Draco no quería pensar en su snobismo, narcisismo, egolatría, altivez y orgullo.

Sólo quería vivir.







Está un poco como que sin corregir y es un capítulo rarísimo pero...

:DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD!
19-Tener un duelo de miradas con la gárgola frente al despacho de Dumbledore.

A Potter se le había ido definitivamente la cabeza. Eso o tenía una preocupante fijación por humillarle en público. Lo último que se la había ocurrido por ese poco elegante desplante suyo había sido que tuviese un duelo de miradas con esa gárgola que había cerca de la bruja tuerta. Delante de todo el mundo y preferiblemente con expresión de profunda concentración, claro.

Así que ahí estaba, en lo que podría considerarse una hora punta estudiantil, mirando con fijeza los ojos pétreos como si verdaderamente pudiese ganarle en un duelo de miradas a un objeto inanimado que ni siquiera podía parpadear. Su fama estaba decayendo en el colegio y estaba convencido de que eso no ayudaría precisamente a que la gente pensase mejor de él… pero por nada en el mundo le daría el gusto a Potter de rendirse y dejarle como vencedor. Jamás. Nunca. Se negaba.

Había terminado por aprenderse, tras aproximadamente cinco minutos manteniendo la mirada de la gárgola con los ojos secos e irritados, todos los poros e imperfecciones de los cincelados ojos vacíos. Potter estaba allí, apoyado en la pared y fingiendo hablar con Ron y Hermione. Cuchicheando sobre él, tal vez.

¿Veis al pirado de Malfoy? Alguien tan tonto no puede llegar a mortífago.

Apretó los dientes y de sus labios surgió una palabrota muy poco acorde a su aspecto fino y elegante. Entonces ocurrió lo impensable.

La gárgola sacudió la cabeza y se frotó los ojos con irritación. Draco se quedó mirando al trozo de piedra moverse con expresión incrédula. La boca bien cerrada, claro, él no llegaría a ESE nivel de sorpresa nunca, pero bastante extrañado.

-¿Por qué haces eso? ¿Te parece divertido?-La gárgola bufó y él aprovechó para cerrar los ojos unos minutos antes de darse la vuelta sin añadir nada. Draco Malfoy nunca se metía en una pelea que sabía que iba a perder. Al fin y al cabo, sus huesos no podrían hacer mucho contra la firme roca.

Dirigió una mirada heladora de puro odio a Potter. Granger le miraba con incredulidad y Weasley parecía escéptico ante el delicado asunto de su cordura. Luna Lovegood tuvo el detalle de detenerle de sorpresiva forma apareciendo a su paso mientras se dedicaba a odiar a Potter con la mirada.

-Oh… lo siento, Malfoy-Ella le sonrió. Él no dijo nada. Lovegood… era una buena chica. No tenía nada en contra de ella y le resultaba agradable. Además, era rubia como él.

-No es nada, Lovegood. Sólo intenta mirar por dónde demonios andas-Luna asintió y se hizo a un lado para dejarle pasar. De mala gana, con el fin de semana definitivamente destruido y con unas impresionantes ganas de sacar la varita y torturar a algún alumno de primero, Draco se detuvo a unos pasos del aula de Defensa contra las Artes Oscuras. La puerta estaba cerrada a cal y canto y resultaba imponente. La observó durante largo tiempo, inmerso en una espiral de pensamientos que no le llevaban a ningún sitio.

Saltaban de Potter a la gárgola, de la gárgola a Lovegood, de Lovegood a sí mismo y de sí mismo a Potter en un ciclo interminable.

-Malfoy-Su cuerpo se sobresaltó pero tuvo cuidado de controlarse antes de dar un ridículo saltito de sorpresa. Mucho menos iba a hacerlo sintiéndose ya de por sí lo suficientemente humillado y sabiendo perfectamente quién le había llamado-Eres definitivamente la única persona en el mundo capaz de ganar a una gárgola en un duelo de mirada.

Eso le sorprendió incluso más que el hecho de que la gárgola empezase a moverse de pronto y sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa algo cínica. Repitió en su cerebro la frase una y otra vez hasta que no pudo más y tuvo que dejar salir las risas que se agolpaban en su garganta luchando por la libertad. Estaba siendo un estallido de puro optimismo, casi de felicidad. Por primera vez en mucho tiempo se sentía verdaderamente feliz, no de esa forma artificial y sosa, si no feliz. No tenía ni idea del por qué de esa felicidad, tal vez Potter le había pegado eso de la enajenación mental, pero estaba feliz. El júbilo le calaba hasta los huesos y llegó a tener que doblarse abrazándose la barriga por las carcajadas incesantes.

Se giró despacio, aún riéndose demasiado como para hacer movimientos concretos y fluidos, y cuando las risas pasaron miró a Potter y carraspeó.

-Al fin y al cabo, Potter, soy Draco Malfoy-Potter le estudió unos segundos con mirada perpleja y terminó sonriendo. Harold, en su bolsillo e inanimado todo ese tiempo, le pesó bastante de pronto y descubrió con desagradable acidez que había mostrado humanidad y que la había mostrado demasiado.

Él no era un ser asequible. Él era el príncipe de hielo, un ser tan sádico y cruel que era imposible que en su interior hubiese algo humano. Pero resultaba que sí que lo había y que Potter tendía a hacerlo salir demasiado a menudo. Eso le irritaba, le hacía subir un desagradable sabor a la boca.

-Teniendo en cuenta eso y el hecho de que seguramente esa gárgola es más humana que tú púes… como que no es tan impresionante-Se apoyó contra la pared mirando el techo en un intento de controlar su creciente irritación. Odiaba esos estúpidos cambios de humor y en cierto modo le molestaba ser tan irascible. De todas formas, todo su amor propio opacaba eso lo suficiente como para no notarlo demasiado.

-No podemos permitir que sigan así, Albus, destrozarán el colegio. Y bastante tenemos con los conflictos normales y todo lo demás…-Una voz femenina salía desde el interior del aula. Antes de que pudiese siquiera parpadear, Potter le agarró fuertemente del brazo y tiró de él hacia una esquina cercana a la puerta tapándole la boca con la mano libre. Oyó la puerta abrirse y se resignó a dejarse agarrar por Potter como si tuviese ganas de escaparse y correr hacia los profesores.

-Ese Potter va a acabar con él, señor. Creo que sospecha que esté unido al quién-usted-sabe e intente eliminarlo de… forma peculiar.

-Minerva, Severus, tranquilizaos-Esa era la voz jovial del director. Sonaba como si intentase ser tranquilizador-El señor Potter no quiere hacerle daño al señor Malfoy. Es sólo un juego. Ya sabéis cómo son los chicos de hoy en día…

Mordió un dedo de Potter desesperado por poder respirar como una persona y a la vez que Potter agitaba la mano mordiéndose el labio para no soltar un grito de frustración o dolor pudo oír un gruñido de su padrino.

-Pero Albus… Malfoy lanzó a Harry a las mazmorras, estuvo a punto de herirle de seriedad y no es ningún secreto su afinidad por quién-tu-sabes…-Creyó oír otro gruñido de Snape y una alegre risilla de Dumbledore. Sus pasos parecían alejarse y Potter y él se asomaron con cuidado apenas unos segundos para comprobar que efectivamente así era.

Esperaron sin respirar apenas hasta que los pasos sonaron lo suficientemente lejos. Potter suspiró con alivio pero no hizo ademán de soltarle. Tampoco él intentó hacerlo, apoyando la espalda en Potter y bendiciendo a Narcissa por permitirle ser unos centímetros más alto que el héroe de pacotilla.

-Estamos siendo la comidilla del colegio.

-Y no saben ni la mitad…-Se frotó los ojos con el índice y el pulgar de una mano, dando énfasis a su afirmación y quedándose petrificado ante una de las únicas sentencias con sentido que oiría a Potter jamás.

-En realidad, nosotros tampoco.

La respiración de Potter, apoyada su barbilla en su hombro, le rozaba el cuello. Por una parte le enervaba pero por otra… le daba una irreal sensación de placidez. Así distraía Draco a su cerebro para que éste no se fuese al tema que había insinuado Potter.

¿Sabían acaso ellos qué pasaba? ¿Conocían el por qué de esa atracción, de esa necesidad de estar juntos aunque se estén mordiendo y gruñendo?

No, no tenían ni idea.

-¿Me odias, Potter?-Sus ojos se desviaron de nuevo al techo, teniendo él un divertido pensamiento momentáneo de que éste también fuese a rehuir su mirada, y en él se anclaron con fervor, esperando.

-No tienes ni idea de cuánto, Malfoy-Cerró los ojos su  pelo le hizo cosquillas en los párpados.

Él también odiaba a Potter. El problema era la forma en la que le odiaba. Era un odio dependiente, necesitado, rabioso, furioso, agresivo y cruel. Era un odio que no le permitía odiarle. Era un odio paradójico.

-Y a la vez no te odio-Eso fue lo que Draco necesitó para desesperarse y querer gritar de desconcierto y pavor.

Porque si eso significaba algo era que había algo más que odio y sadismo…

Y Draco no estaba preparado para afrontarlo.
18-Decir que Gryffindor es mejor que Slytherin.

No sabía si era porque Malfoy aún tenía algún vestigio de ese resfriado exagerado o si fue simplemente porque empezaba a hacer frío, pero Harry se sentía algo enfermo. Le dolía la cabeza y apenas podía levantarse de la cama. Agradeció a Merlín, a Godric e incluso a Salazar por que fuese sábado y no tuviese ningún tipo de obligación escolar por la que levantarse de la cama.

Ahí tumbado, toda esa semana con Malfoy se le había pasado demasiado rápido. Malfoy cada vez era más… humano. Sí, esa era la palabra. Había dejado de ser un gigantesco témpano de hielo parlante para convertirse en un ser humano con sentimientos y una snitch lisiada por mascota. Si alguien le preguntase por su orientación sexual en ese momento no sabría exactamente qué responder y le resultaba bastante extraño el no haberse dado cuenta antes de lo atrayente que Malfoy podía llegar a ser.

Dio una vuelta en la cama, quedándose de cara a la de Ron. Su amigo dormía a pierna suelta, no le extrañaba mucho, y no sabía absolutamente nada de su rara amistad con Malfoy. Frunció el ceño, sintiéndose de pronto algo mal además de enfermo por estar ocultándoles cosas a sus mejores amigos. Pero es que no podía, no podía plantarse delante de ellos y soltarles que estaba con Malfoy y que lo prefería a Cho. A Ron le daría un paro cardiaco y a Hermione… bueno, Hermione se sacaría algún hechizo de manipulación de la manga y le echaría la culpa.

Pasaron largos minutos en los que sólo se dedicaba a observar a Ron, casi temiendo que se despertase y viese la culpa en sus ojos. Tenía un miedo incontrolable a eso, a que descubriesen su traición y le dejasen solo. Al fin y al cabo, Harry no era nada sin sus amigos.

Draco daba vueltas por la sala común como si el suelo ardiese y no pudiese dejar los pies más de dos segundos en el mismo sitio. De un lado a otro, con porte erguido y orgulloso, sin cesar. Era temprano y apenas había gente. Nadie había intentado sabotearle así que supuso que la semana anterior los dos imbéciles de su habitación habían desistido de hacerle cualquier cosas. Eilisia Samantha aleteaba con calma entre sus dedos y de vez en cuando se la pasaba de una mano a otra para gran regocijo de la pelota que creía poder volver a volar.

Pansy hizo su aparición en la sala común y se quedó mirando su cuerpo con expresión vacía. No tenía demasiado claras sus inclinaciones después de ese asunto con Potter y sentía un desorbitado pánico ante la perspectiva de acabar no sólo con Potter si no con cualquier tío.

-¡Pansy! Ven, quiero comprobar algo-La chica le miró, asintió y se acercó a él. La media melena geométrica de profundo negro no le causó nada, ni un triste vestigio de atracción. Con el ceño fruncido, cogió a Pansy de la mano y la arrastró hasta su habitación.

-¿Qué haces, Draco?-No respondió, dejando a su snitch sobre su escritorio.

Con gran seriedad y ceremonialidad, las manos de Draco se alzaron y apresaron en un ridículo y poco afanoso agarre el pecho de Pansy. Ella ni se inmutó, enarcando tan sólo las cejas con expresión ácida.

-Nada…-Dejó caer los brazos a los costados con abatimiento. Nada, ni un simple “si están blanditas”. Nada de nada. Nothing de nothing. Echó a Pansy de su habitación de mala manera y se dejó caer de espaldas sobre su colchón con violencia. Sacó su varita y apuntó al inerte Harold reanimándolo y haciéndole volver a la vida. Observó a la pluma revolotear jovialmente a su alrededor con distracción. Pero, de hecho, no le entretenía demasiado. Estaba absorto, atontado. Quería ver a Potter. Sólo para comprobar si verdaderamente había cruzado la calle.

Harry y Draco se levantaron a la vez, el primero con más problemas que el segundo, y al mismo tiempo se encaminaron ambos hacia las mazmorras y las almenas respectivamente. A Draco le acompañaba Harold, flotando dócilmente a su lado, y Harre iba solo con sus pensamientos. Tarde o temprano, estaba claro que acabarían encontrándose. El punto del camino en el que lo hiciesen era incierto, pero definitivamente se encontrarían. Sus pasos resonaban huecos en la piedra y cuando Draco subía y Harry bajaba una escalera que empezó a moverse en el momento en que sus pies tocaron al mismo tiempo los escalones se vieron y Harold dio unas alegres piruetas revoloteando hacia Harry.

Se aproximaron el uno al otro casi con cautela y se miraron en un tenso desafiar en el que no se podía adivinar si no una especie de atracción parecida a la de los imanes.

-Potter…

-Malfoy…-La escalera se detuvo y se tambalearon, a punto de caer rodando por los escalones. Bajaron no sabían exactamente dónde, parecía que era el piso que llevaba al gran comedor, y deambularon en silencio hasta dar con un corredor más o menos vacío que aparentemente terminaba en una puerta hacia los terrenos.

Harold voló peligrosamente cerca de la espalda baja de Potter y él siguió su vuelo con la mirada. Frunció el ceño, pensativo. Esa podría ser la prueba definitiva. Alzó la mirada al corredor y miró hacia todos lados, confirmando que no hubiese absolutamente nadie. Comprobado lo desierto del interminable y estrecho pasillo, Draco tomó la decisión de experimentar y apostar el todo por el todo.

Su brazo se movió hacia atrás tomando impulso, la palma de su mano se curvó y el brazo antes atrás se disparó hacia delante haciendo a su mano colisionar con un chasquido que hizo saltar a Potter del susto. Se mordió el labio de forma inconsciente al tocar, durante unos segundos, el Gryffindoresco trasero de Potter y dejó de contener la respiración cuando algo parecido a la emoción cruzó como un rayo todo su cuerpo, de la cabeza a los pies.

Recordó lo de Pansy y lo comparó con lo sentido en esos segundos. De la nada absoluta a una especie de cosquilleo en la palma de la mano y una divertida sensación de desahogo. No estaba mal. Podría probar con algún otro que no fuese Potter, pero no le apetecía…

Y así llegó a la conclusión.

No era ni hetero ni homo, ni siquiera bi. Era algo así como Potterfílico. Eso le daba miedo y cierto asco, mucho asco de hecho, pero era la única solución que se le ocurría.

También llegó a la conclusión de que a lo mejor era un muy muy raro fetiche Gryffindor.

-Definitivamente Gryffindor es mejor que Slytherin-Lo masculló, en voz baja, dando a Pansy el nombre de Slytherin y a Potter el de Gryffindor. Demasiado tarde se dio cuenta de lo que había hecho y dicho y recuperó su cordura, justo cuando acababan de salir a los terrenos a través de ese corredor y Potter se detuvo frente a él mirándole con curiosidad.

-¿A qué ha venido eso?

-Lo que queramos cuando queramos-Se encogió de hombros y alzó el rostro hacia el sol, necesitado y anhelado sol.

-Tu filosofía me inquieta.

-Menudo palurdo…-Bufó. Harold, al que había olvidado momentáneamente, se dejó caer plácidamente sobre la hierba y eso mismo hizo él sentándose con las piernas cruzadas.

-No me llames así, Malfoy.

-¿Prefieres idiota? ¿Oligofrénico?-Potter se dejó caer muy poco elegantemente a su lado.

-Eso te va a costar caro.

-Merece la pena-Giró el cuerpo, no conscientemente, hacia Potter descruzando las piernas y estirándolas sobre la hierba. Sin la enorme y gruesa túnica tenía un frío que no era normal pero estaba mucho más cómodo y no le pesaban los hombros.

Harry se quedó mirando a Malfoy como idiotizado. El sol y la luna, había descubierto eso hacía poco, le daban un brillo extraño. La luna le hacía frío hasta dar una mágica sensación de eteriedad. El sol, sin embargo, le daba algo de humanidad. Iluminaba su piel pálida de forma que pareciese verdaderamente humana y suavizaba sus rasgos crueles y sádicos. Sus ojos vacíos o llenos de rencor se colmaban de esa luz anaranjada. Además, no estaba contando con la postura. Incitante…

-Eres un imbécil, Malfoy. Provocador, un imbécil provocador-Harold se irguió y se fue volando unos metros, dando vueltas en el aire y joviales piruetas. Creyó ver una sonrisa formarse en los labios de Malfoy a la vez que sus cejas se enarcaban con distinguida incredulidad.

Toda precaución era poca y, antes de rodar hacia un lado y pasar un brazo sobre la cadera de Malfoy, escudriñó el horizonte en busca de gente. Nadie que se fijase especialmente en ellos. De hecho, apenas había un par de personas y estaban muy lejos. Así que se soltó. Enfermo, preocupado, traicionero, con sentimiento de culpa… qué más daba todo eso cuando la persona a la que más odiaba tiraba de su corbata con esos dedos largos y le besaba. Sólo le besaba, no le tocaba. Malfoy nunca le tocaba, por lo que esa palmada inesperada en el culo había sido una gran sorpresa. Pero sólo eso, sólo sus besos, eran suficientes.

Lo incómodo de la posición le pasó factura a su espalda unos minutos después y no muy convencido mordió el labio inferior de Malfoy antes de separarse definitivamente y estirar la espalda dejándose caer tumbado en la hierba. Harold voló hasta él y se posó sobre su pecho.

Draco tomó aire profundamente e imitó a Potter. No había sentido nada tocándole a Pansy el turgente pecho, pero el corazón le latía en los oídos sólo por haber estado besando a Harry-imbécil-Potter.

Empezaba a pensar que tenía un problema, un problema muy serio. Su problema se volvió aún más serio cuando Potter le tocó el pelo sin venir a cuento y un escalofrío le recorrió la espalda de forma inesperada y traicionera.

Gruñó y miró a Harold volar a contraluz, tapándole el sol.

Por un lado, le gustaba sentir. Era cálido, era… bonito…

Pero seguía siendo Draco Lucius Malfoy y eso era algo difícil de cambiar.

17-Encantar una pluma y llamarla Harold.

17-Encantar una pluma y llamarla Harold.

Pansy salió de la sala común con prisa y nerviosismo. Dos alumnos, más ebrios que sobrios, habían invadido la habitación de Draco con catastróficas consecuencias. Apenas dirigió una mirada desinteresada a Potter y zarandeó a Draco con violencia, percatándose sólo un poco del destello dorado entre sus dedos.

-Están en tu cuarto-Draco endureció la mirada y se alejó un paso, mirando a Potter y haciéndole un gesto con la cabeza para que le siguiera. Pansy sentía que se había perdido algo, pero no dijo nada y sólo miró a Potter con suspicacia mientras éste seguía a Draco hacia el interior de la sala común.

Sus pasos resonaban sobre el suelo de piedra y su furia asesina era tan densa que se podía respirar. Oía los pasos de Potter seguidos por los de Pansy a su espalda y entre sus dedos la pelotita batía su única ala sana con desesperación como si quisiese huir del monstruo que cargaba con ella hacia Merlín sabía dónde.

Se detuvo en la puerta de su cuarto, la abrió conteniéndose para no reventarla con la varita, e inspeccionó su habitación en busca de los intrusos.

La cama estaba ocupada por una pareja osada, demasiado osada, que se había atrevido a entrar en su cuarto para él prefería no saber qué.

-¡FUERA DE AQUÍ!-Bramó, con la ira en su punto álgido, tan alto que incluso los gritos fuera de su cuarto pararon junto con la actividad del interior. Su cuerpo temblaba de pura furia descontrolada, sus ojos brillaban con peligrosidad homicida-¿A qué esperáis?

Los chicos de su cuarto se levantaron. La chica, rubia y menuda, le miró con pánico antes de recoger su túnica del suelo y salir corriendo tan roja que podría verse desde el castillo estando dentro del Bosque Prohibido. El chico, por su parte, recogió su túnica y salió arrastrando los pies y con la cabeza gacha.

-Y más os vale no cruzaros conmigo nunca más ¿entendido?-Murmuró, bajo y amenazante, justo cuando pasaron a su lado con ese apuro de los que han sido descubiertos, y estrujó a la snitch con agresividad.

La mano de Pansy sobre su hombro le devolvió a la realidad y aflojó su agarre sobre la pequeña pelota. Miró a la chica, la chica le miró y no hizo falta dar las gracias. Pansy asintió y se fue, él entró en su cuarto seguido de Potter, arrugando la nariz.

Cerró la puerta con una fuerza poco acorde con su cuerpo delgado y sacó la varita para limpiarlo absolutamente todo con desesperación. Potter estaba parado junto a la puerta observándole limpiar como un loco.

-Quemaré esas sábanas…-La risilla de Potter le enfureció hasta hacer bullir su rabia de nuevo y le miró atravesándole con odio y rencor, apretando los dientes-No era una broma, Potter.

Potter tragó saliva mientras él se acercaba a su escritorio y dejaba la snitch sobre éste cogiendo una pluma. Teniendo la varita a mano, sacó un trozo de pergamino y apuntó a la pluma.

-Animâre-La pluma se sacudió y revoloteó a su alrededor con exaltación. Gruñó y la pluma se detuvo, asustada. Se apoyó con los dos brazos en el escritorio, de cara a éste, y cerró los ojos hablándole a la pluma-Alison Harper y Jonas Strew. Han mancillado mi cama, con lo cual, deben morir de una forma especialmente lenta y dolorosa. Preferiblemente arrancándoles la piel a tiras…-La pluma tembló y la snitch rodó sobre la mesa. Si la pelotita tuviese ojos, podría decirse que le estaba mirando con curiosidad. Hacía rato que no sabía lo que estaba haciendo Potter y tampoco le interesaba en demasía así que siguió dictando cosas horribles relacionadas con muerte y dolor a la pluma hasta que notó tras él la presencia de Potter demasiado cerca y se irguió girando apenas el cuerpo para mirarle con amenaza.

La pluma dejó de escribir y revoloteó hasta su cabeza, posándose sobre ella con un manso caer lento e hipnotizante. Era más que evidente que Potter estaba conteniendo la risa.

-No te cortes. No puedo cabrearme más-Potter estalló en carcajadas estrepitosas y anduvo hacia atrás con paso poco acertado hasta caer de espaldas sobre su hacía poco mancillado colchón-No te aconsejo estar ahí.

La pluma volvió a alzarse y fue hacia Potter. La snitch batió el ala para llamar su atención y la cogió con cuidado, bastante más tranquilo y mucho menos furioso.

-Esa pluma es como un animalito-La pluma se puso sobre su dedo índice usando la punta para hacer equilibrios. Su mirada afilada intentó intimidarla pero no lo consiguió.

-Le pondré Harold…-Potter volvió a reír. Gruñó-Ataca, Harold…-Harold se quedó oscilando sobre su dedo, como dudando, y con un vuelo vago pinchó a Potter en la mejilla. La pluma retornó al escritorio y se quedó allí garabateando en la parte de pergamino que quedaba libre. Eilisia Samantha se agitó con esfuerzo y él se sentó en el filo de su cama con cara de asco.

-No sé de dónde sacan el valor para invadir tu habitación…-Arrugó la nariz con expresión asqueada, aún más que antes, y miró a Potter.

-Yo tampoco. Sigue siendo asqueroso… que se metan en tu cama a hacer cosas que ni tú te planteas…-Potter pareció sorprendido. Soltó a Eilisia Samantha y ésta rodó con pereza sobre el colchón hasta Potter, como reconociéndolo.

-¿Ah, no?

-No, Potter-Se dejó caer hacia atrás venciendo el asco al aburrimiento y cerró los ojos con fuerza. No quería pensar. Quería sumirse en el vacío y volar, moverse entre la nada sin tener que preocuparse absolutamente por ningún asunto o problema. Algo rozó su mejilla una vez. Creyó que sería Harold. Algo la volvió a rozar. Creyó que era Eilisia Samantha. Algo rozó su mejilla de nuevo. Abrió un ojo y descubrió que eran los dedos de Potter-¿Qué demonios haces?

-Lo que quiero-Sujetó la mano de Potter con la propia y le miró con desafío, irritado por el hecho de que algo que él mismo había dicho se volviera contra él.

-¿Quieres que haga que Harold te saque un ojo? Puedo hacerlo si quiero…-Harold, tal vez para apoyar a Draco, voló hacia allí y apuntó amenazadoramente a Potter. Una varita, la de Potter, apuntó a Harold.

Demasiado tarde, antes de que pudiese reaccionar para salvar a su pobre Harold éste ya había caído al suelo y yacía sin vida víctima de un “Detinêre” de Potter. Miró a Harry-aguafiestas-Potter con amenaza y rodó hasta apresarle contra el colchón con la obstinada convicción de que el muy maldito había matado a su pobre Harold.

-¿Cómo has podido hacer eso?-A cuatro patas, sus piernas quedaban a los lados de las de Potter y sus antebrazos apoyados a sendos lados de su cabeza.

-Sólo era una pluma encantada.

-Era Harold-A veces, Draco podía ser muy cabezón y empeñarse con algo simple y llanamente porque sí. Harold era una buena pluma, había tomado buena nota y había atacado buenamente a Potter. Con lo cual, se había ganado algo de su afecto. Potter la había matado y, por lo tanto, merecía la muerte.

Su venganza poco a poco se volvió contra él, exactamente según pasaban los segundos y Potter le miraba con tanta insistencia como esa con la que él mismo le estaba mirando. Eilisia Samantha rodó hasta caer de la cama y se removió con frenesí sólo para ser ignorada. Cuanto más se hundía en el verdor puro más se inclinaba y más cerca quedaba su rostro del de Potter. Tenía la sensación de estar hundido en agua y de moverse de una forma más lenta y complicada de lo normal. El agua se drenó cuando Potter le cogió de la nuca y acabó con la agonía, dejando sólo un frío helador que desapareció con el calor que fluía desde sus labios hasta su cuerpo.

Estaba besando a Potter. Él estaba besando a Potter. Besando al imbécil de Potter como si fuese a acabarse el mundo y no fuese a tener ocasión de hacerlo otra vez, con lacerante rabia y algo de malsana locura que le lanzaba a una espiral de luces que giraban y giraban a su alrededor sin cesar.

Si antes se sentía hundido en aguas turbias, entonces era como si volara en un espacio paradójicamente terrenal. Las manos no se movían, sin necesidad de tocar por el momento, siendo meros espectadores y oyentes de los movimientos de cabeza y los jadeos descontrolados.

Toc toc.

Y Draco se cayó de la cama, justo encima de Eilisia Samantha, al oír el inoportuno llamado a su puerta.

-¡ESPERO QUE SEA IMPORTANTE!-La voz de Pansy se oyó débil al otro lado. Potter se semi-incorporó sentado en su cama y le miró dudoso. Supuso que su aspecto no sería muy distinto, exceptuando las mejillas con el color algo subido, y que su pelo estaría desordenado y sus labios hinchados. Pero se concentró en oír a Pansy.

-Los que han estado en tu cuarto están haciendo campaña en tu contra-Gruñó. Como si eso importara demasiado.

-¡QUE HAGAN LO QUE LES DÉ LA GANA MIENTRAS MI CUARTO NO TENGA NADA QUE VER!-Le dolía la espalda, Eilisia Samantha aleteaba con desesperación bajo ésta y cuando se levantó la recogió y le estiró el ala sana, acariciándola con distracción.

Potter se situó a su espalda con el sigilo de un dragón, oséase nulo, y le pasó las manos por los brazos.

-Draco…

-No me llames Draco-Su voz era hielo.

-Vale, alteza… ¿qué te pasa ahora?-Siguió distrayéndose con Eilisia Samantha, mirando los destellos de luz en su dorada superficie.

-No me gusta que me interrumpan cuando estoy con cosas importantes.

-¿Soy una cosa importante?

Silencio.

-Dejémoslo en que eres una cosa-Las risas de Potter esa vez no le irritaron. Incluso él mismo sonrió. Eilisia Samantha agitó el ala con calma.

Por el momento, todo estaba en paz.
16-Tener una snitch como mascota.

El odio era un sentimiento delicado, una forma de percibir a algo o a alguien que podía cambiar con el más suave soplo de cualquier otro sentimiento independiente a él. Definitivamente no era algo inamovible e invariable y todo el que tuviese dos dedos de frente podría deducir que todo lo contrario al odio no era si no la indiferencia.

Podría ser que dada esa reflexión Draco no sintiera sorpresa sólo por ella. Había vuelto a su cuarto solo, haciendo jurar a Potter que le devolvería su ropa al día siguiente, y miraba el techo como si fuese el de la Capilla Sixtina. No conseguía dormirse por muy cansado que estuviera.

Se había dado cuenta de que toda la tarde había estado buscando a Potter y eso no le gustaba.

Poco a poco, hundiéndose en el silencio, Draco fue quedándose dormido.

Fuera, en los terrenos, la luna mordida parecía sonreír.

Harry entró en su sala común evitando a Ron y Hermione. No quería hablar con ellos y tener que mentirles. Cuanto más pospusiese el momento, mejor. Al fin y al cabo, estaba seguro de que no iban a entenderlo demasiado bien y de que le echarían la culpa a algún malintencionado hechizo de Malfoy para llevarlo al lado oscuro.

Apenas se dejó caer sobre la cama se quedó dormido, con la ropa de Malfoy puesta y una posible frase que decirle a Cho entre los dientes.

***

Cho se miraba las manos con detenimiento. ¿Por qué no había vuelto Harry? ¿Se había equivocado otra vez?

Suspiró, algo triste y desanimada, al descubrir que esa vez tampoco había funcionado. Ella no sabía el por qué no conseguía a nadie. Admitía que era algo interesada y superficial, pero le ponía triste que todos pensasen lo mismo de ella.

Miró a través de la ventana y le vio. Harry estaba en los terrenos. Desde esa distancia era apenas una mancha resaltando bajo la luz tenue. Cerca de él había otra mancha. Inclinada en la ventana, con los ojos entornados, distinguió el pelo rubio y sólo fue capaz de atribuirlo a una persona.

Cho Chang observó la escena entre sorprendida y algo furiosa. Aunque el enfado no le duró. Nunca fue capaz de eso, no era tan fuerte como para enfadarse de verdad.

Con que eso era… esa era la razón por la que Harry parecía tan ausente.

Cho negó con la cabeza y sonrió. Al final todo era como tenía que ser.

El lunes Draco despertó muy cansado y se metió la ropa de Potter, tirada en su cuarto de baño, en la mochila para devolvérsela. Esperó no tener que explicarle a nadie el por qué llevaba esa ropa y simplemente se dirigió a la primera clase del día dispuesto a aguantar lo que fuese que dijese el profesor de turno hasta que tocase clase con Gryffindor y pudiese hacer la transacción.

Casi al final de la jornada lectiva, en la hora de herbología, los leones se acercaban al invernadero a las vez que los Slytherin. Con disimulo, abrió su mochila y le hizo un gesto a Potter para que se acercara. Durante la transacción no dijeron nada. Adiós ropa de Potter, hola ropa de Malfoy. Nada más.

No era como si no se conociesen o como si les diese vergüenza hablar, era sólo que no había nada que decir. Y cuando no había nada que decir, lo más inteligente era permanecer en silencio. Fue durante la hora de herbología, mientras aproximaba con un hechizo una lombriz a una extraña planta con forma de pez, que Potter se le acercó con su propia planta.

-¿Has pensado una petición?-Hizo revolotear la lombriz antes de dejar que la planta se la comiera, medio aburrido.

-Sí. Quiero que me caces una snitch-Miró a Potter y descubrió que estaba en un ciclo de tonos pálidos que terminaron en una especie de marrón enfermizo.

No sabía por qué quería una snitch, pero seguía queriendo una. Le llamaban la atención y ya que Potter era el mejor cazador de la historia de Hogwarts… púes que se ganase su respeto de esa forma.

Levitó otra lombriz hasta la boca de la planta y se entretuvo jugando a acercar y alejar el alimento de la ansiosa planta que, cansada de su juego, casi le mordió un dedo. Frunció el ceño y decidió castigar a la planta, dejándola sin lombrices un rato.

-Vale. Esta noche la tendrás. ¿A las diez en las mazmorras?

-Allí estaré-Potter se alejó, de vuelta con sus amiguitos, y él se cansó de hacer sufrir a la planta y le levitó otra lombriz . Iba a ser interesante. Sí, definitivamente muy interesante.

¿Cómo haría Potter para que la snitch obedeciera? Le gustaría a él ver eso…

Con un suave oscilar, una nueva lombriz hizo unos cuantos tirabuzones y fue engullida.

***

Estaba pensando en cómo cazar una snitch delante justo del campo de quidditch. Las pelotas no las guardaba él, tendría que pedirle a McGonagall o usar las de entrenamiento…

Suspiró. ¿No podía habérsele ocurrido cualquier otra cosa a Malfoy? La verdad era que se esperaba cualquier petición.

Cualquiera excepto esa.

Con paso decidido, acabó en los vestuarios de Gryffindor con el baúl de las pelotas de entrenamiento frente a él. Lo abrió y las bludgers se sacudieron con furia. La snitch, pequeña y dorada, tenía un ala lesionada y tal vez iban a tener que cambiarla por otra.

La cogió con suavidad y cuidado, de forma casi delicada, y estiró el ala dañada despacio. La pelota tembló, pero no intentó escapar. Con ese ala, iba a ser difícil que pudiera hacerlo…

Al final, había resultado mucho más sencillo de lo que había imaginado atrapar una snitch para Malfoy. Apenas había tenido que agacharse, abrir el baúl y cogerla. No había sido un reto para él, ni siquiera había supuesto un gran esfuerzo.

Eran las ocho, tenía tiempo de sobra, pero con una de esas corazonadas que él nunca ignoraba se dirigió a las mazmorras.

Draco estaba apoyado contra la pared de las mazmorras, al lado de la entrada de su sala común, porque dentro había una pequeña celebración cuyas razones él desconocía que había terminado agobiándole. Nunca había sido demasiado sociable y ese tipo de cosas le sacaban de quicio. Sobretodo por la hipocresía más que visible de los que intentaban hablar con él. ¿Qué se creían?

Un destello dorado le hizo reaccionar de forma automática y sus brazos se alzaron hasta atrapar una pelotita brillante y temblorosa que se quedó entre sus dedos sin moverse. Alzó la mirada tras haber identificado la snitch y miró a Potter con indescifrable expresión.

Inspeccionó la pelota, descubriendo su lesión en el ala, y la lanzó al aire sólo consiguiendo que ésta volviera a su mano. Sonrió, con acidez y sin un mero ápice de alegría, y siguió analizando la bolita dorada con curiosidad.

-¿Una snitch lisiada? No me extraña que acabases tan pronto-Potter se situó a su lado y le arrebató la pelota.

-Es Eilisia Samantha. Al menos, así es como llamaban los otros jugadores a esta pelota en los entrenamientos…-Asintió y extendió las manos para que su posesión le fuese devuelta. La pelota fue dejada sobre sus manos.

-¿Cómo es posible que sepan que es de género femenino?

-No creo que tú digas el snitch, Malfoy…-Se encogió de hombros y se despegó de la pared bien erguido, mirando a Potter de arriba a abajo con aire suficiente. Iba a darse la vuelta para murmurar su contraseña, pero Potter le detuvo antes con un toque a su hombro.

De mala gana, cansado y con demasiadas cosas en las que pensar, se giró.

-¿Qué demonios quieres? Si es un agradecimiento lo que esperas, te deseo suerte.

-Tenemos que hablar, Malfoy-Cómo no… En cierto modo, se lo esperaba. Que Potter pidiese explicaciones, aclaraciones. Blanco y en botella, como solía decirse. Si no se le daba información concreta, el chaval se bloqueaba. Así que, Draco sabía que tarde o temprano tendría que dar explicaciones.

-Te odio, Potter. Tú me odias a mí. Disfrutemos de nuestro odio mientras podamos.

-Normalmente las personas que se odian no corren al encuentro la una de la otra-Con una sonrisa de superioridad, se pasó una mano por el pelo y luego recorrió la esférica superficie de Eilisia Samantha con un dedo.

-Entonces tendré que suponer que no me odias.

-Cállate, Malfoy… lo que quiero decir es que…-Hizo un gesto con la mano, deteniendo las palabras de Potter.

No necesitaba ningún discursito. Esa snitch le había aclarado un poco el cerebro con un suave batir de su ala sana.

-Nada, Potter. Hagamos lo que queramos cuando queramos y punto-Potter le miró y él miró a Potter, cada uno de esa forma que les hacía únicos. De sus ojos apenas y salía algo de odio con un poco de desprecio y una frialdad heladora, lejana. De los de Potter, odio en estado puro pero una comprensión difícil de entender.

-Lo que queramos cuando queramos.

-Y punto.

-Y punto…

-¿Puedes dejar de repetir lo que digo? No, de hecho, deja de repetir lo que digo-Eilisia Samantha batió un poco su ala y Potter se le acercó hasta que la pared era lo único hacia lo que podía huir.

-Lo que queramos cuando queramos…-A Potter se le había rallado el disco…

-Exacto-Y antes de que pudiese decir nada más, Potter le había besado de forma fugaz y casi imperceptible.

Sí, bien pensado… podría acostumbrarse a eso…

15-Pedir a Snape que le adopte.

15-Pedir a Snape que le adopte.

Harry ya estaba de camino al gran comedor, con la ropa de Malfoy, cuando se encontró con Hermione y Ron medio escondidos detrás de una armadura. Iba a preguntarles qué hacían allí, pero se calló al no encontrar algo lo suficientemente natural que preguntar. Todas las formas de hacer la pregunta le parecían demenciales y tontas, así que esperó que ellos fuesen capaces de explicarse.

-¿De quién es esa ropa, Harry?-Parpadeó con perplejidad mirando a Hermione y señaló con un pulgar hacia las mazmorras.

-De Malfoy.

-¿Por qué llevas la ropa de Malfoy?-Miró a Ron entonces, tranquilo. Extrañamente tranquilo, lleno de serenidad aunque Ron pareciese ir a explotar de desconcierto.

-Porque tengo una cita con Cho y no tenía ropa que ponerme-Ron abrió la boca.

“¿Por qué no me la pediste a mí?”

Entonces pareció pensárselo mejor y no dijo nada.

 Se le ocurrió que tal vez Hermione podría ayudarle a resolver un par de dudas y cortó el interrogatorio que se avecinaba tocándole un hombro para llamar su atención.

-Oye, Herm… ¿tú sabes griego antiguo?-La chica asintió con una expresión entre desconcertada y alegre.

-Claro… ¿por qué?

-¿Qué significa kalós?-Hermione no estuvo ni dos segundos pensando antes de mover la cabeza un poco y responder.

-Bello o bonito, algo así-Ella se encogió de hombros mientras que él parpadeaba con algo parecido a la sorpresa. Luego pensó en esa otra frase y aprovechó que Hermione estaba de buenas.

-¿Y puer improbus est?-Ron se colocó a un lado de Hermione y le miró como si fuese un experimento mientras que su amiga se preparaba para responder.

-Eso es latín. Significa algo como es un niño malo. Es una frase muy básica-Empezaron a andar hacia el gran comedor. Paso tras paso tenía la sensación de que Malfoy era más enigmático de lo que parecía. Apenas había sabido nada sobre él esos seis años y estaba descubriendo cosas raras y sorprendentes.

Lo de la música, por ejemplo. Seguía costándole concebir que Malfoy escuchase música normal. Lo de que supiese bailar se lo esperaba, pero lo de la música fue una sorpresa mayúscula.

Se le había pasado el tiempo rápido en el cuarto de Malfoy escuchando esa música de corte folklórico, algo gótico tal vez, llena de ironía y elegancia. Le sonaba a esencia de Malfoy concentrada en notas musicales y voces armónicas. Apenas habían hablado durante ese tiempo, matándolo hasta la hora de la comida. Lo único que hablaron fue el por qué había dicho que había quedado con Cho por la noche cuando había sido después de comer.

La razón era, simple y llanamente, que la verdadera quedada con baile empezaba por la noche.

Harry notaba que no se sentía lo suficientemente emocionado ante la perspectiva de salir con Cho. Al principio le encantaba, había sido algo que auguró recordaría toda su vida. Pero en ese momento, con la cabeza fría y el olor de Malfoy presente en esa ropa no lo veía tan estupendo.

Y al entrar al gran comedor vio a Cho ahí sentada, en su mesa, rodeada de chicas curiosas. Seguramente estaría hablando de él, de que habían quedado esa tarde. Se sintió como una pulsera. Estaba presumiendo de él. Empezaba a notarse vagamente enfermo, tenía nauseas, y cuando se sentó frente a la comida su estómago la rechazó nada más verla con un quejido.

-¿Estás bien? Pareces nervioso, amigo-Ron le dio una palmada en la espalda y recordó que estaba con él y Hermione. Sonrió un poco y asintió con la cabeza no demasiado convencido aunque empezando a estarlo. Claro, nervios. Pánico escénico.

Por mucho que lo intentase, no acabó de convencerse del todo.

***

-Snape, adóptame. Hablo en serio. Empiezo a volverme loco y a lo mejor podrías… no sé, darme una poción ilegalmente legal siendo tu hijo-Snape enarcó una ceja observando a su ahijado dar pasos nerviosos por su despacho. Había entrado atacado, diciendo palabrotas y soltando pestes sobre todo el mundo, luego empezó a hablarle sobre Lucius y al final había saltado con eso.

-No, Draco. Tranquilízate-Draco le miró, con furia, y siguió dando vueltas como un león enjaulado. Cansado de eso, teniendo mucho trabajo que hacer, se levantó de su silla y le cogió por los hombros para guiarle amablemente hasta la puerta. No echarle, eso era de mala educación.

Draco entendió el mensaje y salió de allí con un bufido. Menudo padrino. Si no era capaz de hacer los trámites de adopción, estaba claro que era un padrino horrible.

Un momento.

Se detuvo y sacudió la cabeza, empeñado en alejar tales absurdeces de su cerebro y recuperar la compostura. Se puso recto, empezó a andar con arrogancia y sonrió con desdén camino del gran comedor.

Sí, eso estaba mejor. Draco se sentía más seguro siendo él mismo, siendo frívolo y superior al resto. Esa era su esencia.

Miró con orgullo su obra maestra, el arreglo magistral que había hecho a Potter, y se sentó en su mesa siendo automáticamente rodeado por Pansy y Blaise. Hacía tiempo que no hablaban… y es que no le apetecía. Estaba cansado de su falsa amistad.

La comida le resultaba poco atractiva y apenas comió una manzana con desgana, mirando a los alumnos con el parloteo de Blaise y Pansy a su alrededor. Sus ojos se detuvieron en Chang, a la que miró con especial desprecio, y luego pasaron de largo hasta Potter.

Parecía asustado, asustado y nervioso. También tenía cara de querer huir. Peor para él… menudo inepto social. Si iba a ponerse así cada vez que quedase con una chica… no quería imaginárselo teniendo una novia formal, la verdad…

Cuando el resto de alumnos empezaba a irse, él se levantó y salió a los terrenos para acurrucarse a la sombra de un árbol observando el lago, ocioso.

-Malfoy-Miró a un lado y detuvo a Potter antes de que se atreviese a sentarse.

-Ni se te ocurra. Si lo manchas, Potter, estás más que muerto ¿entendido?-Potter parpadeó y se encogió de hombros metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón. Se preguntó qué hacía ahí habiendo quedado con Chang, pero antes de que pudiese hablar Potter se le adelantó.

-Hemos quedado más tarde. La verdad es que no me apetece ir.

-Como si te hubiese preguntado…

-Ibas a hacerlo de todas formas-No encontró respuesta plausible así que se la inventó, improvisando a la velocidad del rayo.

-Y yo que creía que eras malo en adivinación…-Inspeccionó sus uñas con atención en busca de cualquier desperfecto, distrayéndose.

-¿Y qué opinas?

-Que no es demasiado difícil conseguir una cita con Chang-Potter estuvo en silencio el tiempo suficiente para pensar que no añadiría nada más y que podría irse en paz, pero se equivocó.

-¿No es demasiado difícil?

-Yo mismo tuve la oportunidad de tener una. Antes de que tú hicieses algo heroico.

-¿Y qué hiciste?

-Rechacé la invitación, por supuesto-A él le parecía de lo más obvio. Una chica como Chang no podía aspirar a un Malfoy. Mucho menos a él. Nunca, por ninguna razón, habría aceptado tener esa cita. Y en realidad no sabía por qué le contaba eso a Potter si verdaderamente no tendría ningún interés en saberlo.

-Tengo que irme.

-Púes adiós, Potter. Que te sea leve-Sintió la mirada de Potter clavada en él y alzó la suya. Potter sonrió.

-Ya su-Enarcó las cejas observando cómo se alejaba.

-Por saber una palabra en griego no me vas a impresionar… estúpido Potter…-Se levantó irritado. La posibilidad de que Potter hubiese entendido ese kalós no le gustaba. ¿Cómo podía haberlo sabido?

La respuesta le llegó sin tener que pensar mucho.

Granger.

Gruñó y entró al castillo.

***

16:15. Terrenos de Hogwarts.

Cho no había resultado como él esperaba. Apenas llevaba con ella un cuarto de hora y ya le había cansado un poco. Habían andado sin rumbo por los terrenos y él no había bostezado por mero respeto.

Se obligaba a prestarle atención a la chica. Al fin y al cabo, ese era uno de sus sueños. Quedar con Cho Chang, la chica que le gustaba desde hacía ya años… pero no estaba siendo lo que él había imaginado.  Le resultaba frío, inútil… y no se le escapaba el hecho de que Cho sólo le llevaba por sitios llenos de gente.

Hola, chicos. Mirad con quién estoy y miradlo bien porque no tendréis la oportunidad de hacer lo mismo nunca.

Además, de vez en cuando se preguntaba por qué Malfoy no le había pedido que hiciese nada aún. Siendo como Malfoy era, eso tenía algo de siniestro.

Suspiró y miró a Cho. Su pelo negro oscilaba sobre sus hombros cubiertos por una rebeca fina de color añil. Bajo éste, una camisa de colores vivos que era casi como un vestido y unos vaqueros. Estaba muy guapa.

Y él no sentía nada.

Nada excepto ganas de huir.

16:30. Sala común de Slytherin, habitación del prefecto.

Draco daba vueltas por la habitación con un desagradable sentimiento de inquietud.

No sabía a qué se debía, pero sentía que tenía que salir de allí. Ni siquiera Voltaire le calmaba y, de hecho, estaba cada vez más desesperado.

Harto, se cambió sin querer estar con ese estúpido uniforme en domingo y salió de su sala común con esa carísima blusa negra que prohibió ponerse a Potter y unos vaqueros. Todo lo sencillo que un Malfoy podía estar.

Sus pasos, rápidos pero elegantes y altivos, le llevaron a los terrenos. Y ahí se quedó, entre todos los alumnos que como él habían decidido salir. En pie, sin nada que hacer.

17:00. Terrenos de Hogwarts.

La chica empezaba a insistir en que se dirigieran a esa especie de fiesta a la que le había invitado. No tenía ni idea acerca de lo que esa fiesta implicaba ni dónde se celebraba. No sabía prácticamente nada.

Ella le llevó del brazo hacia la entrada del castillo y durante unos segundos juró que había visto a Malfoy ahí, sentado a la sombra de ese árbol en el que le había dejado, con esa cara blusa negra que le había vetado haciendo un mágico contraste con la piel pálida.

Pero sólo lo creyó porque antes de poder afirmar su visión Cho ya le había metido en el castillo y tiraba de él hacia la sala común de Ravenclaw.

Les había visto, a Cho y a Potter, y se le había revuelto el estómago. Ella llevaba a Potter como si fuese un adorno caro. Lo mostraba, lo exhibía. Odiaba a esa chica. Él mismo no era quién para hablar, pero ella era tan… no, mejor dicho. Estaba tan vacía… era tan superficial… Le daba asco.

Potter se le quedó mirando unos segundos antes de entrar en el castillo. Lo notó, pero no devolvió la mirada. No quería hacerlo. Sus pies clamaban por moverse, sus piernas gritaban que corriera tras Potter. No hizo nada.

Se quedó sentado, mirando el lago… confuso.

19:45. Sala común de Ravenclaw.

Tango. ¿Qué había dicho Malfoy? Sensualidad. Eso, sensualidad. Cho, mirándole con ojos brillantes y los labios entreabiertos mientras bailaba con ella de forma mecánica.

Probó a hacer lo que seguramente ella quería que hiciera y le besó. No pasó nada, no sintió nada. Tenía ganas de irse, de huir. Tenía ganas de correr y decirle a Malfoy que le odiaba pero que… no podía estar demasiado lejos de él, al fin y al cabo.

Aunque no podía, claro. Ahí, en la sala común de Ravenclaw, todos les miraban como si fuesen una gran pareja. La mejor, tal vez. Agradeció que se terminara la canción pensando que la escogida por Malfoy había tenido más fuerza, había sido mejor.

Nada iba como él había planeado. ¿Por qué? ¿De dónde salía ese sentimiento de añoranza?

Miró a Cho y siguió sin sentir nada excepto esa especie de malestar y esas ganas de salir corriendo y gritar, gritar que se estaba volviendo loco. Gritar, gritar hasta desgarrarse la garganta. Gritar de furia, de rabia. Odio contenido.

Una balada, un baile pegado, y todas esas miradas. Esos “oohs” y “aahs”, gente que creía que eran perfectos. Harry empezaba a sentirse asqueado.

-Oye, Cho…¿puedo salir a tomar un poco el aire?-La chica asintió con una sonrisa coqueta y se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja.

-Claro, Harry. Te espero aquí.

Con pasos lentos y calmados, salió de la sala común. Una vez fuera, empezó a correr como si la vida le fuese en ello.

20:15. Terrenos de Hogwarts.

Abrazaba sus rodillas con la barbilla apoyada sobre éstas. Intentaba que sus piernas no decidiesen actuar por su propia voluntad sujetándolas con fuerza, frustrado por sentir algo. Él no quería sentir, sentir hacía daño. Sólo daño.

Empezaba a anochecer y la luna ya hacía compañía en el cielo a un sol que empezaba a ocultarse. Era una luna mordida, a medias, la que se mostraba casi tímida y cautelosa. La que él miraba con un deje de adoración esperando que respondiera a sus dudas.

¿Por qué quería que Potter apareciese de alguna forma y le dijese que Chang era estúpida? ¿Por qué sentía ese odio enfermizo pero a la vez quería hablar con él?

Tantos porqués y tan pocas respuestas.

Pasos apresurados, más bien como si alguien estuviese corriendo mucho, se oyeron. Los terrenos estaban vacíos, sólo había un par de alumnos centrados en sus cosas que no prestaban atención absolutamente a nada.

Se levantó de forma automática y vio a Potter corriendo hacia él, jadeando. Parecía cansado, como si hubiese corrido más de lo aconsejable. Potter se detuvo delante de él y no dijo nada. Él le miró con atención y no dijo nada.

Segundos después, pronunciaron exactamente las mismas palabras a la vez.

-Te odio-Se miraron con intensidad, cada uno hundido en sus propias deducciones y contradicciones. Cada paradoja era más grande que la anterior y sólo les quedaba admitir que nada tenía lógica.

Temerosos, como si fuesen a hacer algo prohibido, miraron a los lados para confirmar que nadie les miraba. Los pocos que había estaban lejos y no se fijaban en ellos.

Volvieron a mirarse.

Harry alzó los brazos y los cruzó tras el cuello de Draco tan rápido que ni él se dio cuenta de lo que hizo ni Draco tuvo tiempo de reaccionar. Apenas un segundo después sus labios ya estaban en contacto con los de Draco.

De alguna forma todo era menos violento que tras el tango, todo tenía una calma surrealista y extraña. Los brazos de Draco colgaban laxos a sus costados mientras que los de Harry seguían innecesariamente cruzados tras su cuello.

No pasó mucho tiempo antes de que se separaran, de que la tensión se esfumara. Harry ya no quería huir, ni gritar, ni sentía rabia. Draco no estaba inquieto, no sentía la tentación de hablarle a la luna, no estaba celoso. Todo era calma, comprensión.

Se odiaban pero de algún modo, de alguna forma bizarra e imposible, a la vez que se odiaban se atraían como los caramelos de limón a Dumbledore.

-Te odio-Repitieron, y entonces el mundo pareció menos irreal y extraño.

Porque esa certeza, esa simple continuidad, era algo que necesitaban en medio de la confusión.
14-Hablar en lenguas muertas sólo para ver la cara que se le queda a la gente.

Hermione estaba leyendo cuando Harry entró en la sala común.

Al principio, sólo alzó algo la vista y sonrió. Luego, empezó a preocuparle el silencio de Harry cuando éste tomó asiento a su lado.  Le observó unos segundos, extrañada por la fijeza con la que Harry miraba las llamas de la chimenea. Parecía abducido, en otro mundo. Y furioso.

-¿Harry?-Su amigo dio un bote pequeño en el sillón y fue como si un poco de luz volviese a sus ojos, como si Harry volviese a ser Harry. Y le miró y durante un momento pareció tan desconcertado, tan perdido y horrorizado, que no supo qué más decirle.

-¿Qué pasa, Hermione?-El silencio duró, pesado como una roca, hasta que Ron bajó las escaleras de los dormitorios y vio a Harry. Su sonrisa se extinguió al percatarse de la mirada de éste.

-¿Estás bien, Harry? ¿Te duele la cicatriz o algo?-Harry negó lentamente con la cabeza y rió. Ron y Hermione intercambiaron una mirada entre preocupada y asustada mientras Harry negaba con la cabeza como si no pudiese creerse algo.

-Estoy bien, Ron, estoy bien…-Ni Ron ni Hermione se lo creyeron. Desde que Harry fue a vigilar, o eso les dijo él, a Malfoy en esa ausencia repentina y extraña sospechaban que algo pasaba. De hecho, lo sospechaban desde mucho antes pero entonces empezaron a pensar que era verdaderamente grave y catastrófico.

De pronto, Harry se llevó las manos a la cara con tanta fuerza que sonó como un estrepitoso doble bofetón y empezó a negar con la cabeza. Ninguno de los dos sabía qué hacer porque tampoco sabían qué le pasaba a Harry.

Por su parte, Harry apenas era consciente de la preocupación de Ron y Hermione. Su mente sólo insistía en un desconcertante “Has besado a Malfoy”. Y lo peor de todo, lo que le desquiciaba hasta el punto de casi enloquecerle, era que no le había disgustado.

***

Draco estaba sentado en la mesa de Slytherin el día siguiente a la hora del desayuno.

En ese momento todo parecía normal, todo era como tenía que ser. El ardor en sus labios había desaparecido, el hormigueo y la rabia habían descendido. Lo único que quedaba y que crecía era el desconcierto.

No tenía una razón lógica, plausible, por la que… eso… pudo ocurrir. Nada de lo que pensaba le convencía, todo le resultaba absurdo o demasiado rebuscado.

Así que, mordisqueando sin ganas una tostada, llegó a la más obvia conclusión.

Lo hizo porque le apetecía.

¿Por qué le apetecía? Eso sí que no lo sabía. Tal vez fue culpa del tango o de la canción, podría ser que fuese culpa de un lado sadomasoquista oculto. A ese respecto no quería insistir. Ni pensar en ello.

Un silencio enfermizo se extendió sobre el gran comedor cuando tres pares de pasos resonaron en el espacio. No necesitó alzar la mirada para saber de quién se trataba, pero el silencio empezaba a resultarle extraño. Incluso para Harry-soy-imbécil-Potter, el libro andante y la comadreja ese respeto era demasiado.

Oía cuchichear, hablar a la gente en voz baja. Captó un par de palabras y entonces lo comprendió.

Chang se había asegurada de que todo Hogwarts estuviese enterado de su adquisición.

Y una rabia irracional bulló en su pecho.

La tostada cayó con un ruido suave sobre el plato. Creyó que el rechinar de sus dientes sonaba más fuerte que todas las voces de todas esas personas. No eran celos, de eso estaba seguro. Y no, no era un inútil autoconvencimiento. Lo que le hacía apretar la mandíbula hasta hacerse daño era la actitud de Chang.

Chang usaba a Potter como si fuese un bolso. Mirad lo que tengo, chicos. Eso era lo que Chang quería decir, lo que Chang hacía. No sabía para cuándo había enseñado a Potter a moverse más o menos decentemente, pero esperaba que Chang se llevase los pisotones que se merecía.

Concentrado en su odio y desdeñosa actitud, el toque en su hombro le espantó tanto en ese estado de alerta tensa que casi saltó. Cualquier otro lo habría hecho, pero él no. Sólo giró la cabeza de forma sutil, apenas lo suficiente para dilucidar un escudo de la casa Gryffindor por encima de su cabeza.

-Malfoy…

-¿Sí, Potter?-Al principio fue como si Potter no supiese cómo hablarle, como si de pronto se hubiese vuelto muy tímido.

-Lo de Cho es esta noche…

-¿Et?

-¿Cómo?-Enarcó las cejas, pero no dijo nada al respecto-Lo que sea… el caso es que yo no tengo nada decente que ponerme y que no sea de Dudley y…

-Más despacio, Potter. ¿Pretendes que te preste ropa? ¿Te has vuelto loco?

-Púes… sí, esperaba que lo hicieras-Estuvo tentado de reír y lo hizo, dejó escapar unas cuantas risas calmadas e incrédulas y negó con la cabeza.

-¿Y qué saco yo de vestirte, Potter? Casi prefiero que desilusiones a Chang con tu cuestionable gusto para vestir-Potter se tomó la libertad de sentarse a su lado. No había rastro de la comadreja y el libro andante en su campo de visión. Volvió a morder la tostada, sólo un poco.

-Yo qué sé, Malfoy. Tómatelo como si hubiese empezado una pelea contigo y pide-Le pareció un trato justo y asintió sin nada más que decir, dándole otro mordisco pequeño a la tostada que no estaba ni a la mitad y dejándola de nuevo sobre el plato con un movimiento suave-Entonces… ¿cuándo?…

-Agradece que no tengamos clase y que pueda ocuparme del asunto ya, Potter-Y se levantó, dejando a Potter a medio responder en la mesa. Sabía que le seguía, claro, y por eso no aminoró la marcha hacia su sala común.

Muchos alumnos miraron con extrañeza al prefecto de Slytherin seguido por Harry Potter, nada más y nada menos que su enemigo jurado, a la sala común y después a la habitación reservada al primero. Pero, dadas las excentricidades de las que de tanto en tanto era cometedor Malfoy, simplemente pensaron que sería una de tantas.

Para Draco sin embargo no era si no una obra de caridad de esas que tenía que hacer de cuando en cuando. Además, ya que Chang quería presumir… que presumiera con razón al menos.

Se sentó en su cama y cruzó las piernas, dejándose caer algo hacia atrás para apoyarse en los antebrazos.

-Sírvete, Potter-Hizo un gesto con la cabeza hacia su baúl y dejó que Potter trasteara dentro, planeando desinfectar el contenido inmediatamente después.

Lo primero que Potter sacó fue una carísima blusa de seda negra. Negó vehemente con la cabeza. Ni loco dejaría que Potter se pusiese esa blusa en concreto. Valía más que su vida.

Después de eso, hizo demasiadas combinaciones imposibles y horrendas hasta que finalmente recibió su aprobación. Al menos no había desordenado demasiado, eso era de agradecer.

-¿Dónde…?

-Allí-Señaló también con un gesto de cabeza la puerta que daba a su cuarto de baño y cuando Potter desapareció a través de ella se dejó caer de espaldas en el colchón. Alcanzó su varita con un brazo perezoso y murmuró ese hechizo, mousike, dejando que la sala se llenase de esa música que tan adictiva le resultaba.

Era muggle, pero era ese tipo de música que él oiría aunque estuviese compuesta por un perro.

Cerró los ojos y movió los labios sin emitir ningún sonido, sólo dejando que el aire se contagiase de esa pasión por la buena música con palabras no pronunciadas. Apenas y abrió un ojo cuando oyó abrirse la puerta del baño.

-¿Qué tal?-Se incorporó a medias y evaluó a Potter en conjunto.

Una blusa de color esmeralda, no se explicaba como el verde podía ir tan bien con un Gryffindor, y unos pantalones negros. Elegantemente sencillo, no era necesario nada más.

-Kalós.

-¿Qué?

-Olvídalo, Potter. Eres demasiado estúpido para conocer griego antiguo. Quería decir que no está mal-Terminó de sentarse y descruzó las piernas, pasándose una mano por el pelo.

-Lo que no tengo son zapatos…-Miró los pies de Potter. Llevaba unas zapatillas de deporte bastante normales. Creía haber oído a unos alumnos de Hufflepuff algo sobre esa marca muggle. ¿Cómo se llamaba? Convis o algo así. El caso es que daban un toque desenfadado al conjunto que no hacía parecer a Potter uno de esos siesos recargados.

-No, están bien… podría mejorarse, pero yo no puedo hacer milagros-Se percató también del desastre capilar que era Potter y arrugó la nariz-Neque hacer nada con ese pelo, claro…

-Si no dejas de decir palabras raras, Malfoy, me rasgaré las vestiduras-Se levantó, despacio, y se acercó a Potter hasta parecer lo suficientemente amenazante.

-Haz eso y yo mismo me encargaré de que estés muerto para el martes a más tardar-Potter dio un paso adelante y alzó la barbilla con aire arrogante.

-Mira cómo tiemblo-Enarcó una ceja y sonrió avanzando él también un paso, desafiante.

-Oh… Potter puer improbus est…-El ver esa cara de mordedura de limón que se le quedó a Potter fue uno de esos placeres que nunca olvidaría. Mirad a vuestro héroe ahora, aturdido por una frase de nivel básico de latín.

-No sé lo que has dicho, pero tu madre-Se rió, tal vez con más ganas de lo que debería, y le dio la espalda a Potter negando con la cabeza. Volvió a sentarse en su cama. Casi había olvidado la música.

-¿Cuándo has quedado con Chang?

-Después de la comida-El colchón se hundió a su lado y miró a Potter con distracción. Asintió, se dejó caer sobre el colchón y cerró los ojos.

A sort of Rigor Mortis was comin’ over me.

Sonrió un poco ante el chiste, sutil pese a todo. Tan enmascarado el mensaje, tan… elegantemente obsceno. Suspiró como los tontos enamorados, siendo él mismo un tonto enamorado de esa música, e hipnotizado no oyó a Potter preguntar hasta que se llevó un golpe en el brazo.

Abrió los ojos y frunció el ceño.

-¿Qué quieres ahora? ¿Que te haga unas trenzas?

-Decía que qué opinas tú de Cho-Se incorporó de golpe. Por fortuna, esa vez no hubo ningún tipo de mareo.

-¿Tengo que ser sincero, Potter?

-Estaría bien.

-Opino de ella cualquier cosa excepto algo bueno. Así que me encanta la idea de que vayas a salir con ella-Con la repentina urgencia de moverse, se levantó y se apoyó en su escritorio mirando a Potter arrugando su ropa.

Morally, I’m destitute.

-Ya…-Creyó que Potter iba a añadir algo más, pero se estuvo callado. Ahí tirado en su cama no parecía tan… grandilocuente. Era un adolescente nervioso, que no sabía cómo actuar frente a una chica y que estaba aterrado por la posibilidad del rechazo. Cuando empezó a enternecerse, a ablandarse ante la idea, Draco quiso pegarse.

Cortó la música con la varita. O eso creyó. Lo único que hizo fue cambiarla. Bueno, como fuese. No iba a preocuparse por eso en ese momento de debilidad mental.

-No sabía que tú escuchases música. No música muggle, al menos.

-En realidad, sólo a este cantante muggle-Agradeció el poder distraerse de esas sensaciones, de esa solidaridad que empezaba a nacer en su pecho. Él no quería sentir nada que no fuese odio por Potter. No era cuestión de aceras, era cuestión de orgullo. Ni siquiera quería sentir amistad.

La amistad, al fin y al cabo, era hipocresía.

-Es… raro…-Se encogió de hombros y, muy inquieto, retornó a la cama. Potter se levantó y volvió a repasarle para asegurarse de que no había ni un hilo suelto.

En realidad es bastante guapo ¿verdad, Draco? No es un sex simbol, pero sí que es… atractivo.

Negó con la cabeza. Su cerebro era imbécil.

13-Cantar una canción muggle.

13-Cantar una canción muggle.

Al despertar Draco agradeció el estar solo. No soportaría otra divertida sesión de remordimientos y recuerdos desbloqueados con Harry-compasivo-Potter. Sería demasiado para su integridad mental.

No estaba demasiado recuperado y hasta tres días después, el sábado, no estuvo del todo en condiciones de salir de su sala común. No mientras fuese de color gris.

Así que el sábado, por fin, Draco salió al mundo.

Muchos le miraron como si no pudiesen creerlo, otros parecían decepcionados y una minoría se mostró feliz. Entre esa minoría feliz se encontraban prácticamente solos Luna Lovegood y Harry-de-dónde-sale-ese-cuatro-Potter.

Éste último también estaba bastante interesado en seguirle por los pasillos mientras se dirigía a los terrenos para que le diera, aunque sólo fuese un poco, la luz del sol. Intentaba ignorarlo, lo intentó en serio hasta que Potter se sentó justo a su lado como si fuese un perro esperando un hueso.

-¿Qué demonios quieres, Potter?-Y Potter sonrió como elfo doméstico que ha recibido un cumplido y luego carraspeó.

-Que me hagas un favor.

-¿Y por qué tendría que hacerlo?-Gruñó, muy acorde con su naturaleza altiva.

Bravo, Draco, estamos en plena forma.

-Porque yo te hice uno a ti-Primero se sorprendió y miró a Potter con disimulada sorpresa. Luego casi sonrió. Con que Potter tampoco hacía nada gratis… eso era algo francamente interesante y digno de analizar con detenimiento.

-¿Y de qué se trata, Potter?-Cedió llevado por la curiosidad y por una cantidad alarmante de tiempo libre. Además, sería una gran oportunidad para demostrar que era mejor que Potter en algo más.

De pronto, Potter enrojeció hasta la punta de las orejas y se puso nervioso. Seguramente sería algo relacionado con alguna chica.

-P… púes… Cho… este… quiere que bailemos en no sé qué fiesta…

Bingo.

-En ese caso o quieres que te enseñe a bailar o quieres que enseñe a bailar a Chang. Y me niego en redondo a lo segundo, Potter-Se sacudió la túnica y esperó que Harry dijese algo más, pacientemente. Se había hecho a la idea de que hablar con Potter era como hablar con un niño pequeño.

-Quiero que me enseñes a bailar-Se lo pensó. Bastante.

Por un lado, mostrar su superioridad ante Potter era algo bueno. Por otra, tendría que tocar a Potter…

Su orgullo pudo más que su escrupulosidad.

-De acuerdo.

***

Miró a Potter con las cejas enarcadas mientras éste paseaba por el pasillo del séptimo piso.

-Ríndete, Potter. No va a aparecer-Potter le miró, frunció el ceño y luego siguió dando vueltas como tonto que era. Si fuese alguien normal, habría bostezado. Su pie golpeaba el suelo de forma rítmica, más rápido por cada vuelta de Potter.

-Ya vale, Potter. Silenciaré mi habitación o vaciaré tu estúpida sala común…

-¡No! ¡Te digo que aparecerá!-Y mientras él enarcaba las cejas y Potter farfullaba con desespero, una puerta surgió en la pared.

Eso sí que no se lo esperaba. La Sala de los Menesteres apareciendo sólo porque un idiota con dos pies izquierdos quería aprender a coordinarse siguiendo un ritmo determinado…

Suspiró, se encogió de hombros y entró.

La sala les había proporcionado un  montón de espacio bien iluminado que prometía tener una acústica perfecta. Sonrió sin quererlo y ordenó a Potter que se acercase con un gesto.

-¿Qué tipo de baile, Potter?-A un lado había una silla y hacía ella se dirigió, sentándose a esperar.

-No sé…¿tango?-Asintió y se puso de pie, frente al inútil de Potter.

-Muéstrame cómo lo haces. Y no, ni se te ocurra tocarme. Tu pareja será imaginaria-Sacó la varita y apuntó al techo de la sala mientras que Potter sólo parecía cada vez más y más nervioso-Mousike.

Un violín rompió el silencio y Potter dio un respingo. La música fluyó por la sala. Llegado el momento, Potter empezó a dar vueltas con un estilo entre borrachera y caminar sinuoso. Se mordió el labio para no estallar en poco elegantes carcajadas y cortó la música con un movimiento de varita.

-Así acabarás haciendo que se maree, Potter-Harry-soy-un-pato-Potter volvía a estar rojo hasta las orejas. Sin duda era un caso especial, delicado. Tendría que esforzarse. Porque, al fin y al cabo, tenía un cierto sentido del honor.

Por lo que Draco por primera vez hizo un sacrificio por alguien y le indicó a Potter que se acercara.

-¿Qué?

-Presta atención. Memoriza cada paso ¿entendido? Ahora tu papel será el femenino para que puedas ver cómo se hace-Al principio Potter pareció reticente pero tal vez la imagen de una desilusionada Chang le animó a dejarse agarrar dócilmente. Con otro golpe de varita, la canción volvió a sonar.

Él mismo estaba concentrado en los pasos. Aunque sabía que el tango no era eso. La técnica no importaba si faltaba el sentimiento, el fervor del tango. Visto de ese modo, Potter y él estaban bailando de forma pésima.

Ya le mostraría eso con teoría.

Pero su cerebro estaba cada vez más lleno de música, más lleno de letras y de movimientos y para cuando la melodía se extinguió estaba empezando a vivir el baile, a ser el verdadero maestro.

-Bien, lo de ser mujer lo tienes dominado. Ahora a ver qué tal la parte que te toca-No pudo ocultar cierta repugnancia en su expresión al ser cogido por Potter y con una nueva floritura de varita la música empezó a sonar.

Esa vez aconsejaba y corregía a Potter mientras bailaban, teniendo que gritar o hablarle al oído. Se llevó un par de pisotones antes de decidir que era hora de decirle a Potter lo último que necesitaba saber haciendo que la canción se repitiera en bucle.

Se miraron, desafiantes. Chispas de odio y aversión cargando el ambiente y volviéndolo tenso. Apenas era un poco más alto que Potter. La introducción de violín etérea a su alrededor.

-Nunca olvides, Potter, que el tango no es técnica. El tango es sensualidad, Potter. No le restriegues el cebollino. Aunque dudo seriamente que sepas cómo, tienes que ser sensual…¿lo pillas?-Potter asintió-Tienes que sentir el tango, cada nota y cada cambio de ritmo tiene que correr por tus venas-Potter volvió a asentir y empezó a guiarle algo vacilante-Y recuerda que un tango es un romance de tres minutos, transmítelo. Siéntelo.

Un último asentimiento por parte de Potter antes de que su cerebro realizase el segundo viaje de la semana. La música se filtró en su cuerpo y la sintió, la sintió como no había sentido nada que no fuese odio. Le hormigueó por todo el cuerpo y sus labios empezaron a formar las palabras de la canción de forma inconsciente.

Entonces miró a Potter y en la ausencia de su cerebro sintió también que le cantaba a él. Al fin y al cabo…

“I'm the fly in your soup, I'm the pebble in your shoe, I'm the pea beneath your bed, I'm a bump on every head, I'm the peel on which you slip, I'm a pin in every hip, I'm the thorn in your side, makes you wriggle and writhe. And it's so easy when you're evil, this is the life, you see… the Devil tips his hat to me. I do it all because I'm evil… and I do it all for free. Your tears are all the pay I'll ever need”

Eran verdades. Verdades como puños. Y su cuerpo se movía con esa furia, con ese odio apasionado que nunca había negado sentir, y los ojos de Potter se estrecharon y se centraron en los suyos.

Ya he vuelto Draco… oh, ahora si estás ocupado… mejor me voy y te dejo con mi amigo Sentimiento Crudo.

Se pasó la lengua por los labios, secos, y sus brazos le acercaron más a Potter. O los brazos de Potter. Demasiados brazos para saberlo.

Cada movimiento se le clavaba en el pecho y ardía. Draco se dio cuenta de que estaba siendo incitante sin proponérselo, que estaba viviendo el tango y lo estaba haciendo nada más y nada menos que con Potter. También se dio cuenta de que Potter hacía lo mismo.

Y supo que su tango se guiaba por el odio… por el odio y… ¿por algo más? ¿Pero qué algo?

Jadeó al ser sostenido con fuerza contra Potter, demasiado cerca. El automático “Qué asco” de cuando Potter le tocaba no apareció. Desde tan cerca pudo ver que Potter se había sonrojado, tal vez por el esfuerzo. No podría asegurarlo.

El mundo giró cuando él giró y descubrió con desagrado que no podía dejar de mirar los ojos tras las espantosas gafas. Tampoco podía dejar de moverse. Y no era porque Potter bailase bien, cosa imposible siendo un principiante.

Era por todo lo que transmitía.

Te quiero cerca, ahora lejos, ahora a mis pies, ahora inclinado. Luego te odio, te trato mal, te daño. Y vuelvo a quererte cerca y vuelvo a odiarte y vuelvo a alejarte e inclinarte. Y entonces te vuelvo a querer y… y nada más.

A menos de un palmo, respirando por la boca porque les era imposible hacerlo por la nariz, la música siguió allí dándole a la situación algo de irreal. Sentía su cintura apresada con fuerza por un brazo de Potter y su nuca corriendo la misma suerte a merced de una mano enredada entre mechones de pelo rubio.

“I'm the fear that keeps you awake, I'm the shadows on the wall, I'm the monsters they become, I'm the nightmare in your skull, I'm a dagger in your back, an extra turn on the rack, I'm the quivering of your heart, a stabbing pain, a sudden start.”

Murmuró, casi recitó, mirando fijamente a Potter mientras éste le devolvía la mirada con intensidad. Pudo oír el sonido de la saliva de Potter al ser tragada con urgencia y tensión.

-Lo sé-No supo por qué Potter había respondido, no supo por qué estaba TAN cerca. Sus labios prácticamente se rozaban. El ambiente era tenso, pero era un tensión distinta a la del principio.

¿Draco? Ahora sí que vuelvo. No hay plazas en el ho… oh… vaaaya…

Su cerebro llegó unos segundos demasiado tarde. Justo en el momento en que sus labios chocaron con furia contra los de Potter y la mano sobre su nuca presionaba para acercarle más. Entre beso y beso, murmuraba con rabia “Te odio” una y otra vez, “te odios” a los que Potter respondía de la misma manera, con desenfreno y locura casi etílica.

A su lengua llegó el sabor metálico y algo dulce de la sangre, Potter le tiraba dolorosamente del pelo y una de sus manos apretaba el hombro ajeno como una garra.

Sólo se oían las respiraciones fuertes, las palabras de odio, los gruñidos.

Y la música, imperturbable, como en un sueño. La música, recorriéndoles el cuerpo en forma de corrientes eléctricas. Hasta que consideró que era suficiente y paró. Y ellos lo hicieron a la vez.

Se miraron, con los ojos desorbitados.

Con pánico.

-¿Qué has hecho Potter?

-¿Yo?-Recuperó el ritmo normal de respiración y se pasó la lengua por los labios. Más sangre. Habían dejado claro que se odiaban, él odiaba definitivamente a Potter… ¿qué había pasado entonces? ¿La magia del tango? ¿Se les había contagiado el ardor del baile?

Su orgullo no aceptaba otra respuesta.

Con la cabeza bien alta enarcó las cejas y se alejó de Potter con pasos taimados, dirigiéndose a la puerta.

-Haz lo mismo con Chang, Potter. Al menos así no se dará cuenta de tu falta de técnica.

La puerta se cerró con un golpe suave a su espalda.

Harry se quedó mirando como si fuese tonto esa puerta. ¿Qué había pasado?

Sacudió la cabeza.

No estaba seguro de querer saberlo.

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